Tras los pasos de Agatha Christie

Se cumplieron 128 años del natalicio de la escritora de novelas policiacas. Diners recorrió sus pasos en los lugares que la inspiraron.

Que mi padre haya sido un abogado penalista aficionado a la novela policíaca, me permitió estar en contacto con Agatha Christie, “la reina del Crimen”, desde pequeña.

Sus libros solían estar desperdigados sobre el sofá de la casa o en la cómoda, en la que se apilaban los que él ya había leído. En vacaciones, los personajes ingleses y el perspicaz detective Hércules Poirot, creados por Christie, eran mis mejores acompañantes.
En este viaje a través del género policíaco, recorrido a la sombra de mi padre hubo otros autores: Patricia Highsmith; Conan Doyle, con su Sherlock Holmes; Antonio Tabucchi, con ‘Sostiene Pereira; Rubem Fonseca o el genial español Manuel Vázquez Montalbán.

Pero la escritora Agatha Mary Clarissa Miller, siempre me intrigó por el ingenio de sus tramas tejidas con hilos equívocos que llevaban al autor del crimen, quien al final era desenmascarado gracias a la intuición y la perspicacia del elegante Poirot o la muy inglesa señora Marple.

La escena del crimen solía darse en medio de una atmósfera refinada de jardines, bibliotecas de pared, chispeantes chimeneas, el té de las 5 de la tarde o bien al interior del glamuroso tren expreso de Oriente, como se vio recientemente en la película: ‘Asesinato en el Expreso de Oriente’ (2017) en la que Keneth Branagh representa al detective Poirot.
Fue así como queriendo descubrir al personaje detrás de Agatha Christie, viajé a Torquay, lugar en donde nació la dama del misterio el 15 de Septiembre de 1890. Tomé el tren desde la estación de Paddington, en Londres, y sentada junto a la ventana me fui internando en el paisaje de la campiña inglesa.

En un trayecto de tres horas, salpicado de rebaños de ovejas, sembrados de trigo y paneles solares y la repentina aparición de la bella ciudad de Bath con sus homogéneos y viejos edificios de piedra gris verdosa, por los que se asoman las cúpulas góticas de sus iglesias.
Luego llegué a la antigua ciudad de Exeter. en cuya parada se subieron varios jóvenes provenientes, sin duda, de la famosa universidad de ese nombre que le otorgó a Agatha Christie el título de Doctor honoris Causa en Literatura.

Al llegar a la pequeña estación de madera del pueblo de Torquay (Devon), y sentirme en medio de un pueblito costero de no más de 66.000 personas, el contraste se hizo evidente. Aun así, algunas construcciones hablan de pasados esplendores, como el Gran Hotel con su restaurante de amplios ventanales con vista al mar, biblioteca de rojos sillones y espaciosos baños y habitaciones. Fue allí en donde Agatha pasó su luna de miel con el piloto de avión Archibald Christie en 1914 -con quien tuvo a su hija Rosalind – y cuyo apellido llevó hasta su muerte a los 85 años, a pesar de haberse divorciado de él en 1928 por su infidelidad con Nancy Neele.

A las tribulaciones por este hecho se atribuye el episodio de “amnesia” que sufrió Agatha Christie durante el que estuvo perdida 11 días hasta que fue hallada en un hotel, en el que se había registrado con el nombre de la amante de su marido. Este hecho fue representado por Vanessa Redgrave y Dustin Hoffman en la película ‘El misterio de Agatha Christie’, de 1976.

Al bordear la playa de Torquay se aprecia un largo muelle construido en el año en el que nació Agatha, en el que ella solía patinar de niña. Al continuar el trayecto se pasa por una pequeña portada en la que aún se lee “club de Yate Real de Torbay” al que perteneció el padre de Agatha, Frederick Alvan Miller, corredor de bolsa norteamericano quien se casó con la inglesa Clarissa Margaret Boehmer, madre de Agatha, quien la instruyó en casa y estimuló a escribir.

A pocos metros y siguiendo por la empinada calle se llega al hotel Imperial, descrito en 3 de las novelas de Agatha y que, sin duda, tuvo tiempos mejores como lo revela la gran lámpara de araña y el piso de mármol de la amplia entrada.

Al internarse en el pueblo se encuentra el ayuntamiento que sirvió como hospital durante la Primera Guerra mundial, en donde Agatha se alistó como enfermera pero fue asignada a la farmacia. Se dice que allí, observando la elaboración de pócimas, es donde ella aprende de química y venenos, conocimientos que continuó perfeccionando y que utilizó con maestría en sus novelas al describir misteriosas muertes por envenenamiento.

En el jardín de la Torre Abadía, antiguo monasterio en Torquay, se encuentra un área sembrada de potentes plantas venenosas dedicado a Agatha Christie, en el que se distinguen muchos de los ingredientes utilizados en sus tramas, tales como la belladona, cicuta, estricnina, digitalis purpurea veneno usado en “Cita con la muerte”, cianuro, amapola, morfina, nicotiana usado en “Tragedia en tres actos” entre otros.

Se dice que Agatha Christie era tan precisa en la descripción de los síntomas ocasionados por envenenamiento que alguna vez sus libros fueron consultados por patólogos para descifrar un verdadero caso policial.

Pero sus novelas no solo están impregnados de veneno, sino también de descripciones de exóticos lugares que conoció dado su espíritu viajero y explorador estimulado quizás por la visión del inmenso mar del Canal de la Mancha en su infancia.

Agatha visitó varias veces el Medio Oriente, plasmado en ‘Asesinato en Mesopotamia’ o ‘Muerte en el Nilo’, región que frecuentó con mayor asiduidad luego de casarse por segunda vez con el arqueólogo inglés Max Mallowan en 1930.

En ese viaje de la imaginación, Christie pocas veces describió personas de su mundo real, a excepción de la entrañable Miss Marple, inspirada en su abuela.

El personaje es una adorable señora mayor y solterona que entre tejido y tejido, paseos por el jardín y haciendo uso de una inteligencia práctica logra desenmascarar al asesino del caso en medio de su aparente ingenuidad.

Así pues, el viaje que emprendí en busca del rastro de Agatha Christie, en lugar de llevarme a un puerto final, despertó en mí la voracidad por leer y releer sus libros, ver las geniales adaptaciones cinematográficas de su obra y apreciar todas las ramificaciones de esa virtuosa escritora.

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