Homenaje al son cubano

La música cubana ha despertado un renovado entusiasmo internacional en los últimos años. ¿Cuáles son sus orígenes y sus autores? Una cubana de pura cepa nos brinda sus ideas sobre el tema.

Publicado originalmente en Revista Diners Edición 346 de enero de 1999

Encontrar en una musiteca de Bogotá al sonero tradicional Compay Segundo entre la joven Shakira y el rockero Marilyn Manson, anunciados como ofertas del momento y presentados como acontecimientos musicales de fines de siglo, es buen índice para hablar del origen, la historia y el bum actual de la música cubana.

No es gratuito que el joven empleado de la musiteca, con “Buena Vista Social Club” en mano, explique que este disco junto al del pianista Rubén González y “Afro Cubans All Stars” forman la trilogía sonera grabada por la “vieja guardia” de músicos cubanos, y que es de “lo máximo” en los últimos tiempos. Coloca el cd y se escucha:

El cariño que te tengo
yo no lo puedo negar
se me sale la babita
yo no lo puedo evitar.

Justo uno piensa que así debió haber cantado el músico estadounidense Ry Cooder, productor de “Buena Vista Social Club”, al emprender su cruzada a la isla. No encontró el arca perdida de Indiana Jones, pero tuvo más suerte que los buscadores del Titanic. Halló un verdadero tesoro: soneros añejados en buen tumbao cubano y en aroma tropical de tabaco, ron y café.

“La vieja guardia” recorre el mundo

Se dice que en Cuba se levanta una piedra y sale un sonero. “La vieja guardia sonera recorre el mundo ahora que tiene más de 60, más de 70 y hasta 90 años. Compay Segundo, Rubén González, Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo, Eliades Ochoa y Manuel “Puntillita” Licea, intérpretes de “Buena Vista Social Club”, en los años cuarenta y cincuenta pertenecieron todos a agrupaciones cubanas ya para entonces famosas, como el Conjunto Matamoros.

Comprobar que estos soneros están en el bum de la música universal despierta curiosidad, sobre todo porque en 1999 “Buena Vista Social Club” recibió el premio Grammy al mejor álbum tropical, y el premio lo ganaron haciendo la música tradicional cubana con el tumbao como base sonora.

Una de las tantas razones del nuevo éxito del son tradicional es la misma que lleva al público a recibir casi fanáticamente las historias dulzonas del cine. El público quiere paz, amor, tranquilidad, busca el pasado, lo añejo y adorna su casa con objetos antiguos. También se ha saturado de resultados electrónicos y disfruta como lo hicieron nuestros abuelos de los sonidos acústicos de la guitarra, el bajo y las congas de la música tradicional cubana.

Tumbao cubano

Los negros en Cuba, sometidos a la esclavitud, mantuvieron sus ritos y creencias durante un tiempo, hasta que fue inevitable la mezcla con los blancos españoles. El amor y la carne dieron una nueva raza, y también se produjo el maridaje del resonar de los tambores africanos con romancero español, que sacudió el trópico hasta sus entrañas y en feliz alumbramiento nació la cultura mulata, o lo que es lo mismo, la cultura sincrética.

La mezcla de lo blanco y lo negro en la isla se dio en ausencia absoluta de elementos aborígenes, porque los antiguos pobladores de Cuba fueron exterminados temprana y masivamente por los conquistadores españoles, razón para que la cultura cubana tuviera una fisonomía propia desde su nacimiento. Si de España había llegado a Cuba la Virgen de Illesca y luego apareció la patrona criolla, la Virgen de la Caridad del Cobre, el sincretismo encontró la homónima santa mulata, Ochún, la diosa sensual de la música, el baile y la putería.

La música fue hija mayor y privilegiada de la cultura sincrética cubana. Mayor, porque ya en el siglo XVI en Santiago de Cuba existían conjuntos típicos que interpretaban sones; y privilegiada, por su tumbao, que la identifica, distingue y es base integradora para una cultura musical americana.

El tumbao es el ritmo que tan sabroso se brinda al bailador y que se consigue con la fusión del piano o la guitarra, el bajo sonero y la percusión. Es la base sonera de la música tradicional cubana. El sonero es pura tónica y dominante, como dicen los músicos en Cuba: “papá y mamá”. As de sencillo y pegajoso para entonarlo y bailarlo: “De Alto Cedro voy para Marcané/ luego a Cueto voy para Mayari”.

Como los héroes de la Iliada…

Un viejo refrán dice que nadie es profeta en su tierra. Cuando aún ni se soñaba con el Grammy, los músicos cubanos se dispersaban por el mundo en busca de mejores posibilidades, al igual que se dispersaron los héroes de Iliada por el Mediterráneo al terminar la Guerra de Troya*. México, Venezuela, Colombia, Francia, España, Estados Unidos, tuvieron la presencia de músicos y ritmos cubanos desde principios de siglo, que de inmediato conquistaron al público, y a intérpretes que incorporaron a sus repertorios clásicos temas cubanos.

¿Quién no se ha preguntado de dónde son los cantantes, mamá?

En 1928 la RCA Victor se apuntó un buen récord de venta del Trio Matamoros. Dámaso Pérez Prado recibió en los años cincuenta El Disco de Oro, con Cerezo Rosa, y batió récord mundial con la venta de Patricia, tema de la película La dulce vida. Hollywood se inspiró en la canción de Ernesto Lecuona para filmar Estás en mi corazón.

En Cartagena, en los años cincuenta, las mujeres se vestían siguiendo la moda de la vedette cubana Rosita Fornés, y los hombres usaban los zapatos de dos tonos, los cocacolos, imitando al sonero mayor de Cuba, Benny Moré. Nueva York fue en los años treinta y cuarenta ciudad de reunión de músicos cubanos, desde entonces han unido sus talentos a músicos estadounidenses y latinoamericanos. Cuando en los setenta la Fania All Stars grababa con Celia Cruz, ya hacía mucho tiempo que Machito, Frank Grillo, percusionista cubano, había compartido escenario con Dizzy Gillespie, Count Bassie, Charlie Parker y Duke Ellington.

En Miami, en los años setenta, surgió un nuevo timbre sonoro que recurrió al desarrollo electrónico para la mezcla del son, el rock y el pop. Esto fue liderado por el grupo Miami Sound Machine que fundó el cubano Emilio Stefan y en el que surgieron las voces de John Secada y Gloria Stefan, distinguida luego con el premio Grammy.

Mis 22 años

En Cuba, por los años setenta, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez y otros cantaautores fundaron el Movimiento de la Nueva Trova que se entroncó con la canción protesta. Silvio se convirtió en un éxito latinoamericano por sus textos poéticos y la diversidad de temas, como el amor y la vida misma, tratados con desenfado y humanismo.

Pablo, también con excelentes letras para interpretar todos los géneros caribeños, saltó al escenario mundial. Se erigió como el más representativo de ese momento al alcanzar una espectacular síntesis musical que unió a varias generaciones de autores e intérpretes. Esto, claro, ya lo había conseguido desde los años sesenta con su canción Mis 22 años, lírica en su melodía, contrasta con el bajo sonero e integra la segunda parte a ritmo de guajira son.

Cuba hoy… timba brava

Los años setenta recibieron explosivamente la salsa, movimiento en el que intervienen músicos portorriqueños, neoyorquinos, venezolanos, dominicanos colombianos, panameños y cubanos. La salsa, teniendo como base el son, logró fusionar en maravillosa síntesis cultural los ritmos caribeños: conga, guaracha cumbia, porro, merengue, calipso. Hoy, en Cuba, una generación de músicos de alta instrucción académica y folclórica añaden a la salsa el jazz y la apropiación de elementos de la llamada música culta, a tenor de las tendencias retro y posmodernistas del arte actual, logrando una mayor complejidad en el tumbao cubano, y dando lugar a la timba brava.

La timba brava representa una evolución con respecto a la salsa. Se hace aún más predominante el timbre percutivo, fortalecido por las mezclas de instrumentos de percusión que al fusionarse con los armónicos da un resultado más agresivo que la salsa.

El estudio y el conocimiento de la percusión hace que músicos como Leo Brawer, Gonzalito Rubalcaba y Chucho Valdés consigan con instrumentos armónicos el ritmo y sabor de la percusión. Agrupaciones cubanas como Irakere, Van Van, N G La Banda, Isaac Delgado, Paulito y su Elite, El Médico de la Salsa, que se impusieron en el mercado internacional, son en la música popular cubana representantes de la timba brava.

¿El son se fue de Cuba?

En los años sesenta se produjo una nueva y grande dispersión de músicos cubanos. En opinión de muchos, el son se iba de Cuba. El Grammy 98 prueba que la isla es verdaderamente prolífera.

En verdad, el son y música cubana en general se han multiplicado los últimos cuarenta años, a la vez que ha crecido el número de músicos, productores, melómanos y coleccionistas de la música cubana en el mundo entero.

Los que se fueron entonces, contribuyeron a que continuara y hasta se incentivara aún más el gusto y aceptación por la música cubana. Son los casos de la Sonora Matancera, Celia Cruz, Guillermo Portabales, Will Chirino, Gloria Stefan, René Cavel, Fernando Albuerne y José Dolores Quiñones. De modo que el son también se quedó en Cuba: ahí están Compay Segundo, Rubén González, Omara Portuondo, Laíto Sureda, Pedro Luis Ferrer, y todo “Buena Vista Social Club”.

El mejor marketing de la música cubana es encontrar en cualquier musiteca del mundo, discos de amplia gama de ritmos, géneros e intérpretes, producidos por diversas empresas disqueras de diferentes latitudes.

Como buen ajiaco cubano, es divino encontrar a Celia Cruz entre Compay Segundo y Celina González, y la Camerata de Zenaida Castro Romeu, el Grupo Sampling al lado de los Van Van, Olga Guillot, Silvio, Pablo, Albita Rodríguez, la Original de Manzanillo, Lino Borges; en fin, lo que quiera conseguirse. Es el siglo de oro de una música que flota en el aire, por encima de cualquier otra consideración.

*Acosta, Leonardo, Elige tú, que canto yo, Letras Cubanas, 1993.

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