Un concierto de puntos medios: entre el estatismo y el movimiento,  entre lo clásico y lo romántico, entre lo sublime del genio y lo mortal del humano, así fue Armonía de las Formas, en el comienzo del Festival Internacional de Música de Cartagena.

“Si te vas a Nueva York a estudiar música, acabarás como tu tío Henry, malgastando tu vida, yendo de ciudad en ciudad y viviendo en hoteles”, le dijo Ida Glass a su hijo Philip hace un poco más de 60 años, en la cocina de su casa de Baltimore.

El tío Henry era baterista y había abandonado sus estudios de odontología después de la Primera Guerra Mundial. Tocaba en teatros de variedades, acompañaba orquestas de baile y volvía más amenas las vacaciones de los turistas en sus hospedajes. A Philip, que para entonces no debía pasar los 20 años, la idea, lejos de escandalizarlo, le resultaba tentadora.

Philip Glass es uno de los compositores vivos más importantes del mundo y uno de los mayores representantes del minimalismo, esa revolución musical inspirada en la sencillez de las formas, en el orden y en la repetición como mantra. El resto de la historia, resulta obvia: Glass desatendió los consejos de su madre y se convirtió en músico. Sin embargo, Ida tenía razón, su vida se ha ido viajando de ciudad en ciudad y viviendo en hoteles. Entre giras, entrevistas y conciertos. “Era una mujer muy inteligente”, dijo él alguna vez.

Vea también: La armonía, los sonidos y la música se reúnen desde hoy en Cartagena.

Con su Sinfonía No. 3 comenzó la segunda parte del concierto Armonía de las formas, en la décimo tercera edición del Festival Internacional de Música de Cartagena. La obra fue compuesta en 1995 como encargo de una fundación alemana que promueve la cultura y la ciencia para la Stuttgart Chamber Orchestra y está escrita para 19 músicos que interpretan violines, violas, violonchelos y contrabajos.

En esta ocasión, el efecto catártico de la música de Glass inundó el Teatro Adolfo Mejía bajo la batuta de la directora australiana Natalie Murray Beale y la interpretación de los músicos de la orquesta Philharmonia de Londres, pionera en el uso de herramientas digitales para capturar nuevos públicos.

Al fondo del escenario, un círculo azul giraba siguiendo las melodías de la orquesta, se enrojecía, desaparecía y volvía a materializarse entre halos de luz.

Pero la de Glass no fue la única sinfonía de la noche, luego de que Murray marcara las notas finales y el público diera un par de aplausos, hicieron eco los primeros acordes de la quinta de Schubert, una de las más populares de este compositor austriaco sobre el que los expertos no han logrado ponerse de acuerdo, para unos fue el último del periodo clásico y para otros, el primero del romántico.

En lo que sí coinciden es en que Franz Schubert fue siempre un niño genio. A los 11 años ya era parte del coro de la capilla imperial de Viena -el más importante de entonces-, sabía piano, violín y a los 19 había escrito la Sinfonía No. 5 en si bemol mayor, D 485.

Podría pensarse que aún estaba muy joven, pero teniendo en cuenta que la expectativa de vida de la época no pasaba los 35 años, Schubert se encontraba en la mitad de su vida adulta.

La obra tiene cuatro movimientos que dialogan entre ellos por medio de contrastes, de la reinterpretación de sus melodías protagonistas y de la simetría exacta de sus finales. Fue escrita para ser tocada por la orquesta del violinista Otto Hatwig en las que luego se llamarían ‘Shubertiadas’, tertulias musicales que el compositor hacía con sus amigos en la casa de su papá.

Cuando las manos de Natalie Murray cerraron la silueta de un círculo en el aire y la Philarmonia Orchestra marcó los dos últimos acordes del cuatro movimiento, los asistentes al Adolfo Mejía dejaron escapar una ovación de varios minutos que se mantuvo durante las tres venias protocolarias de la orquesta y su directora.

Un concierto de puntos medios: entre el estatismo y el movimiento,  entre lo clásico y lo romántico, entre lo sublime del genio y lo mortal del humano. Un conciertos de formas justas.

Artículos Relacionados

  • Participe en el desafío fotográfico de iPhone 2019
  • Artículo interactivo: Entreviste a Juanpis González
  • Happy Pills: “La felicidad está en comprar medicamentos que no necesitamos”
  • Galería: Estas son las películas más influyentes de la historia

Send this to a friend