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3 conversaciones impredecibles, por Alfredo Iriarte

Con una esplendorosa modelo que cree que el onanismo es una religión, con una dama que quiere que al morir la inseminen, con un compadre vallenato que sí sabe lo que es un invertido. Una historia inusual para empezar el día.

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0

Con una esplendorosa modelo que cree que el onanismo es una religión, con una dama que quiere que al morir la inseminen, con un compadre vallenato que sí sabe lo que es un invertido. Una historia inusual para empezar el día.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 232 de julio 1989

El escenario de la breve historia que sigue es un almuerzo multitudinario en el cual caí seguramente para saldar alguna cuenta pecaminosa con la Divina Providencia, y del cual no podía escapar porque una lluvia tenaz impedía el advenimiento del taxi redentor.

De pronto percibí la presencia inconfundible de una modelo esplendorosa que merodeaba con ímpetu y arrogancia por todos los ámbitos de la casa, y sostenía diálogos de mediana duración con los invitados, notoriamente empeñada en demostrar que no sólo era una infatigable máquina de generar malos pensamientos, sino que también servía para producirlos y emitirlos de muy buena calidad.

Por supuesto, no tardó en llegarme el turno. Por aquellos días de 1986 se hallaba de visita en Colombia Su Santidad el Pontífice Juan Pablo II. La modelo se sentó a mi lado dejándome sentir la proximidad electrizante de una minifalda inverosímil. Me puso el tema de la visita papal. He aquí la primera pregunta que me hizo y el diálogo
que siguió:

– ¿Cómo te ha parecido la visita del Papa?
– Me tiene indiferente, porque no soy católico.
– Entonces, ¿qué eres?
– Soy onanista.
– ¿Quéee?
– Lo que te dije: Onanista.
Perdona mi ignorancia, pero no tengo ni idea de qué es eso.
– Me parece muy extraño que no lo sepas. Es una respetable agrupación religiosa mucho más antigua que el cristianismo. La fundó el sapientísimo patriarca Onán en los primeros tiempos del Antiguo Testamento.
– ¿Y se puede saber en qué consiste?
– La filosofía esencial del onanismo está basada en el autoabastecimiento.
– No te entiendo bien.
– Lo que oyes. El fiel y disciplinado onanista se autoabastece de todo, hasta el punto de poder prescindir de las mujeres.
-Bueno: la verdad es que sigo sin entender, pero de todas maneras yo siempre he creído que cualquier religión es respetable. Aquí terminó nuestra conversación, y mi interlocutora reanudó su ciclo de coloquios, todos de tan hondo calado intelectual como el anterior.

Esta fue una reunión menos numerosa. Varios caballeros y una dama. Llegó el tema de la cremación de los cadáveres. Ella declaró ser partidaria irrestricta de esa modalidad. Tanto que, para demostrarlo, afirmó con solemnidad:

Ya reuní a mis hijos para notificarles que cuando me muera quiero que me inseminen.

Lógicamente, los señores presentes, a una sola voz, le aseguramos que es mejor cumplir ese proceso en vida y, para tal efecto, le ofrecimos gentilmente nuestros servicios.

El compadre Juancho era el varón más querido y venerado del pueblo, uno de aquellos típicos municipios del vasto imperio vallenato. Todos los sábados de la vida, Juancho convocaba a sus amigos de todas las edades a la invariable parranda semanal de acordeones, cajas y guacharacas. Y aquí un paréntesis para cachacos. En esas comarcas una parranda no es la jarana desaforada que cabe imaginar con sólo oír el vocablo.

Por el contrario, la parranda es un rito casto, durante el cual los músicos tocan, los hombres beben alrededor de ellos y las mujeres aderezan el sancocho y cuidan de que a los varones no les falten las viandas ni el licor.

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Ahora sigamos con la historia. Los habituales de las parrandas de Juancho eran de una puntualidad estricta, lo cual agradaba en extremo al viejo compadre, que había llegado a asumir su papel como el de un venerable oficiante.

En consecuencia, le molestaban hasta lo indecible las frecuentes ausencias de cierto sobrino suyo, mujeriego insaciable, que a menudo faltaba a las parrandas por andar detrás de alguna exquisita presa femenina. Un día el compadre Juancho llegó al colmo de la impaciencia y lanzó contra el sobrino díscolo esta sentencia feroz:

-Ese hombre es invertido.

Lógicamente, varios de los presentes se apresuraron a rectificar el extraño y peregrino juicio del compadre, haciéndole notar cómo, dados los frecuentes lances amorosos de su sobrino, resultaba disparatado calificarlo de esa manera.

Juancho no se alteró. Por el contrario, complementó su sentencia con esta otra más contundente aún:

– ¡Claro que es invertido, puesto que le gustan más las mujeres que el ron!

Que una mujer esté en la actualidad separada es lo típico, lo normal. Pero lo que es absolutamente único es el caso de cierta amiga mía. Su matrimonio no naufragó por los motivos habituales: beodez, drogadicción, vagancia, irresponsabilidad financiera, violencia, frigidez invencible, frecuentes incursiones en el otro equipo,
etc.

Nada de eso. La causa fue que un buen día su marido le dijo con acento patético que la abandonaba impulsado por una irresistible vocación sacerdotal.

Y ahora volvamos al maravilloso reino vallenato (o valduparense, como diría un flamante académico). Uno de los vecinos más queridos y apreciados del pueblo era felizmente casado con una bella mujer, oriunda del mismo lugar, a quien había conocido y amado desde la niñez.

Repentinamente, cualquier día la linda consorte desapareció sin dejar huella. Poco después se supo todo. Había huido con un agente viajero, apuesto y locuaz, que desde un mes atrás inundaba el comercio local con sus infinitas variedades de bisutería.

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El infeliz cornudo no tuvo ni siquiera arrestos para cargar su revólver e irse en pos de los amantes, pillarlos in fraganti y ajusticiarlos. Se encerró en su casa, víctima de la más abrumadora depresión, hasta el extremo de que los vecinos temieron que falleciera de hambre y de melancolía.

No fue así. Al cabo de dos meses, salió a la calle, demacrado pero aún vivo, y rodeado por la piadosa solidaridad de sus amigos. Una noche, en medio de copiosas libaciones de ron les dijo escuetamente:

— Me voy a conseguir una cachaca.

Y a las insistentes preguntas de los presentes acerca del porqué de esa categórica preferencia por una candidata del interior del país, declaró con el mismo énfasis:

– Porque las cachacas son mejores que las mujeres.

Finalicemos con una guía útil. ¿Quiere usted, amigo lector, saber si la dueña de la casa en que se encuentra es una de las más prósperas y exitosas ejecutivas separadas de toda la ciudad?

No se canse en prolijas averiguaciones. Simplemente vaya a la nevera y ábrala. Si el contenido se limita a dos tomates arrugados por la edad, medio queso con la fecha de vencimiento pasada y unos cuantos huevos de dudoso contenido, no lo dude.

Es usted huésped de una ejecutiva de cinco estrellas. Sólo tenga en cuenta una precaución vital: pida rápidamente una pizza por teléfono si no quiere morirse de hambre.

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Junio
23 / 2019

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