Teatro La Candelaria: más de 50 años de resistencia

El teatro La Candelaria es la obra máxima de Santiago García y representa una época estelar de la cultura en Bogotá, ideal para visitar esta semana de receso.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 436 de julio de 2006

En momentos de crisis busca el reto. Crisis y retos lo llevan al triunfo. Así es la vida del Teatro La Candelaria desde hace cuarenta años cuando nació en 1966 con motivo de la salida de Santiago García del Teatro Estudio de la Universidad Nacional.

Un texto contra Oppenheimer y la bomba atómica incluido en el programa de la obra Galileo Galilei de Bertolt Brecht, en temporada en el Teatro Colón, provocó la queja de la Embajada de Estados Unidos y condicionó un préstamo de una agencia para programas del alma mater a la salida definitiva de García.

Fue la primera crisis y el primer reto de Santiago García: fundar la Casa de la Cultura en un local pobre y desapacible de la Carrera 13 con Calle 20 de Bogotá.

Lo acompañaron Patricia Ariza, Peggy Kielland, Eddy Armando, Miguel Torres, Carlos Parada, Mónica Silva, Carlos José Reyes, Fernando Laverde, Fernando Mendoza, Jaime Guillén, Pacho Martínez, Celmira Yepes, Fernando Corredor, Vicky Hernández, Consuelo Luzardo, Gustavo Angarita, Roberto Álvarez, María del Rosario Ortiz, María Arango, Marina Zárate, Jacques Mosseri, Eduardo Gómez e Isabel Sánchez.

En ese espacio convergen la cultura que se desarrollaba en la época en la capital: Abraham Zalzman y su proyecto de cinemateca; Hernando Salcedo Silva con la historia del cine; Aseneth Velásquez fundando su Galería y presentando a Luis Caballero; Enrique Grau, Fernando Botero, Pedro Alcántara, David Manzur y Juan Manuel Lugo, que pintaban los afiches y telones y donaban obras para reunir fondos; Raúl García, Frank Preuss y Mario Posada con la naciente Orquesta Filarmónica de Bogotá daban recitales y conciertos; Peggy Dromgold ofrecía conciertos de jazz y Carlos José Reyes estrenaba la primera obra, Soldados, con textos de La Casa Grande de Álvaro Cepeda que recuerda la matanza de las Bananeras de 1928.

Hoy, cuarenta años después, con Antígona de Sófocles la directora Patricia Ariza recuerda la rebeldía y el clamor de las mujeres para que se entierren sus muertos de la guerra, en un canto por la vida y la paz.

En la Casa de la Cultura el dinero no alcanzaba a pesar de las peñas y las donaciones: Luis Antonio Escobar regalaba funciones en el Colón de su ópera Los hampones con textos de Jorge Gaitán Durán.

Hizo historia el Desfile de Modas Año 2000 que presentaron Gloria Valencia de Castaño y Pacheco en el Salón Rojo del Hotel Tequendama: artistas de la plástica diseñaron y pintaron los trajes de sus modelos en un derroche de arte y creación jamás visto.

Alejandro Obregón creó para Estrella Nieto, Enrique Grau para Lina Uribe, Marlene Hofmann para Hilda Strauss. Marta Traba desfiló con Santiago García a ritmo de tango, Ligia Herrera trabajó su traje con cobres y Norman Mejía sorprendió con su pintura violenta. Y Martha Urrea de Botero desde la Galería Colseguros auspició el Primer Festival de Teatro de Cámara.

Mientras tanto, noche tras noche los éxitos de temporada no paraban con Marat-Sade de Peter Weiss, Macbeth de Shakespeare, La metamorfosis de Kafka y obras de Pirandello, Chejov Gombrowicz, Albee, Jarry, Arrabal y Maiakovski hasta que vino el desahucio por retraso en los arriendos del local.

Se supo que uno de los dos propietarios era Julio Mario Santodomingo, y Marta Traba consiguió que les condonaran la deuda, con la obligación de salir al final de la temporada. Era 1968, y el Concejo de Bogotá aprobó una partida para comprar una casona en el barrio histórico de La Candelaria donde están instalados desde entonces con el nombre de Teatro La Candelaria.

DE LO INDIVIDUAL A LO COLECTIVO

Hasta 1971 el grupo presentó ocho obras del repertorio universal. Pero el acercamiento a sectores populares, su compenetración con Enrique Buenaventura y la creación colectiva que hacían Francia con Ariane Mnouchkine y su Teatro del Sol e Inglaterra con Margaret Little lo llevaron a navegar en la creación colectiva, que hasta hoy es su sello de marca.

Nosotros los Comunes, inspirada en el levantamiento de los Comuneros de 1781, fue la primera pieza de creación colectiva. En esa etapa sobresalió como obra maestra Guadalupe años sin cuenta, estrenada en 1975 y con 1.500 representaciones en el país y el exterior.

Coincidió con la vigencia del Estatuto de Seguridad, y La Candelaria fue allanada por las fuerzas del orden que buscaban armas. Decomisaron fusiles y escopetas de palo, los que en escena utilizaron los bandoleros de los Llanos Orientales en Guadalupe.

Es inolvidable también el experimento músico literario de La historia del soldado de Stravinsky, dirigida por Santiago García y con la Orquesta de Cámara de la Filarmónica de Bogotá bajo la dirección de Carlos Villa.

En ella se encontraron armónicamente teatro, danza, pantomima, música y narración. Con la experiencia del colectivo surgieron dramaturgos y directores como Fernando Peñuela, Patricia Ariza y Nohora Ayala. En esas etapas el Teatro siguió acompañado por gente de las artes como Gloria Zea, Jorge Pinto, Juan Antonio Roda, Ana Mercedes Hoyos, Maria de la Paz Jaramillo y Carlos Duque.

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