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Tras la escena

Los escenógrafos crean mundos en movimiento para que el espectador se transporte a otras épocas y la trauma fluya ante sus ojos. Así diseñaron el trasfondo que se vio en la última temporada de la Ópera de Colombia.

Foto: Juan Felipe Rubio

Los escenógrafos crean mundos en movimiento para que el espectador se transporte a otras épocas y la trauma fluya ante sus ojos. Así diseñaron el trasfondo que se vio en la última temporada de la Ópera de Colombia.

La ópera. Hay quienes la aman y quienes la odian. No hay puntos intermedios. Para quienes la aman es la máxima expresión del espíritu humano. En la forma, incluye todas las artes escénicas: la danza, el teatro, el canto y el video. En el fondo, explora todas las emociones posibles: el amor, la envidia, el deseo de poder, el dolor, y conmueve al espectador. Quien va por primera vez queda maravillado, y el afi cionado asiduo vuelve a ella como quien reincide en su vicio. La ópera se mete en la piel y se convierte en una adicción. Pero también hay seres para los que este arte lírico pasa a ser el amor y la vida. Los que un buen día deciden que se entregarán a ella aunque no sean cantantes, bailarines, músicos o directores.

Eso fue lo que les sucedió a Nicolás Boni y Liliana Duque, los dos escenógrafos que crearon las estructuras que veremos a partir del 25 de agosto en el teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá. Aunque son dos artistas con formaciones diferentes, tienen en común que aman el género lírico con cada fi bra de su ser. Por eso crean con tanto esmero mundos mágicos que transportan al espectador exactamente al lugar donde transcurre la acción, la magia, el amor.

La tarea de un escenógrafo no es nada fácil. Su trabajo debe ser lo sufi cientemente sutil para no robarse el protagonismo de los artistas, pero también debe ser lo sufi cientemente fuerte para convertirse en un vehículo que ayude a transmitir lo que la obra busca decir sin que se pierda el sentido de la misma. Entre las propuestas de puesta en escena se destaca la de Boni, un argentino de 34 años que un buen día decidió dejar la carrera de medicina para estudiar bellas artes, y que recibió la ardua tarea de diseñar la escenografía de Don Carlo, una ópera de Giuseppe Verdi que el público colombiano verá por primera vez el 27 de agosto.

Don Carlo está basada en hechos históricos y narra la historia de Carlos, príncipe de Asturias, y sus enfrentamientos con su padre, Felipe

Don Carlo está basada en hechos históricos y narra la historia de Carlos, príncipe de Asturias, y sus enfrentamientos con su padre, Felipe II de España, cuando éste se casó con Isabel de Valois, originalmente la prometida de su hijo. La obra representa una época terriblemente oscura para España y para la Iglesia católica, pues tras el drama humano se desarrollan la Inquisición, la Contrarreforma, y la rebelión de los calvinistas.

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La escenografía de Boni está llena de un simbolismo que transporta al espectador a la época en que se desarrolla la trama. En el centro del escenario hay una cruz gigante que lo atraviesa, cuyo tamaño aumenta o disminuye de acuerdo con el diálogo, pero que nunca desaparece, y en ocasiones se convierte en una especie de columna vertebral, al punto de lograr un efecto sobrecogedor en los espectadores. Los personajes, bajo su influjo, son fi chas en un juego de poder que trasciende su existencia.

El argentino logró retratar el Zeitgeist, el espíritu de los tiempos en la España del siglo XVI, dominada por un rey de un catolicismo fanático, con la Inquisición en su máxima expresión, y con el permanente fantasma de ese rey que fue Carlos I. España se encontraba entonces en una grave crisis económica y social agravada por la llamada Leyenda Negra,una concepción negativa de todo lo relacionado con España y sus habitantes, centrada en la fi gura de Felipe II y la influencia que sobre él ejercía la Iglesia católica.

Para ilustrar el carácter oscuro de Felipe aparecen en el escenario, además de la cruz, una serie de vanitas o bodegones muy de moda en esa época, que se caracterizaban por mostrar siempre una calavera o algún otro símbolo de la muerte, siempre presente en la obra. Los espectadores se preparan así para un final doloroso. Al fin y al cabo, Don Carlos murió a los 23 años a manos de la Inquisición. Si la lucha por el poder en la España del siglo XVI le parece demasiado fuerte, prepárese entonces para ver Don Pasquale, una ópera buffa (cómica) de Gaetano Donizetti. Don Pasquale es un viejo rico que desea obligar a Ernesto, su sobrino y único heredero, a casarse en contra de su voluntad con una dama de abolengo y con propiedades, cuando en realidad ama a Norina, una joven de origen humilde. Es una comedia de equivocaciones en la que al final triunfa el amor.

En el diseño de la escenografía, la colombiana Liliana Duque cambió a la Roma del siglo XIX, su escenario original, por la New York de los años treinta. El resultado es un escenario tipo art déco bien logrado, con piezas originales que le dan realismo a la escena y que sigue la tendencia impuesta por el Metropolitan de New York, de establecer nuevos contextos históricos y ubicar en nuevas ambientaciones a la ópera. Sus temas son tan universales que trascienden el momento histórico y el lugar en el que fueron concebidos.

Duque, quien participó en 2007 en la creación de este escenario, diseñó un espacio de dos niveles que no sólo da más campo de acción a los cantantes, sino que también lo hace más realista. El resultado es un decorado que tiene parecido con un penthouse neoyorquino de la época.

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La temporada cerrará con Madama Butterfly de Giacomo Puccini, que se estrenó en Colombia durante la temporada de ópera 2008 y que contará nuevamente con el diseño de escenografía de Duque. La obra es una de las más representadas en el mundo por sus cautivadoras música e historia. Narra la historia de amor entre Cio Cio San (Señora Mariposa), una joven japonesa, y Pinkerton, un oficial de la marina estadounidense que se encuentra en Japón por poco tiempo pero que dejará en su amada una huella que sólo la muerte podrá borrar. La trama ha dado lugar para un sinnúmero de versiones, entre ellas el musical Miss Saigon, y la película M. Butterfly, protagonizada por Jeremy Irons.

Los directivos de la Ópera de Colombia tenían una imagen clara de cómo deseaban ver la ambientación de esta obra. Para retratar el Japón de comienzos del siglo XX querían una escenografía basada exclusivamente en paneles tradicionales japoneses: la propuesta de Duque se ajustó a sus necesidades. Ella visualizó una estética minimalista, en la que los paneles se abren o cierran según el desarrollo de la trama y, con un simple movimiento, dan lugar a nuevas habitaciones o exteriores.

Madama Butterfly es para Duque su obra maestra y con razón. La simpleza de los paneles refleja a la perfección el minimalismo propio de la cultura japonesa y transmite la desolación y la soledad de Cio Cio San. Esa es la intención de su trabajo y de la ópera como tal: aproximarse al alma del espectador y abrirle la imaginación.

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Octubre
20 / 2011

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