Amor y dolor: así es la pasión del fútbol según la ciencia

¿Por qué somos hinchas de un equipo que siempre pierde? ¿Nos podemos enamorar de un equipo? Diferentes estudios le han hecho un minucioso seguimiento al llamado “deporte rey” y han intentado resolver estas y otras inquietudes.

“Santa Fe es mi novio, mi esposo, mi amante, mi todo. La gente dice que soy fanática y yo digo que no, aunque de pronto sí, después de la muerte de mi mamá se volvió lo más importante en mi vida. Nunca pensé que por un equipo de fútbol pudiera experimentar todos los sentimientos, pasar de la alegría a la tristeza extrema, porque cuando hay tristeza uno no duerme, el único que me quita el sueño es Santa Fe”. Así, como una adolescente que acaba de conocer al amor de su vida, Nancy Hurtado, de 55 años, describe lo que para ella representa su equipo de fútbol.

“Si una persona ve imágenes de las personas que ama, se activan ciertas áreas del cerebro, descubrimos que los mismos circuitos se activaban cuando veían imágenes de su club”.


Cada fin de semana que juega Santa Fe, ella está dos, tres y hasta siete horas antes de que comience el partido. Su labor: organizar la fiesta en el estadio, entrar las banderas, tener listo el papel picado. En la tribuna oriental la conocen como “la profe”, pues durante 33 años trabajó como docente de educación física. Ahora está al mando de la barra “Los mismos de siempre”. Es de las pocas mujeres líderes en el mundo barrista futbolero.

Cuando Nancy habla de Santa Fe lo hace en términos de “nosotros”, dice que convertirse en accionista del equipo fue como si hubiese prometido votos matrimoniales, como jurar amor eterno.

Dice que cada derrota se siente como una pelea de quinceañeros que se prometen no volver a verse, pero que a los ocho días están ahí de nuevo, con la ilusión de reconciliarse luego de una nueva victoria. Para algunos, tanto afecto por un equipo de fútbol resulta una exageración, incluso, incomprensible, pero unos investigadores de la Universidad de Coimbra, en Portugal, encontraron que tiene sentido.

Luego de ganar un partido, los hinchas son 3,2 % más felices durante una hora; sin embargo, cuando pierden, la tristeza duplica el valor de la felicidad y alcanza a ser del 7,8 %.


Reunieron a 61 fanáticos del Porto y el Coimbra y les mostraron una serie de videos en los que proyectaban, por ejemplo, imágenes de sus equipos derrotando a sus máximos rivales y también perdiendo contra ellos. Mientras tanto, les iban realizando escáneres por resonancia magnética.

Los resultados fueron contundentes. La dopamina, la llamada hormona del amor, aumentó. “Se sabe que la dopamina es fundamental en el procesamiento de la memoria y de la memoria de placer o de recompensa.

Cuando una persona ve imágenes de las personas que ama, se activan ciertas áreas del cerebro, y fue asombroso descubrir que los mismos circuitos se activaban cuando veían imágenes de su club, eso está relacionado con que la persona se siente parte de un grupo”, le explicó a Diners, Catarina Duarte, una de las investigadoras.

Nancy cuenta que por estos años ha vivido una luna de miel con Santa Fe, a pesar de las dolorosas derrotas sufridas recientemente (como la final perdida contra Millonarios en diciembre del año pasado).

Eso ha hecho que más gente vaya a El Campín, y que en cuestión de una década el promedio de hinchas en el estadio aumentara de tres mil a más de diez mil. Sin embargo, no todos los fanáticos de un equipo llegan a serlo a raíz de las victorias, algunos consiguen seguidores debido a sus derrotas.

“El alzhéimer borra la memoria, pero no la pasión por el fútbol ni las emociones, eso es lo que queremos recuperar a través de terapias de reminiscencia”.


En 2006 se emitió el primer capítulo de Atlas, la otra pasión, una serie que cuenta la historia del equipo argentino que llegó a ser considerado, en el año 2000, el peor equipo del mundo.

“El último de los últimos”, así se le conoció al conjunto cuyo atractivo era ser el equipo que más partidos perdió, al que más goles le convirtieron y que más veces descendió. En 2011, Atlas llegó a una final que, de ganarla, le permitiría subir a la categoría C del fútbol argentino. Perdió, y desde entonces, Matías Silva, porteño hijo de uruguayo y argentina, se enamoró del club.

“La gente apoya al equipo porque entiende que el jugador de Atlas es alguien que lucha el doble, no solamente por lograr resultados deportivos, sino en la vida; todos los jugadores que han pasado por el club trabajan en otra cosa, hasta tienen dos trabajos para mantener a sus familias.

Un hincha puede invertir entre 20 y 25 horas de su tiempo a la semana solo viendo fútbol.


Nunca le regalaron nada, debe cuidar la ropa el doble, si se le rompe una remera no hay otra de reemplazo. Todas esas cosas pequeñas te hacen ver que el jugador de Atlas realmente la sufre, la vive día a día y cuida cada cosa que le dan”, cuenta Silva desde Buenos Aires, quien por cosas del fútbol terminó siendo el community manager del club.

Los dos momentos más importantes para Silva, como hincha de Atlas, han sido dos derrotas. La primera, cuando perdió la final en 2011 y la segunda, cuando el equipo fue vencido 3-0 por River Plate.

“Sentía orgullo porque los jugadores habían llegado a su máxima expresión, ¡un equipo de la división D enfrentando a uno de los mejores del país!, me sentía orgulloso por ver lo que pasó con Wilson Severino (el goleador histórico), que apenas entró fue a abrazar a un rival, a Leonardo Ponzio, defensa de River, es como un cuento. En ese momento todos éramos Wilson, todos éramos Atlas, no fue una derrota triste, estaba contento”.

El fútbol genera ese tipo de paradojas; y según investigadores de la Universidad de Sussex, en Reino Unido, la anécdota se complementa al saber que un hincha de fútbol, sea del equipo que sea, así esté acostumbrado a ganar títulos, sufre más de lo que disfruta.

Después de analizar tres millones de respuestas de 32.000 personas, determinaron que luego de ganar un partido, los hinchas son 3,2 % más felices durante una hora; sin embargo, cuando pierden, la tristeza duplica el valor de la felicidad y alcanza a ser del 7,8 %.

Un gran gol se aloja en una parte del cerebro que algunos utilizan como herramienta para combatir enfermedades degenerativas.


“La mayoría de los hinchas te dicen que el fútbol los hace felices, pero este análisis de información cuenta una historia muy distinta”, le explicó George Mackerron, uno de los investigadores, a la BBC.

Quien es hincha de un equipo lo hace por varias razones: porque en su familia se lo inculcaron, porque los títulos que consigue lo cautivaron, “o por épica del perdedor. Se generan solidaridades y empatías con los equipos que no ganan hace muchos años o que tienen muy poco palmarés o trofeos.

Se vuelve tan apasionado el que todo lo ha ganado como el que todo lo ha perdido. Es un contexto desde la sociología simbólica muy importante, porque esto define su identidad y la alteridad”, aclara Alejandro Villanueva, investigador social del deporte de la Universidad Pedagógica.

Para Villanueva, la pasión que despierta este deporte pasa por el negocio que se construyó alrededor de él. “Casi todos los días hay fútbol, ya sea Copa Libertadores, Champions League, ligas locales o grandes torneos. Cada año y tres meses tenemos un megaevento mundial de fútbol: Copa América, Mundial Sub-20, Copa Confederaciones, Mundial Femenino, etc.

Todo está pensado en clave de consumo, y un hincha puede invertir entre 20 y 25 horas de su tiempo a la semana solo viendo fútbol”.

A esta dinámica del deporte, que lo posiciona como el más popular del mundo, se le suman los hallazgos que realizó un equipo de científicos del Laboratorio Nacional de Álamos, en Nuevo México, los cuales encontraron que el fútbol resulta tan apasionante porque es el más impredecible. A esa conclusión llegaron luego de analizar más de 300.000 partidos de diferentes deportes jugados durante el siglo XX.

Esta pasión hace que los sentimientos de euforia y nerviosismo se sientan por igual. Durante la final del mundial del 2010, cuando se enfrentaron España y Holanda, los hinchas ibéricos vivieron, quizá, futbolísticamente hablando, el día más estresante de sus vidas.

“La palabra que mejor resume ese momento es tensión, sobre todo cuando llegamos a la prórroga, pasado el minuto 100 te dabas cuenta de que cualquier jugada podía marcar la diferencia, un gol en esos momentos, por resultado y nivel anímico, te deja fuera, y así ocurrió, o eres campeón del mundo o pierdes en una jugada… Holanda tuvo ocasiones muy claras, que salvaron Casillas y Puyol cortando milagrosamente…, una tensión muy grande”, narra Javier Horas, español que en ese entonces tenía 18 años.

Según la investigación realizada por Mercedes Almela, del Laboratorio de Neurociencia Social de la Universidad de Valencia, y publicada en la revista especializada PLOS ONE, los niveles de testosterona de los hinchas superaron 29% el nivel habitual, y el cortisol, la hormona que se libera como respuesta al estrés, creció al 52%.

“El fútbol es una amenaza para la identidad social. Si gana tu equipo eres el mejor, pero si pierde quedas vencido. El cortisol y la testosterona te preparan para afrontar esa situación que amenaza tu yo social”, le explicó Almela al diario El Mundo de España.

Luego vino el gol de Iniesta. “Un momento increíble, fue una locura, y muy raro también, quedó solo delante de la portería y no lo creía posible, pensé que era fuera de juego, cuando remató y validaron el gol, saltas, gritas, te abrazas, se siente como si no fueses persona, no puedes describirlo, y es una sensación increíble, la felicidad hecha momento, uno de los momentos más felices de mi vida”, añade Horas.

Todos los momentos que reúne el fútbol, desde los gloriosos hasta los más desastrosos, dejan una huella en la mente. Y no es exageración. Las sensaciones que imprimen en la memoria la habilidad de un jugador legendario, o un gran gol, se alojan en una parte del cerebro que algunos utilizan como herramienta para combatir el alzhéimer.

En 2014, la Universidad Autónoma de Barcelona, aliada con la Federación Española de Asociaciones de Futbolistas Veteranos, realizó una investigación en la cual concluyó que hablar de fútbol ayuda a las personas con alzhéimer y deterioro cognitivo a estimular su memoria, atención y mejorar el estado de ánimo.

“El alzhéimer borra la memoria, pero no la pasión por el fútbol ni las emociones, eso es lo que queremos recuperar a través de terapias de reminiscencia”, explica en un video la doctora Laura Coll, investigadora principal del estudio.

Realizaron una alianza con la revista deportiva Líbero, que elaboró cuatro ediciones especiales como si hubiesen sido publicadas en las décadas de 1940, 1950, 1960 y 1970. En ellas narraron momentos importantes en la historia del fútbol y plantearon ejercicios para estimular la memoria.

“El fútbol tiene una capacidad impresionante para trasladarnos a la infancia. Es un lugar virgen, puro de felicidad e ilusión, sin la contaminación del paso de los años. El último resquicio hacia la felicidad, el recuerdo de las tradiciones familiares, los partidos con los amigos, las ilusiones infantiles, las alegrías compartidas”, le explica a Diners, Diego Barcala Pérez, editor y director de Líbero.

El plan era llevar los libros a todos los centros que trataban el alzhéimer, pero el proyecto, financiado a través de crowfunding, no logró la recaudación esperada, así que con lo conseguido se le apostó a elaborar revistas digitales y una radio con los audios de partidos como Real Madrid – Pontevedra en 1968, que puede sintonizar a través de la página http://footballmemories.revistalibero.com/

La ciencia ha demostrado que la pasión por el fútbol llega a determinar desde aspectos externos, como el consumo, hasta internos, como la producción de dopamina en el organismo.

Amor, ansiedad, estrés, alegría, tristeza, son algunas características de la anatomía del hincha, que lo llevan al punto de decir que apoya a un equipo porque siempre pierde, o hasta asegurar que estará enamorado de él por toda la eternidad.

Artículos Relacionados

  • Destino: Colombia, el viaje de las ballenas jorobadas
  • Cinco canciones para disfrutar el fin de semana
  • Música para después de una tormenta con Ariana Grande
  • Dirty Proyectors, un viaje de melodías folclóricas

Send this to a friend