Homenaje al escritor Dario Jaramillo Agudelo

Nuestro columnista de libros, Juan Gustavo Cobo Borda, le rinde homenaje al escritor y poeta Dario Jaramillo Agudelo, a propósito de su premio de poesía Federico García Lorca

Darío Jaramillo Agudelo
Premio de poesía García Lorca 2018

La soledad y la búsqueda perpetua del amor. La noche y la distancia insalvable con el cuerpo deseado. Las historias de familia, tapiadas en silencio y furor. La poesía, “fatalidad y futilidad”. Sobre todo la luna, blanca o amarilla, testigo del insomnio. Estos son algunos de los núcleos de energía que potencian la poesía de Darío Jaramillo (1947) ganador del premio García Lorca otorgado en la ciudad de Granada, España.

Pero también la música que recrea como alivio y terapia, ya sean Chopin o el jazz, y que se proyecta en el espacio imaginario donde están los escritores, Salinger o Blaise Cendrars, a los cuales secundan hermanos imaginarios y amigos que se han suicidado con seconal. Una galería que concluye por exaltar los amores imposibles en detrimento de los reales, pues no hacen tanto daño ni son tan fastidiosos.

Con un tono austero y, sin embargo, armónico, Jaramillo mantiene en sus versos la otra faz de su vocación: un trazo narrativo que lo ha llevado a publicar siete novelas y un libro clave de ensayos, Poesía en la canción popular latinoamericana (2008) donde el bolero, el tango y la ranchera, escuchados en la radio de Medellín configuraron su sensibilidad, que cultiva tanto la voz popular como la expresiva cursilería, que disfruta con placer.

Con antologías de su obra publicadas en Venezuela, México y España, en la editorial Pre-Textos, su activo promotor, y con prólogos de los ya fallecidos Montejo, Pacheco y Pitol, su obra tiene una vigencia insoslayable y un ámbito cada vez más amplio de resonancia y empatía.
Como lo refrenda su poema:

DE LA NOSTALGIA, 9

Vana memoria que no puede traerte de lejos,
que no te vuelve carne, risa gentil o canto.
Vana memoria mía incapaz de abrazar lo más mío,
incapaz de acariciar tu piel distante.
Vana y obsesiva memoria que solamente alcanza
a repetirme por quien vivo,
que respiro por este amor invulnerable y sin rutinas.
También ausente eres mi presencia más cálida,
mi más pura nostalgia.

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