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Nepomuceno de Jesús Alfonso, el poeta clandestino de Colombia

Daniel Samper Pizano le rinde un homenaje a este poeta y su obra Arroyo de Amor, que estuvo en boca de todos los colombianos enamorados y hacen parte de la memoria nacional.

Foto: Archivo Diners

Daniel Samper Pizano le rinde un homenaje a este poeta y su obra Arroyo de Amor, que estuvo en boca de todos los colombianos enamorados y hacen parte de la memoria nacional.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 161 de agosto 1983

Citado con secreta alegría en reuniones de intelectuales, atesorado por quienes conservan algún ejemplar de su obra, convertido en lírica leyenda por los que solo conocen esquirlas de sus versos, gracias a la tradición oral, vate de cabecera del señor Presidente de la República, Nepomuceno de Jesús Alfonso es el más importante de los poetas clandestinos de Colombia.

Su poema a Forero María Elisa, ha llegado a convertirse en referencia obligada del kitsch nacional, esa onda estética que otros identifican con la lobotecología, y que le ha dejado grandes triunfos al país. Pero no triunfos morales, como los de los ciclistas, sino verdaderos laureles líricos ante los cuales aparecen como marchitas flores los poemas de un Bécquer, de un Amado Nervo, de dos Julio Flórez.

Con la desvelada colaboración investigativa del director de la Biblioteca Nacional, Juan Luis Mejía, Diners ha desenterrado el valioso tomo Arroyo de Amor, de Nepomuceno de Jesús Alfonso, y por primera vez ofrece un estudio crítico y antológico de su magna obra.

Arroyo de Amor fue escrito en Garagoa, Boyacá, en el año de gracia de 1946. Llevan sus versos una sentida dedicatoria: «Estas poesías salidas de mi numen van dedicadas con todo cariño y afecto a la muy digna y gentil señorita María Elisa Forero G. de Garagoa (Boyacá), como el más entrañable homenaje que traen estas páginas«.

Se hizo una primera edición del desgarrador poema que fue más tarde desautorizada por su autor. En efecto, reposa en el «Fondo Germán y Gabriela Arciniegas» de la Biblioteca Nacional una carta que dirigió el 10 de abril de 1949 el bardo de Garagoa al entonces ministro de Educación y luego donante del Fondo.

En ella Nepomuceno de Jesús explica que «por motivo de errores en el ejemplar titulado Arroyo de Amor, errores de parte de la imprenta», la primera edición de la obra ha sido repudiada por quien la escribió. «Dígnese reformar o demoler el ejemplar relativo». Solicita el bardo, al tiempo que anexa un ejemplar de la segunda edición, a la cual salvo un par de correcciones imparte su «nihil obstat».

En las páginas iniciales de esa segunda edición el poeta emprende con los derechos de autor, la misma lucha a brazo partido que luego librará con la gramática y con la rima, pues advierte al público que solo hay tres librerías autorizadas para distribuir su obra: la Librería Dante de Bogotá, la Librería Dante de Armenia y la Agencia de Prensa de Bogotá.

«Cualquier folleto de esta misma clase que apareciere con la marca de la Tipografía Apolo es completamente ilegal previene Nepomuceno de Jesús; sería, pues, un contrabando». La edición viene ilustrada con foto del autor, retrato de la víctima y cierto angelical grabado en que aparece un alado heraldo del amor.

Principio y fin de una pasión

El poema que ha hecho suspirar de envidia a muchas plumas ilustres del país empieza de una manera directa que produce la primera conmoción al lector:

Buenos días digo,
porque soy el amante
que todavía vivo.

Enseguida engasta la primera letanía amorosa que lo ha hecho célebre:

Ilustraciones de Nadie

Amada novia Forero María Elisa: cuando tú vienes a mí,
yo te contemplo porque tu corazón de amor es un templo.
A poco andar, el bardo de Garagoa revela
el origen de ese amor tan profundo que lo ha de conducir, finalmente,
a la segunda edición corregida de sus transidos versos:

Amada novia Forero María Elisa:
un día a las cinco de la mañana
despertando fui yo en amor;
y este indesviado amor
ha sido impulsado a ti,
y he aquí que para esposa te elegí.

El comienzo, pues, ha sido una súbita inspiración de madrugada. ¿Y el final? Nepomuceno alcanza a avistarlo desde la primera página:

Amada novia Forero María Elisa:
¿Hasta cuándo terminará
este intensísimo amor a ti?
Seguro hasta mi muerte;
Mas si tú murieses primero que mí,
sería para yo sufrir por ti.

A estas alturas de la literatura nacional, cuando han transcurrido ya 60 años desde que apareció Arroyo de Amor, ha sido imposible saber si alguno de los dos temores la muerte de ti, la muerte de mí o acaso ambos se han cumplido. Quiera Dios que no, pues Colombia le debe un homenaje al ilustre vate de Garagoa antes de que se vaya.

Dinero, maldito dinero

Continúa el autor cantando sus endechas en métrica boyacense y expresando la dimensión de sus sentimientos.

Si yo tuviera… otra mujer
En o quién debilitara mi amor
no le vendría requiriendo
de una manera tezonuda.

Pero, ay, no tarda muchos versos más en revelar que existe un abismo igualmente tezonudo entre los dos. Es el abismo de las clases sociales, uno de esos Temas Eternos de la poesía de todos los tiempos, que ahora brota de manera mágica, de milagrosa manera, en los verdes campos de Garagoa:

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Elisita: felicítate de tu riqueza
si ignoras que esto es vanidad;
mas yo, bajo el rigor de mi pobreza,
y de mi soledad (…) Alabo al Divino Hacedor.

El espinoso punto de las diferencias socio-económicas se hace presente varias veces a lo largo de las nueve páginas del poema. A la altura de la sexta, el poeta revela un sueño que ha tenido.

Me encontré una bufanda
y en mis manos fue tomada;
Momento seguido
muy de cerca te vi,
y al tiempo me la pediste diciéndome:
«Esa bufanda es mía,
échala para acá».

La actitud de Forero María Elisa, provoca en ese instante un turbión de ansiedad en el poeta; confundido, se abstiene de entregarle la bufanda y la bella enamorada se marcha de su lado.

Y mientras tanto pensaba yo: ya va esta señorita a demandarme. La pesadilla se desvía de curso, por fortuna. En vez de dirigirse a poner el denuncio en la comisaría más cercana, Forero María Elisa lo conduce a una casa pobre donde le ofrece comida.

Su trato hacia el poeta ha dejado de ser áspero y él, así a las buenas, accede a entregarle la bufanda.

¿Y cuál era la causa del trato burdo a la benevolencia?

Pues que ya eras pobre, porque tu capital había derrumbándose.

El poema no aclara si la amada tenía cuenta de ahorros en alguna de esas instituciones que también han derrumbándose. Pero es que los poetas no tienen porque contarlo todo. Ni siquiera se sabe qué camino final tomó la bufanda, pero su imagen serpentina podría dar pie para múltiples interpretaciones que entregamos a críticos con mayores luces que las nuestras.

Lo que sí queda claro es que debemos a la pobreza del vate la gracia de contar con su Arroyo de Amor. Lo explica así en la página séptima:

Y yo como soy pobre,
serenata no os he dado:
mas con la ayuda de Dios,
obra literaria, a mi novia,
Forero María Elisa le he brindado.

Del pudor y la música

Nepomuceno de Jesús no ahorra encomio para cantar las excelsas virtudes morales que adornan a su amada. Hay un revelador pasaje que me permito transcribir en su integridad, pues no solo describe bien las altas cualidades de la que en otra parte llama “sumerced doncella hermosa», sino que le brinda ocasión al poeta para censurar el escaso recato de otras mujeres.

Sugiero, además, que el lector observe las trasposiciones a las que acude el poeta con habilidad envidiable, a fin de facilitar la rima:

¡Oh! Si yo poseyese divinidad
para escribirle a Forero Elisa María
algo relativo a su honestidad:
una tarde cuando el sol trasponía,
dicha dama entraba en esta ciudad,
de a caballo y con honestidad:
pues quiero decir y con verdad
que Forero Elisa María, monta,
recogidas las inferiores extremidades,
y por tal virtud en la decorosidad,
es el caso de acoger su dignidad;
pues ¡cuán aprecio a la deidad!

Mas después le escribiré de la castidad,
así como de la caridad:
empero las… que aman la indecorosidad,
montan con el compás abierto.

Porque esta descortés moda
fue dada a la publicidad
y acogida en la actualidad
por la moderna femenil sociedad.

Archivo Diners.


De la castidad vuelve a hablar varias veces el bardo, a fin de cumplir lo prometido. En uno de los intermezzos de prosa que tiene la obra, el poeta dice: «Ni tú con otro varón, ni yo con otra mujer. Elisita: tú y yo no hemos merecido la gracia del séptimo sacramento; de consiguiente, cumplamos la ley».

Mucho podría decirse de la influencia de la música en Nepomuceno de Jesús Alfonso, circunstancia estética que lo pone a la altura de De Greiff. Pero el de Garagoa se remonta aún más alto, pues consigue ejercer una influencia indudable en algunas piezas musicales posteriores a la publicación del libro.

Vamos por partes. En cuanto a lo primero -el dejo musical que se advierte en sus versos—, es suficiente prueba el siguiente trozo, correspondiente al capítulo II:

Un viernes abrileño
cuya noche no dormí.

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¿No hay allí una sublimada herencia del pasodoble y el cuple? ¿No recordáis acaso en estos versos perfectos un eco lejano de «El Relicario»: «Un lunes abrileño/que él toreaba/ yo a verle fui”? La simbiosis extraordinaria entre las dos expresiones artísticas recrea y a la vez, da nueva vida al pasodoble en el texto de Nepomuceno.

Y. en cuanto a la proyección inevitable que sus versos tienen en la música contemporánea, permítome citar tan solo un elocuente ejemplo:

Soy tu gran amador
porque tú eres nido de amor.

Es clara la deuda que tiene con el lirida de Garagoa el vallenato sentimental que tanto gusta en nuestros días.

Rima y teología en Nepomuceno de Jesús

Aunque no pretendo en este breve estudio realizar una disección de los recursos técnicos que emplea la poesía de Nepomuceno, debo mencionar cómo puede considerársele un revolucionario de la rima.

En efecto. N. de Jesús ajusta los acentos a las necesidades de la estructura poética, en vez de someterse servilmente a la función contraria, como lo han hecho tantos poetas sin imaginación. Un ejemplo:

Mi novia Forero Elisa María,
hermosa dama de la aristocracia.

Por lo demás, nadie, ni siquiera García Lorca, ha logrado como Nepomuceno, agotar las rimas castellanas:

Yo sin contigo vivir
mi vida es un solo sufrir;
y si Dios contigo no me ha de unir,
tu serías mi tormento hasta morir;
mas Dios en su misericordia
a ti y a mí nos ha de unir,
y juntos los dos vivir
felizmente hasta morir
y luego al cielo subir;
y para el cielo subir,
debemos con resignación sufrir
y a Dios mucho amar y servir
para de El galardón recibir.

¿Y el lector, qué decir de esta manera genial de escribir?

En el extenso poema solo aparecen citadas dos obras. Una, la Biblia, que Nepomuceno de J. incorpora de manera profusa y precisa, citando capítulos y versículos. Y otra, el Tratado de Urbanidad de Carreño, del cual toma algunos consejos sobre la manera como han de ofrecerse los obsequios a la señorita que se corteja.

Necesitaríamos más espacio del que nos ofrece tacañamente esta publicación si pretendiéramos analizar el aleteo teológico y existencial que se percibe tras los versos de Alfonso.

Baste con señalar cómo el poeta compara a su amada con «el Criador» y hace poseedor a este de las dos terceras partes de las virtudes teologales: “Oh Esperanza y Fe/que en Vos Dios Santo /siempre las he fundado». ¿Y la caridad? Seguramente necesito monopolizarla Forero María Elisa para no dar muerte al vate que la hizo famosa en sus versos.

Extensión continental

Pero quizás lo más prodigioso de Nepomuceno fue su don profético. Como los grandes visionarios, él pudo adivinar que su oda de amor sobrepasaría los confines del tiempo y la distancia:

Este decir de mis amores
al fin matrimonial
con Forero María Elisa
mi novia primordial
es un asunto sensacional
que ha venido surgiendo
en nuestra tierra natal;
y surgirá en toda extensión continental.

Es, en efecto, lo que ha sucedido. De acuerdo con algunas averiguaciones de tratadistas serios, Forero María Elisa era una dama de Garagoa que en realidad nada tenía que ver con el bardo. Ni esposa, ni novia, ni amiga. A pesar suyo se convirtió en Musa del rústico poeta y los versos de Nepomuceno le produjeron, como es comprensible, muchas amarguras y dolores de cabeza.

Pero no hay mal que por bien no venga. De esa enloquecida pero unilateral pasión quedó esta joya de la poesía aullante que ya se hizo leyenda lírica, jazmín arrancado de los jardines poéticos boyacenses, obra que:

Acrecienta mi amor
y mi fe en Dios
y al mismo tiempo
pero alternativamente.

Como lo aclara con prudencia Nepomuceno de Jesús Alfonso R., el inmortal cantor de Garagoa.

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Julio
23 / 2019

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