“Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos”, así era el mundo de Philip K. Dick

El escritor, guionista y realizador francés Emmanuel Carrère hizo esta biografía vertiginosa de Philip K. Dick, el prolífico novelista de ciencia ficción, conocido por su obra '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?'.

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos
Emmanuel Carrère. Editorial Anagrama, Barcelona, 2018. 367 páginas.

Esta es una biografía intensa y vertiginosa por la mente de Philip K. Dick, un hombre que amaba ante todo la música escuchándola con audífonos y el sonido de su máquina de escribir.

Tuvo cuatro mujeres y dos hijos, pues no podía vivir solo y en el Berkeley de aquellos años subsistió escribiendo cuentos y novelas de ciencia ficción que aparecían en revistas con carátulas chillonas, que ostentaban platillos voladores y animales un tanto góticos.

Siempre consumía anfetaminas, toda la vida asistió al psicoanalista jungiano de preferencia y gordo con una barba rubicunda acosaba cualquier mujer que se cruzase en su camino.
Para escribir consultaba la Enciclopedia Británica, consumía marihuana y en una ocasión LSD, pues Aldous Huxley y Timothy Leary habían dado patente intelectual para esos viajes.

Le intrigaban los místicos, los agnósticos, discutía de teología con un obispo y se convirtió al catolicismo. Oyendo una canción de los Beatles tuvo la revelación de un tumor inguinal que afectaba a su hijo. Este pudo salvarse gracias a la premura con que fue llevado al hospital. Desde entonces se reforzó su interés en Dios, en los primeros cristianos y en las religiones de Oriente.

Sus obras seguían apareciendo en editoriales minoritarias y hablaban de colonias terrícolas en Marte, distopías y mundos alternativos. De alienígenas y replicantes.

Su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? sería la base de una película Blade Runner de tanta trascendencia sobre lo que sería el futuro y que le daría un desahogo económico.

Pero esta cautivante biografía donde Emmanuel Carrère (1957), su lector desde la adolescencia, nos permite adentrarnos en los Estados Unidos que asesinaron a Kennedy, impulsó la contracultura con efluvios orientales y fijó en la figura de Richard Nixon, grabando y desgrabando en la Oficina Oval cintas y más cintas del caso Watergate, la encarnación absoluta del mal. La paranoia se apoderó de todos, incluido Philip K. Dick.

Estaba el FBI, que lo visitó en una ocasión. Consultaba el I-Ching para orientarse en la vida. Además, la guerra fría y la sombra amenazante del comunismo se colaba por todos los resquicios de la vida norteamericana. El interés de Stanislaw Lem, el gran escritor de ciencia ficción del bloque soviético para que sus libros se publicaran traducidos en Polonia, terminaría por alterarlo. La conspiración era contra él.

Pero su obra seguía creciendo en el interés de los lectores que ya lo consideraban un gurú esotérico, rodeado de fans no solo hippies. Este libro magistral nos hace visibles todos los pliegues de su contradictoria mente.

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