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De Blancanieves a Valiente, Moana y Elsa: así han cambiado las Princesas Disney

Disney ha recreado una serie de modelos femeninos que han marcado la infancia de muchas niñas (hoy mujeres) ¿con qué mensajes se han formado estas consumidoras Disney?

Foto: Cinderella (2015) / Walt Disney Pictures

Disney ha recreado una serie de modelos femeninos que han marcado la infancia de muchas niñas (hoy mujeres) ¿con qué mensajes se han formado estas consumidoras Disney?

La primera princesa que inauguró el universo femenino de Princesas Disney fue Blancanieves (Blancanieves y los siete enanitos, 1937). Desde entonces una cronología femenina, llena de rasgos, virtudes, deseos, y fallos, empezaron a salir y a reaparecer hasta crear un hilo iconográfico, que ha prestado sus servicios a otras industrias. La juguetería, la moda, los útiles escolares, la música.

Walt Disney, el fundador legendario de este compañía, hizo lo que un genio hace cuando reconoce las creaciones de otros genios. Tomó los cuentos más universales de los hermanos Grimm y del cuentista francés Charles Perrault y dio vida a las tres primeras princesas: quizá la más tradicionales, que encajarian de acuerdo a la época.Blancanieves y los siete enanitos, La Cenicienta (1950) y La bella durmiente (1959).

Jorge Mestre, historiador de la Universidad Javeriana y autor de la tesis Hacerlas distintas para siempre: princesas de la tradición literaria en Walt Disney Animation Studios, escribió un artículo para la revista El Malpensante en el que afirmó que todos estos relatos mantienen la trama original de la historia, salvo por algunos detalles.

“Nada más ajeno a nuestros recuerdos que el final justiciero del cuento en que los pájaros les sacan los ojos a las hermanastras de Cenicienta, ya cojas por haberse cortado los pies para tratar de ajustarlos al zapato. En nuestra memoria, en cambio, Cenicienta remite a productos para dejar pisos brillantes –las baldosas que debía fregar en casa de la madrastra– y al beso en el carruaje, después de la boda, con que cierra el filme”.

La Blancanieves que conocemos revive por el beso que el príncipe le da mientras el cuerpo reposa en un lecho de cristal. La Blancanieves de los Grimm revive porque el príncipe y sus siervos se llevan el cadáver de la mujer hacia el palacio. Mientras caminan, el cuerpo de la mujer se agita y esto hace que escupa la manzana que tiene atragantada.

El fundador no hizo una réplica fiel, cambió unos detalles y exageró aquellos que magnificaban la épica de cada historia. El beso de amor, o más bien, del verdadero amor, fue una característica Disney. “El beso que Disney instituyó hasta el hastío y que Hollywood reproduce en tantas películas de acción real no tiene precedentes en el canon literario de cuentos de princesas –ni en Perrault, ni en los Grimm, ni en Hans Christian Andersen (autor de La Sirenita)”.

Estas tres princesas quedaron congeladas en la memoria, y con ellas también quedó su acomedimiento, su paciencia incansable, su resignación absoluta al destino, y la bondad carismática. También quedó en claro que todas ellas estaban a la espera de un príncipe azul que las salvara: a una, de tres hermanas malvadas y una madrastra esclavista; a otra de una manzana envenenada y de una bruja mala; y la tercera, del hechizo de un sueño infinito.

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María Eugenia González Alafita dice en su tesis Las princesas de Disney: Lo que aprenden las niñas mexicanas a través de las películas que, “en la filmografía de Disney podemos encontrar dentro de sus historias, numerosos estereotipos que refuerzan valores racistas, sexistas y clasistas. Mediante estos estereotipos que muestran las películas a los espectadores, nos enseñan a clasificar, ver y entender el mundo que nos rodea, en el que la mujer muchas veces es subestimada y obediente, cumpliendo con los deberes del hogar”.

Por treinta años este trío se mantuvo sin ninguna otra compañía. Llegaron años difíciles para Disney y para la humanidad, y en esta oscuridad histórica no serían bien recibidas la princesas. Pero cuando llegaron los noventa ya era una buena época: La Sirenita (1989) La bella y la bestia (1991), Jasmín, en Aladdin (1992), Pocahontas (1995) y Mulán (1998) llegaron a completar el combo de Princesas Disney.

Aunque La Sirenita mantuvo algo del esquema anterior —a partir de una Ariel que solo podría tener pies si encontraba el verdadero amor— esta inaugura un rasgo distintivo: la chica ya no lava, trapea, cocina ni espera como lo hacen las primeras tres princesas, sin embargo, su existencia sigue sustentada en la búsqueda del hombre perfecto. De manera similar ocurre con Jasmín y Bella. Sin embargo, con Pocahontas y Mulán empieza un leve giro histórico

Pocahontas llega a ser la primera princesa que no estaba basada en un cuento de hadas; y Mulán se sustentó en una balada tradicional china, que reivindica la historia de una joven que va a la guerra para proteger a su padre y que, además, no toma al matrimonio como primera opción.

“Las formas en las que las princesas de Disney se desarrollan en las tramas de cada película, de una u otra manera pueden llegar a influir en el proceso de socialización o de construcción de identidad de las niñas pequeñas, ya que se muestran ‘cualidades deseables’ que tienen en común todas las protagonistas y que pueden hacer que las niñas y niños quieran reproducir” escribió González Alafita en su tesis.

Pero estos roles, heteronormativos y estrictos para la formación individual y social de la mujer, también fueron cambiando y ajustándose de acuerdo a las conversaciones que puso la agenda feminista de los 70, 80 y 90. Las apreciaciones teóricas sobre el género, la reivindicación femenina, y la desnaturalización de ciertas actitudes caló en la nueva narrativa que fundamentó la creación de princesas que aparecieron desde los 2000 en adelante.

La Princesa y el Sapo, Brave, Frozen y Moana son los ejemplos claros de esta época. En todas ellas hay un intento por reivindicar y equiparar lo roles y de exaltar la fuerza de la mujer, pero en la últimas tres aparece un elemento que no se había visto antes: la conformidad con la soltería y la capacidad de sostener el liderazgo a solas.

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Disney también ha querido demostrar su apoyo a la causa feminista con un trabajo específico tras bambalinas. Dice Mestre en el artículo “Y fueron felices para siempre” que, “Brenda Chapman escribió y dirigió Brave y ganó el Óscar a mejor película animada. Jennifer Lee a su vez codirigió y escribió Frozen y también ganó el Óscar. Disney patrocina los congresos de la asociación Women in Animation desde 2016 e incluso contrata a reconocidas feministas del star system de Hollywood para protagonizar nuevos reencauches en acción real de cuentos de hadas”, en los que además se resignifican roles y se cuestiona al patriarcado (como en La Bella y La bestia protagonizada por Emma Watson).

Hoy, las princesas de Disney no son las mismas de hace 20 años. Hoy, podría decirse, que son aliadas de la causa feminista, e invitan a todas las mujeres a que imitemos a aquellas princesas que buscan su libertad individual.

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Julio
16 / 2019

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