¿Cuáles son las novelas eróticas del siglo XX?

Varios escritores e intelectuales colombianos le ofrecieron a Diners, a través de sus lecturas personales, un rápido vistazo al trayecto de una literatura muy propia de este siglo. Perfecto para leer antes de que se acabe 2017.

Si el amor se aprende -según Le Rochefoucauld- escuchando canciones de amor, el erotismo se cultiva primordialmente leyendo novelas eróticas. Esto al menos nos fue enseñado desde Lisístrata con su delirante “huelga vaginal”, único modo de crear “La República de las Mujeres”, celebrada en la comedia de Aristófanes. La novela erótica del siglo XX no logró imponer un género literario sino un estilo de vida.

De la manera como ella ha simbolizado el erotismo, ha generado, simultáneamente, un modo de vivirlo. Aquí se han gestado por lo menos dos tendencias en la forma de expresar y encarnar el erotismo.

La primera comprende lo erótico como todo lo perteneciente al amor sensual y cultiva en el género novelístico todo lo que lo exalta y excita. Predomina aquí la seducción psíquica, y la conquista amorosa empieza por la mente para poder luego apoderarse del cuerpo.

Henry Miller escribió esta novela en 1934. Algunos expertos la denominan como ficción y otros como autobiografía.

La segunda tendencia contrasta con la anterior al entender el erotismo como la exaltación del amor físico y la total atracción de los cuerpos y los sexos.

Esto concuerda con la otra definición dada por el Diccionario de la Real Academia Española sobre el erotismo como “Amor enfermizo o afición desmedida por todo lo que concierne al amor”. La primera tendencia predominó a comienzos del siglo -o mejor en el período denominado de “entreguerras” (1914 1945).

La estadounidense Anaïs Nin Culmell escribió este cuento en 1940 pero lo censuraron hasta 1977 por las descripciones explícitas de las escenas sexuales.

Esta es la reacción contra la época de la sociedad victoriana y sus “estrategias de la apariencia” o sus tapujos de pudor y de vergüenza. Sucede como un “destape de taparrabos” donde todavía quedan cubiertas las partes pudendas. Su lema podría ser el de Feydeau: “No se te ocurra andar por ahí desnuda del todo”.

En la segunda mitad del siglo sucede el destape general o ‘empelotamiento total’, según la expresión del escritor Nicolás Suescún. No se trata ahora del retrato de una dama ansiosa de conquistar el mundo o de la precursora forma seductora de El amante de Lady Chatterley, un modesto guardabosque a la caza de una dama con mucho taparrabo, sino de las atrevidas hazañas de alcoba de Henry Miller y Anais Nin.

Es la novela más conocida del ruso, nacionalizado estadounidense, quien relató en estas páginas la obsesión de un hombre con una menor de edad. Desde 1955, fecha de su publicación, hasta la actualidad ha generado controversia por el tema. Sin embargo, muchos críticos no han dudado en considerar la novela de Nabokov como una obra maestra de la literatura moderna y contemporánea.

Los Trópicos de Cáncer y Los Deltas de Venus suceden ahora en triángulos y cópulas colectivas donde no escapan familiares y relacionados con los amantes. La Lolita de Nabokov es una “tímida nínfulla” ante la ninfómana Anais que cultiva el incesto y el lesbianismo, entre otros ingredientes. El final del siglo ya no se escandaliza con nada y pasa del amor en los tiempos del cólera” al amor en los “tiempos del sida”. Puritanos de “nueva era” intentan implantar la censura para devolver el sexo al closet. Pero el escándalo de los pusilánimes solo alimenta pornografía a costa del erotismo.

Archivo Revista Diners de marzo de 1998. Edición 336

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