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¿Sabía que en Colombia hubo un 'Woodstock' en 1970?

A propósito de los 50 años del Festival Woodstock, recordamos su versión colombiana en 1970, de cuando los festivales de música no eran tan grandes y constantes en el país.

Foto: Horacio Gil Ochoa/Biblioteca Piloto de Medellín

A propósito de los 50 años del Festival Woodstock, recordamos su versión colombiana en 1970, de cuando los festivales de música no eran tan grandes y constantes en el país.

Publicado originalmente Revista Diners de octubre de 1984. Edición número 175

Boris lnfantino es ahora un hombre flaco, alto, de ojos vivos y muy alegre. Una persona común, con gafas a lo Janis Joplin, tal vez el único indicio que lo delata como uno de los hippies que asistieron al mayor concierto de rock realizado en Colombia: «Ancón 70». El que entonces era decorador en Coltejer, hizo el telón de fondo para el escenario, con rayas negras y blancas, de 4mts de altura. Trabajó todo el día y toda la noche anterior al concierto, en compañía de Carolo y Cancho, que eran los organizadores. El lugar: un pequeño valle entre dos colinas, al lado del río Medellín y al sur de la ciudad.

«El permiso lo dio Álvaro Villegas Moreno, antes gobernador de Antioquia y alcalde de Medellín en esa época: lo criticaron mucho por haber accedido a realizar ese concierto de tres días seguidos, que fue el Woodstock colombiano. «El viernes por la mañana comenzó a llegar gente de todo el país, a pie, o en buses. Todos tenían cabellos muy largos, ruanas, collares, signos de la paz y adornos en la cabeza.

 

Armaron sus carpas alrededor del escenario y las decoraron con banderas, tambores y flores. El rock, muy pesado, se oía a un kilómetro de distancia. A veces, hasta le dolía a uno la cabeza. Recuerdo La Banda del Marciano, Los Flippers, Los Lasser, Los Hook de Venezuela y el conjunto LSD. Llovió mucho, pero la gente también se divirtió con esto: se echaban a rodar desde la colina que servía de gradería o se revolcaban en el fango. Otros se bañaban en el río o hacían el amor en las carpas. Todos bailábamos y la marihuana no se vendía , sino que se pasaba de mano en mano. Todo el mundo fumaba, hasta los policías que estaban allá para cuidarnos. Al segundo día, unos 15 kilómetros de la autopista ya estaban llenos de curiosos o de padres asustados que querían llegar al Ancón para ver lo que pasaba.

De mi generación, todos estuvimos en Ancón; hoy, son ejecutivos y gerentes de banco. Y aunque la crítica al concierto fue muy fuerte, la verdad es que allá no hubo tanta droga ni tanta inmoralidad como se dijo. Mi recuerdo es una explosión de alegría: la juventud cumpliendo sus consignas de amor y paz, sin barreras sociales, compartiendo su sed por la música.»

 

¿Entre los actuales lectores de Diners se encuentra alguien como Boris Infantino? ¿Hay otro sobreviviente de los conciertos de rock de los años 70 en Colombia? Si usted es uno de ellos, o conoce a alguien, escríbanos, queremos conocer su historia.

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Agosto
15 / 2019

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