‘Litigante’, la película colombiana que abrió La Semana de la Crítica de Cannes

‘Litigante’, dirigida por el colombiano Franco Lolli fue elegida para abrir la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Diners habló con él antes de la presentación de su largometraje.

Silvia es una abogada que trabaja en el sector público colombiano. Es la hija mayor de Leticia, diagnosticada con cáncer, y es la madre de Antonio, a quien cría sola, sin la ayuda ni presencia del padre, pues así lo quiso ella. Es por eso que su vida entera se reparte entre el cuidado de la madre, la crianza del niño y un trabajo que la enreda en un asunto de corrupción, a pesar de que es una funcionaria intachable.

Así arranca ‘Litigante’, la segunda cinta del director colombiano Franco Lolli, que fue seleccionada para abrir la 58 edición de la Semana de la Crítica del Festival de Cine de Cannes. Una película honesta, emotiva, dura y conmovedora, que no hace ninguna concesión al espectador, pues retrata con realismo y hasta crudeza la enfermedad y el deterioro que anuncia el fin de la vida.

Uno de los principales aciertos de Lolli es la manera en que logra sumergirse en las emociones de Silvia (Carolina Sanín), un personaje que se va transformando en la medida en que la proximidad de la muerte de la madre, la obliga a preguntarse cómo quedará, qué tendrá que ser, cómo tendrá que cambiar, hacia dónde tendrá que ir y en compañía de quién.

De ahí que sea considerada una cinta “al estilo de Pialat”, según aseguró Charles Tesson, delegado general de la Semana de la Crítica y quien reveló el pasado 22 de abril las once películas que participarían en esta sección paralela del festival, dedicada a presentar a nuevos talentos, por lo que en ella sólo se incluyen la primera y/o segunda película de los directores en competencia.

El hecho de que ‘Litigante’ haya sido elegida para abrir esta sección del Festival representa para Lolli “un paso más y muy importante” en su carrera, pues no hay que olvidar que su primera película ‘Gente de bien’ (2014) también hizo parte de la Semana de la Crítica y que el cortometraje ‘Rodri’ (2012) estuvo en la Quincena de realizadores de este mismo festival.

Un par de semanas antes de embarcarse hacia la riviera francesa, Revista Diners habló con este director colombiano en París, donde reside y crea desde hace varios años.

¿Cuál fue el punto de partida de esta historia?

Empecé a escribirla a principios del 2016, justo en ese momento, a mi mamá le encontraron un cáncer de seno. Ella es una persona muy fuerte, con mucha energía y siempre había tenido buena salud, a pesar de fumar mucho. Así que eso me transformó. Sentí un miedo absoluto, que en vez de apabullarme, me dio energía vital, así que empecé a meterme en mil proyectos: escribí, produje, quise tener un hijo y lo tuve, y de esa energía nació la película. Hoy mi mamá está bien, pero eso me enfrentó por primera vez a la idea de “y si se muere mañana ¿qué tendría yo que hacer para no desmoronarme?”. Entonces, de ese miedo surgió una necesidad de vida muy grande.

Es una historia en la que predominan las mujeres…

Antes de tener la historia concreta comencé a tomar notas y de manera inconsciente lo que aparecía siempre era un personaje de madre soltera, de una mujer que aunque es joven, ya está en la mitad de su vida y ha vivido lo suficiente. También aparecía una relación muy fuerte con la madre, que creo que tiene mucho que ver con el hecho de que me crié solo con mi mamá, pues mi padre murió en un accidente antes de que yo naciera. Así que ella ha sido una figura muy importante, tanto que actúa en esta película, en un rol parecido a ella misma.

Hablemos del reparto de la película…

Silvia, la protagonista, es interpretada por la escritora y columnista Carolina Sanín. La coprotagonista es mi mamá: Leticia Gómez, que hace de Leticia, la madre de Carolina. Alejandra Sarria, que interpreta a la hermana menor, tampoco es actriz profesional, sino curadora de arte en el espacio Odeón, de Bogotá. Y ellas están acompañadas por Antonio Martínez, que es el niño y, claro, no es actor profesional; a diferencia de Vladimir Durán, que es director y actor e interpreta al novio de Silvia.

¿Por qué prefirió actrices no profesionales?

No fue una decisión deliberada. Solo en el caso de Leticia, porque quería filmar a mi madre, eso lo sabía desde el principio y es un homenaje a ella y a lo que hemos vivido juntos. Para los demás, hice casting de actrices profesionales y no profesionales y muy pronto me interesaron más las no profesionales.

¿Qué lo hizo decidirse por Carolina Sanín como protagonista?

La conozco desde siempre porque somos amigos y además, es mi prima segunda. Cuando estaba escribiendo sabía que necesitaba una actriz que tuviera características de Carolina que me interesaban mucho para el personaje: una fuerza potente, una rebeldía muy grande y una inteligencia sobrecogedora. Quería que la actriz que interpretara a Silvia fuera brillante. Y como el personaje de la madre y mi madre en sí misma es tan fuerte, necesitaba que la protagonista le hiciera contrapeso. Fui yo quien invitó a Carolina a hacer el casting, aunque me demoré muchísimo en decidirme.

¿Qué lo hacía dudar?

Tenía la duda entre cuatro actrices; una profesional y tres no profesionales. Entonces decidimos hacer un ensayo de una escena con las cuatro. Al verla, supe de lejos que Carolina era con quien yo veía la película. Estoy muy contento de haberla elegido y la gente que ha visto la película parece estar de acuerdo en que fue una buena elección. Y creo que a ella le divertía también la idea de actuar.

 

 

La muerte, la enfermedad, la corrupción son todos temas muy fuerte y difíciles de abordar, en ese sentido, ¿cómo fue el rodaje?

Durísimo para todos; claro, porque se tocaban unos temas fuertes, muy personales para mí y porque un rodaje es por esencia un espacio difícil, en el que se trabajan por lo menos doce horas diarias y con mucho estrés, porque cada escena tenía que elaborarse muy bien para que provocara las emociones que buscaba. Además, tanto Carolina como yo tenemos personalidades muy fuertes y en algunos momentos chocábamos. Mi mamá también tiene una personalidad fuertísima.

¿Qué tan difícil es trabajar con la mamá?

Ya lo había hecho en un cortometraje. Sabía que era posible aunque esa primera vez nos peleamos mucho. Esta vez peleamos menos.

¿Qué significó para usted hacer real su miedo a la enfermedad y a la muerte para la película?

Hubo algo catártico porque me tuve que enfrentar a cosas que seguramente me tendré que enfrentar después, porque no solamente copié lo que le había pasado a mi madre, sino que lo llevé mucho más lejos. Entonces me tocó enfrentarme a deteriorarla físicamente, a través de la actuación y del maquillaje, y asumir que, tal vez eso que se ve en la película, algún día lo voy a ver en la vida real.

Al obligarme a eso… confieso que lloré la mitad del rodaje, por enfrentarme a esas visiones, por decirle a mi mamá que estuviera más frágil, que tosiera. Era muy violento, pero también fue muy bonito porque el hecho de verse también casi muerta, así fuera en la ficción, a ella le dieron unas ganas de vivir muy grandes.

Franco Lolli

¿Ahora que la película está terminada, qué siente cuando mira hacia atrás y recuerda todo eso?

Diría que fue una locura total y que hay que agradecerle a todo el equipo, porque sabiendo en la locura en que nos estábamos metiendo, todos nos arriesgamos para ver qué resultaba al final y dio esta película. Además, todo eso estuvo rodeado del embarazo de Capucine, mi mujer y socia en ‘Evidencia Films’, nuestra empresa, y del nacimiento de Antonio, que llegó ocho días después de que terminamos de rodar.

¿Por qué escogió ‘Litigante’ como título de la película?

El sentido global es aquel que litiga, que está dentro de un litigio. En este caso, la madre y la hija son abogadas, y Silvia está en un conflicto judicial, pero hay además una especie de litigio metafórico entre ella y su madre y entre ella y el mundo. Es una persona que está litigando en permanencia.

¿Cómo llega ‘Litigante’ a Cannes?

Llega tarde. Terminamos de rodar en diciembre y en ese momento ya hay mucha gente enviando sus películas al festival. La conferencia de prensa en la que se anunciaba a los seleccionados fue mediados de abril y nosotros la enviamos el cinco de ese mes. Es decir, fuimos de los últimos en mandar la película, en un momento en que seguramente ya habían visto centenas de películas.

Lo que creo es que mi nombre tal vez tiene alguna resonancia en Cannes porque como ‘Gente de bien’ (2014) ya había estado en la Semana de la crítica y ‘Rodri’ (2012), en la Quincena de realizadores, supongo que por eso le pusieron atención. En todo caso, diría que es una gran suerte que cada vez que mando algo a Cannes, lo incluyan.

¿Cómo recibió la noticia de que había sido seleccionada para abrir la Semana de la crítica?

Con mucha champaña —dice entre risas—, con los productores, los editores y mi novia. Vinimos a este café —Le Gramont—, que queda justo al lado del lugar donde edité la película y que nos servía para hacer reuniones y tomar una cerveza para relajarnos cuando estábamos desbordados. Así que simbólicamente era importante celebrarlo aquí. Sinceramente esta selección cambia potencialmente la vida de la película, por la visibilidad que va a tener. Además, es muy probable que mis próximas películas se financien más fácilmente.

El también director colombiano Ciro Guerra es el presidente del jurado de la Semana de la crítica, ¿qué significa esto para el cine colombiano?

Significa que el cine colombiano está tomando una posición en el mundo que no tenía antes. El año pasado, la apertura de la Quincena de realizadores la hizo ‘Pájaros de verano’, la película de Ciro y Cristina. Este año volvemos a tener la apertura de una de las secciones paralelas, que es la Semana de la crítica, con mi película y al mismo tiempo, tenemos a un colombiano como presidente del jurado de esa sección. Es decir, dos colombianos, en una misma sección, que yo sepa, no había pasado antes.

 

Melissa Serrato Ramírez, París*

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