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¿Por qué todos quieren a J Balvin?

Sus canciones suman más de 10.000 millones de vistas en YouTube, es el artista más escuchado de Spotify y tiene más seguidores en Instagram que Madonna. Una periodista, pianista de profesión, intenta descifrar su éxito.

Foto: Foto Cortesía Universal Music

Sus canciones suman más de 10.000 millones de vistas en YouTube, es el artista más escuchado de Spotify y tiene más seguidores en Instagram que Madonna. Una periodista, pianista de profesión, intenta descifrar su éxito.

¡Cuando yo diga J, ustedes dicen Balvin! –grita una voz en off en el Forum Arena de Inglewood, Los Ángeles. Todo ha quedado a oscuras y las pantallas de los celulares flotan entre las cabezas de los doce mil asistentes que llenaron el aforo.

–¡J!

–¡Balvin!

–¡J!

–¡Balvin!

–Con ustedes: ¡J Balvin!

La euforia se apodera del público y el movimiento rítmico de los reflectores ilumina el escenario. La música suelta sus primeros acordes y entre luces violeta aparecen, uno a uno, los bailarines vestidos de esqueletos. En la pantalla cobra vida un ejército de calaveras mientras la banda repite, como un mantra, las cuatro notas de Mi gente, el sencillo que en octubre de 2017 alcanzó el tercer lugar en la lista Hot 100 Billboard.

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José Álvaro Osorio Balvin, de Medellín y con 33 años, aparece vestido de blanco. Etéreo entre el humo y las luces, imponente ante los gritos de “su gente”. Una mano en el micrófono y la otra marcando el pulso a la altura del pecho. Si el ritmo te lleva a mover la cabeza, ya empezamos como es. Mi música no discrimina a nadie así que vamos a romper. Canta y el público estalla. Canta y un murmullo de doce mil voces canta con él.

“¿Quién no ama a J Balvin y al reguetón?”, había dicho unos meses antes el expresidente Barack Obama, cuando el paisa terminó su presentación en el acto de campaña de legisladores federales del partido Demócrata. “Por suerte no hay cámaras en el backstage, si no, todos me hubieran visto bailar”.

Y es que al parecer, hay pocas cosas hechas por Balvin durante los últimos años que no hayan resultado memorables. Sus canciones suman más de 10.000 millones de vistas en YouTube, es el artista más escuchado de Spotify, ha llenado todos los estadios de su última gira, tuvo ocho nominaciones a los Latin Grammy 2018 y se quedó con el premio a Mejor álbum urbano. Tiene más seguidores en Instagram que Madonna, lanzó su propia línea de ropa y ha grabado con Beyoncé, David Guetta, Nicky Jam y Carla Morrison.

Sin exageraciones, J Balvin es un fenómeno mundial del reguetón. Sin embargo, lo suyo nunca ha sido reguetón y esa es, quizá, la razón de su éxito.

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J Balvin comenzó tocando rock, y se declaraba fanático de bandas como Nirvana y Metallica. Foto: Cortesía Universal Music.


“Es algo más urbano”

Hablar de reguetón no es solo hablar de un tipo de música. Es hablar de una estética, de una industria, de un lenguaje y de una manera de contar el mundo. Sobre sus orígenes, las teorías van y vienen sin mucho consenso, pero la más repetida dice que es un estilo heredado del reggae jamaiquino del siglo XX, y que en 1980 los panameños lo mezclaron con sus propios ritmos, lo cantaron en español y lo volvieron parte de sus fiestas.

Hasta ese momento se llamó dembow, pero luego de popularizarse en los barrios latinos de Nueva York y juntarse con el hip-hop, viajó con los inmigrantes puertorriqueños a la isla y sumó elementos caribes. Desde entonces se llamó reguetón y se convirtió en un género dedicado al cuerpo, a los sentidos y a las pasiones. En un ritmo que invita a bailar y que le canta al placer. En una vanguardia callejera que se aleja deliberadamente de la alta cultura, que la desafía y, lejos de admirarla, la aborrece.

Por eso sus letras sexualizantes, su estética ostentosa, sus clichés de machos, billetes y mujeres. Por eso su pulso incisivo y sus armonías simples, su música repetitiva y su lirismo básico. Por eso lo de J Balvin no es del todo reguetón. “Es algo más urbano –dice María Elisa Ayerbe, copresidente del ala de productores e ingenieros de la Academia de Grabación, capítulo Florida–. En términos musicales, su beat no es tan sucio ni tan directo, es mucho más suave y viene de géneros antillanos como el suk y la soka, y ritmos africanos como la kizomba”.

Ese cambio, imperceptible en apariencia, le ha permitido a Balvin formar parte de un género sin inscribirse en él por completo. Cantarle al sexo, pero al mismo tiempo dejar consignas de empoderamiento femenino: Pa’ qué highlighter si tú brillas sola, le pido a Dios que te cuide pero tú te cuidas sola. Salirse de la estética de excesos, de los carros lujosos y las joyas costosas, sin alejarse de ese estilo callejero y medio marginal, y acercarse a públicos que, en principio, se habrían declarado opositores del reguetón.

Pero, sobre todo, le ha permitido caber en otros espacios y mercados. En diciembre de 2016 fue uno de los invitados de honor al lanzamiento de la colección Mètiers d’Art Paris Cosmopolite de la casa francesa Chanel, un sinónimo de glamur en el mundo de la moda. Esa vez, J Balvin fue noticia por la acertada elección de su ropa para el evento: una de las emblemáticas chaquetas tweed de la marca, jeans y una camiseta oscura camuflada.

La invitación, aunque controversial, no cayó por sorpresa. De él siempre han elogiado su buen gusto para vestir, tanto así que la revista Vogue le ha dedicado artículos enteros a su clóset y lo ha puesto dos veces en la portada de su edición para hombres. Y Guess, la marca estadounidense que consagró en su pasarela a Claudia Schiffer, Carla Bruni, Carré Otis y a otro puñado de modelos famosas, creó una colección exclusiva de artículos promocionales para su última gira.

Sin ir más lejos, el mismo Balvin lanzó su propia línea de ropa junto a una marca colombiana en una de las pasarelas de Colombiamoda 2018. Todos son escenarios impensables para un reguetonero.

“No está en ningún extremo”

“Vibración. Tu vibración. Mi vibración. La vibra que siento de ti es la misma que nace de mí”, canta Carla Morrison, una de las artistas independientes más grandes de Latinoamérica, en una introducción de sesenta segundos que hace las veces de telón en el último disco de J Balvin. Una compositora experimental de pop alternativo con tres álbumes de estudio y tres premios Grammy. “Balvin es un músico que no se queda en lo usual, que busca otros géneros, otros sonidos y se nutre de otros artistas”, dice Alejandra Jiménez, ganadora del Lennon Award en la categoría latina del John Lennon Songwriting Contest.

 

Es, sin lugar a dudas, uno de los exponentes más importantes en el mundo del género urbano. Foto Andrés Oyuela.


Y es que en medio de su mestizaje histórico, el reguetón es un género que ha entrado en otros ritmos, pero no se ha dejado permear por ellos. Ese pulso característico, percutido, agresivo y «pasmódico» se ha colado en el pop, en las baladas e incluso en algunos vallenatos, pero nunca al revés. “J Balvin es como un Walter White de la música, como un científico loco de lo urbano, que experimenta todo el tiempo. Se nota que estudia, que escucha otros músicos y que hace un esfuerzo por no repetirse”, dice Jiménez.

En Vibras, su último álbum, cantan Wisin & Yandel, Zion & Lennox, Rosalía, Anitta y el DJ francés Willy William, responsable de la versión original de Mi gente, uno de los sencillos más escuchados de este año. También ha hecho colaboraciones con Daddy Yankee, Maroon 5, Ariana Grande, Justin Bieber y Prince Royce.

Ahora bien, lo de J Balvin no es por completo reguetón. Pero tampoco es por completo pop latino, balada, rock, trap o RnB. “Con él pasa un poco lo mismo que con Julia Roberts, a la que siempre le han dicho The girl next door, porque no es ni muy bonita ni muy fea –dice María Elisa Ayerbe–. Balvin no está en ningún extremo. Es un artista que no representa nada en particular y, por lo mismo, termina representándolo todo”.

Es así como ha logrado estar en los mercados norteamericanos, latinos y de Oriente, como ha conseguido la exclusividad de la alta costura sin dejar de ser popular, como le ha cantado al sexo sin caer en la misoginia, como ha aparecido junto a los poderosos manteniendo cierta irreverencia contestataria. “Es un músico que se inscribe en el Instant Gratification, que hace música para entretener. Que divierte y de alguna manera conmueve, pero que lo hace de forma momentánea”, dice Alejandra Jiménez. Al no estar del todo en ninguna orilla, lo de Balvin no es consigna ni escándalo, revolución ni decadencia. Es un artista sin detractores que, puesto en el lugar y en el momento correctos, se convierte en fenómeno mundial.

Su secreto es simple: darles gusto a todos y no incomodar a nadie. Ser The guy next door.

 

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Enero
09 / 2019

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