¿Qué sabemos de poesía hecha por mujeres?

Hace poco vio la luz La Trenza, un fanzine de poesía, ensayo e ilustración hecha por mujeres. Hablamos con dos de sus fundadoras sobre la importancia de reconocer y analizar el trabajo literario de las creadoras nacionales.

¿Puede recordar el nombre de diez mujeres poetas colombianas? El ejercicio contrario (contar hombres poetas) podría resultar en una lista de veinte, treinta o hasta cuarenta. Es más que curioso, porque hay tantas mujeres como hombres escribiendo, y de eso trata La Trenza, un fanzine de y sobre poesía hecho por cinco mujeres, en el que tres poetas, tres ensayistas y tres ilustradoras se encuentran para cruzar sus trabajos.

Esto se convierte en una novedad por varios motivos: porque la literatura en Colombia se lee en su mayoría desde la voz de los hombres, porque siempre es reduccionista el hablar de “literatura femenina” que reduce todo a un mismo grupo y porque toda publicación no institucionalizada o masiva tiende a desaparecer entre la competencia con las grandes editoriales.

“Creo que hay un momento de alta conciencia desde esas voces que no son nuevas, no es que la mujer apareció en los últimos años sino que viene haciéndole eco a unas voces que siempre han existido y que no han estado visibilizadas lo suficiente, pero las mujeres siempre hemos escrito, a pesar de la fuerza masculina que ha oprimido y ha opacado a las mujeres tanto tiempo, siempre hemos tenido un papel fundamental en la construcción de la sociedad. Creo que la poesía es un medio de visibilizar esa voz. Iniciativas como La Trenza son muy importantes en un país donde se cree que el feminismo no existe, que es una cosa muy bélica y retrógrada, beligerante, en donde se han burlado del feminismo, de las reivindicaciones de las mujeres”, asegura Fátima Vélez, una de las tres poetas que escribió para la primera edición.

Para Mery Yolanda Sánchez, otra de las poetas que escribió en esta primera edición, La Trenza es “una idea de mujeres muy jóvenes, poetas y estudiosas. Eso llama la atención porque comienza un cambio, por leernos, por reconocernos. Es una apuesta novedosa que ayudará a que se amplíe el espacio para las mujeres creadoras, sin que sea necesario entrar a ese gran cielo de mundos pequeñitos”.

Jenny Bernal, Camila Charry, Carolina Dávila, Tania Ganitsky y María Tabares son las creadoras de La Trenza, que comenzó como un taller de poesía en donde se comentaban sus trabajos.

El proyecto nació en un taller de poesía, ¿cómo evolucionó a fanzine?

Camila Charry:

Entre todas fuimos reelaborando hacia dónde queríamos ir con la poesía. Ya teníamos un cuerpo entre nosotras que funcionaba desde la mirada que cada una le daba a los poemas de otros, y a través de esos intercambios cada una llegaba recomendando con nuevas poetas y fuimos compartiendo gustos. A raíz de ese compartir surge la idea de que hay mucho más por compartir y que queremos hacerlo de una manera crítica, de una manera mucho más pensada, mucho más reflexiva, darle cabida a un trabajo mucho más estructurado, mucho más puntual sobre qué es lo que se escribe, qué es lo que escriben las mujeres en Colombia, hacia dónde apunta, qué búsquedas hay, hay búsquedas comunes, qué puede salir de allí que no sea solo la lectura contemplativa de un poema, sino cómo le entramos más a fondo a esto que están escribiendo las mujeres.

María Tabares:

Básicamente fue una afinidad poética y de amistad. Además de confianza, sabes que en el arte y en la poesía, cuando escribes hay una entrega muy grande, hay una desnudez muy grande y uno es muy delicado en el sentido de vulnerable. Entonces las críticas eran críticas honestas, además hechas de manera muy amorosa. Eso estrechó los vínculos. Además a todas nos interesa la poesía a fondo.

¿Por qué fanzine y no libros o revistas?

M.T.:

Desde el principio pensamos que fuera fanzine en la medida en que es la publicación que está fuera del statu quo. Es irreverente, libre, contestataria, además de que es una publicación sencilla en cuanto al formato y los materiales, tiene una facilidad de distribución mucho mayor que es en lo que pensamos en muchos aspectos. Esta publicación es autogestionada, nosotras decidimos hacerlo por nosotras mismas y además las personas que participan también lo hacen ad honorem. También sabemos que la poesía se mueve en unos círculos muy cerrados, entonces el libro tiene una formalidad y unos costos mayores, una estructura distinta, en la medida en que tengamos un fanzine podemos llegar a muchas más personas, no solamente a poetas sino que podemos entrar a una divulgación más amplia, más ágil.

C.C.:

Esta estructura de publicación es una cosa bastante reciente en Colombia, entonces puede que exista a través de otros géneros, que existe para publicar otro tipo de contenidos. En este caso en particular, de poesía y ensayo, es el primero que hay, es una novedad, y creo que es una de las grandes virtudes de lo que estamos tratando de hacer, y es mostrar cómo podemos anclar distintos tipos de géneros (ilustración, poesía, ensayo) a través de un concepto dinámico que nos permite cierta movilidad. Estamos explorando qué es un fanzine y hasta dónde puede llegar, sus potencialidades y hasta el momento hemos visto que es una forma que no se agota, que invita al público a acercarse de otra manera, y es algo que nos toca mostrar y contar. Estamos en la construcción colectiva de qué es el fanzine y para qué sirve.

¿Qué han descubierto con este ejercicio?

C.C.:

Hemos encontrado que hay muchas mujeres escribiendo. Que no se leen con rigor, que lo que se publica es a pocas mujeres que tienen contacto con editoriales institucionalizadas y siempre se vuelve la dinámica de los mismos con las mismas. Que es peligroso porque se dejan de lado cosas que tienen un valor tremendo. Hemos descubierto que hay mucha tela para cortar, que hay muchas voces importantes que merecen ser oídas que no han tenido ni el espacio ni la difusión para entrar a circular. Otra de las cosas que hemos visto es que todo está por descubrirse, que tenemos que poner en contacto y en diálogo a mujeres de diferentes latitudes de Colombia, de diferentes geografías, de diferentes generaciones, desde allí particularmente se construye ese microcosmos que les permite a ellas también reconocerse. Esto nos ha permitido que ellas se pongan en contacto entre ellas, que nosotras ampliemos la lectura de poetas que no habíamos contemplado por lo mismo. Lo otro que vemos es que hay búsquedas muy variadas; hay unas más atadas a un lenguaje tradicional, otras que están haciendo unas exploraciones diversas nuevas, otras búsquedas.

¿Y cuál es el rol del ensayo en esta publicación? Porque eso la diferencia de una antología…

M.T.:

Cuando se publica o circula la poesía escrita por mujeres, digamos, antologías, pueden ser antologías estimuladas por una editorial, por varias personas o, incluso, que es raro, de solo mujeres, todo se queda en leer rápido y decir ‘a mí me gusta o no me gusta’. Hay gente que dice que las mujeres están renovando la literatura, pero, ¿será verdad? Entonces lo que buscamos es hacer más lenta la lectura, cambiar la velocidad con que se lee a alguien. Esto nos va a permitir a todos tener un mayor conocimiento de lo que hay realmente.

C.C.:

Eso es muy importante porque estamos acostumbrados a abrir un libro, hay diez poemas de varios autores y un prólogo general que habla a grandes rasgos de todos y de ninguno. Entonces con este ejercicio que es publicar solamente dos o tres poemas que sean muy relevantes para el autor, la persona que hace el ensayo se concentra particularmente y escarba en ellos, rescata símbolos, lenguaje, continuidad de algunas imágenes, cosas muy particulares, y uno se enfrenta a una lectura mucho más particular y con el placer de haber visto cómo alguien desentraña ese misterioso mundo que puede haber en un poema y no se pasa de largo, como las antologías, por todos y ninguno, por el ‘me gusta o no’.

Me imagino que también sirve para darnos cuenta de que hay más mujeres escribiendo de las que creemos

C.C.:

Cuando comenzamos a trabajar en esto y nos preguntamos cómo lo íbamos a hacer, lo primero que necesitábamos era una lista de poetas. Entonces cada una, desde sus afinidades, desde lo que conocía o había leído, hizo una sugerencia de 25 poetas, es decir que en este momento tenemos una lista de más 100, y seguramente se nos están escapando muchas. La idea primero fue sentarnos a leer y después lanzar nombres sugeridos, y luego las que tuvieran más votos las discutíamos y leíamos de nuevo. La idea es siempre llegar a un consenso.

M.T.:

Llegar a la decisión de estas tres poetas fue relativamente fácil, pero estamos abiertas a ver qué nos pasa. Ser un grupo es un proceso que toma tiempo, nada se hace antes de que toca. A ellas llegamos fácil porque nos parece que son realmente tres poetas de muy buena calidad, que tenían búsquedas poéticas y enfoques distintos. Las tres ensayistas son personas con mucho rigor y poéticamente tienen mucho valor.

¿Por qué La Trenza es una trenza?

M.T.:

Llegar al nombre de La Trenza fue un camino largo y arduo. Aquí nadie manda, nadie coordina a las demás, y todas tenemos un carácter fuerte, somos escritoras y estamos acostumbradas a trabajar en soledad, y es un trabajo democrático. Sin embargo, no se trata de mayoría de votos. Buscamos llegar realmente a un consenso, eso significa que los procesos son más largos, más ríspidos, pero llegamos. De entrada ‘La Trenza’ es una imagen, también es muy femenino, entonces de eso precisamente estamos hablando y buscando. Conceptualmente si lo ves, son tres gajos, tres cosas que se anudan, pero trenzas no son solamente el pelo, también las redes, los hilos, hay una cantidad de materiales que requieren ser trenzados para que exista una nueva cosa. Entonces la Trenza es algo que no existía porque es fruto de una unión conceptual de tres: tres poetas, tres ensayistas y tres ilustradoras.
C.C.:

Hay una idea de que poco se encuentra esa solidaridad entre mujeres, y cómo es tan bueno ir atando esa solidaridad de aquí y de allá.

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