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Reto Diners: 21 días madrugando a hacer ejercicio

Numerosas investigaciones indican que 21 días es el tiempo ideal para adquirir un nuevo hábito. Un antimadrugador y evasor del ejercicio programado, decidió comprobarlo.

Foto: Pixabay-tinyurl.com/yb6wn8eh

Numerosas investigaciones indican que 21 días es el tiempo ideal para adquirir un nuevo hábito. Un antimadrugador y evasor del ejercicio programado, decidió comprobarlo.

Siempre he creído que las mejores cosas suceden en la noche, así que no ando buscando emociones mañaneras. Además, levantarme antes de las 7 a.m. lo veo como un cruento ataque a mis principios y un atentado contra mi habilidad para trasnochar. Aunque debo aceptar que por tal reticencia al alba me he perdido de cosas increíbles que solo suceden en ese momento, desde esplendorosos amaneceres hasta una valiente oyente regañando a Julio Sánchez Cristo durante 10 minutos.

He intentado de numerosas formas acostumbrarme a madrugar, pero todo ha sido tiempo de sueño perdido. Sin embargo, desde que Doña Alba llamó a la W a comienzos de febrero de este año y le jaló las orejas a “Julito”, pensé que así como ella, podría haber otros oyentes madrugadores que le pusieran humor a las mañanas, y no me perdonaría otra vez perderme de algo así.

Es por eso que decidí poner a prueba el postulado de autoconocimiento que el neoyorkino Maxwell Maltz propuso en 1960: “se requiere de un mínimo de 21 días para que una imagen mental establecida desaparezca y cuaje una nueva”, es decir, son necesarios 21 días para crear un hábito. Lo escribió en el libro Psico Cibernética: el secreto para mejorar y transformar su vida, y ha vendido millones de ejemplares desde entonces. ¡Así que aquí voy, con determinación y confianza para vencer a la pereza en 21 días!

Día 0: no lo voy a lograr.

Una suave lluvia al abrir la puerta de la casa fue suficiente para derribar mi frágil voluntad madrugadora. Luego de darme cuenta de que no había poder humano, ni sobrehumano, que me hiciera salir, volví a acostarme. “Aunque mañana llueva, sí o sí debo intentarlo”, dije mientras me acostaba de nuevo.

Me sentí mal por demostrarme lo débil que fui, así que me puse en la tarea de saber si soy el único al que le cuesta generar un hábito, y para mi sorpresa los inconstantes somos más. Según la encuesta XLS Medical, el 81% de los españoles que intenta hacer una dieta, fracasa; y en Querétaro, México, solo el 20% de aquellos que se inscriben al gimnasio continúan asistiendo. Así que como dice Ricardo Arjona, realmente no estoy tan solo.

Día 1: ¡Sí se puede!

Está lloviendo. Nuevamente estoy entre la pereza y el primer paso hacia una vida fitness, pero esta vez, contra todos los pronósticos, con rapidez me pongo una sudadera y salgo a enfrentar mi destino. Comencé a caminar y me sentí orgulloso por ir dejando atrás las excusas y todo lo que me impedía madrugar para salir a trotar, pero dos preguntas se atravesaron en el camino ¿Ahora qué hago? ¿Para dónde voy?

Tuve que decidir deprisa porque no era justo haber vencido la pereza como para perder el tiempo en dudas. Había que hacer valer ese tiempo en el que no estaba durmiendo; y por otro lado, hacer ejercicio me ayudaba a combatir el exceso de grasa que tenemos los amantes de la hamburguesa. (Sobre eso, una tía me dijo: “¡Cómo está de cachetón!, se le nota la buena vida”, y claramente hirió lo más profundo de mis sentimientos fitness).

Fui al Parque de la Independencia, junto a la Plaza de Toros, que se caracteriza por sus cientos de escaleras y bonita vista.

Troté durante cuarenta minutos, que se cuentan fácil pero se sienten muy dolorosos en los gemelos y la respiración. Pensé que hacer ejercicio iba a afectar mi rendimiento en el trabajo por el agotamiento físico, pero no fue así, me sentí con una concentración envidiable-generalmente se me olvidan las cosas y paso por despistado-, fui más productivo.

Según como le comentó a la BBC el doctor Luis Franco Banfonte, el mejor momento para hacer ejercicio durante el día es en la mañana, pues “desde el punto de vista metabólico y fisiológico, como para tener un control del peso, es recomendable hacer ejercicio físico alejado de las horas de las comidas”; y a él se le suma Carlos Bernardos, director técnico del centro deportivo Go Fit, de España, quien le explicó a Europa Press que a cambio del cansancio físico se obtiene una dósis de salud mental y buen humor .“La actividad física mejora el humor debido a la producción de endorfinas, nos hará afrontar nuestro trabajo con una dosis de buen humor ya que los beneficios del ejercicio potencian la actividad mental durante las 10 horas posteriores al entrenamiento”.

Día 2:

Día 2 #RetoVeintiúnDías

Un vídeo publicado por Podría Pensar Que (@podriapensarque) el

Día 3:

Día 3 #RetoVeintiúnDías

Un vídeo publicado por Podría Pensar Que (@podriapensarque) el

Día 14: el club de los 254

Voy el 66% del reto. Los días en los que dudo si levantarme o no, me aborda una sensación de culpa que vence mi desidia, pero en ese proceso de decidir pierdo tiempo y mis recorridos tienen que ser más cortos o llego tarde al trabajo. Descargué la aplicación Adidas Train & Run para calcular el tiempo, distancia y las calorías que quemo en cada rutina, no lo puedo negar, me dan ganas de publicar el pantallazo del recorrido con hashtags como #TrabajoDuro #Fitness #BendecidoyAfortunado.

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Pero aún no es suficiente. En esta aventura por comprobar la teoría de los 21 días encontré que eso no es tan universal como se piensa. Philippa Lally, investigadora de psicología de la salud en la University College London, publicó en 2009 un estudio titilado: How are habits formed: Modelling habit formation in the real world, en donde concluyó que crear un hábito varía según cada persona, y el rango para poder lograrlo está entre 18 y 254 días. Claramente creo que a este paso seré uno del club de los 254.

Día 21: hoy se acaba esto

No claudiqué, tenía que lograrlo y lo hice. Cuando la pereza y el sueño arremetían me paraba de un solo envión de la cama y luego de lograr eso, ya ni la lluvia me hacían devolver, pero el cuento es ese, que sucedieron los 21 días y aunque me despertaba antes de que sonara el despertador, no me levantaba con la naturalidad que se supone viene con el hábito. Lo hacía más por el hecho de cumplir el reto que porque mi cuerpo lo pidiera instintivamente…

Día 22: no sé por qué, pero lo volví a hacer

Se suponía que esto ya había acabado pero cuando me di cuenta estaba subiendo y bajando escaleras de nuevo. Supongo que la sensación de bienestar que se genera luego de hacer ejercicio y la noción de culpa que me sigue acompañando me llevaron a hacerlo de nuevo. Además, me inscribí a un torneo de fútbol hace poco más de un mes, y aunque en los primeros juegos sentía que necesitaba un tanque de oxígeno para seguir corriendo, en los últimos partidos mi resistencia aumentó y puedo jactarme de que soy de los mejores en el listado de los que peor estado físico tienen.

No lo siento un hábito, pues no creo que este nazca de una noción de culpa, aunque algo sí es bastante claro: 21 días no me alcanzaron ni para acostumbrarme a madrugar, ni para que apareciera otro valiente oyente en la W u otra emisora, ni mucho menos para adelgazar la cara lo suficiente para que me tía no me volviera a decir: “Cómo está de cachetón, se le nota la buena vida”.

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Julio
22 / 2016

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