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La crucifixión o la culpa

La compañía L’Explose regresa a las tablas con la obra intimista de danza «Diario de una crucifixión», que escenifica la culpa de la iglesia y el legado cristiano del pecado.

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La compañía L’Explose regresa a las tablas con la obra intimista de danza «Diario de una crucifixión», que escenifica la culpa de la iglesia y el legado cristiano del pecado.

Luego de que el coreógrafo y director de la compañía L’Explose, Tino Fernández, vio la obra El papa Inocencio X de Velásquez, del pintor Francis Bacon, pensó en armar una obra que representara a un sacerdote que se despojara de sus hábitos e iniciara un ritual de danza, que antes que una rítmica sucesión de movimientos fuera una demostración de su culpa. De su eterna culpa. De su gran culpa.

La idea lo obsesionó, y se sumó a la del juzgamiento de un criminal nazi en Israel, que para protegerlo del público fue encarcelado en una jaula de vidrio. Así que partió de la obra inicial de Velásquez, la adaptó a la versión deformada de Bacon, y concibió, junto con la dramaturga Juliana Reyes y el actor Ángel Ávila, una pieza de danza contemporánea que oscilara entre la poética y la religión, pero también entre la culpa y las reglas que no se pueden romper.

La obra inicia con un hombre vestido de calle, que se mete en una urna de cristal (símbolo del juzgamiento ante los demás), y que se revela como sacerdote. Poco a poco se liberará de sus atuendos y quedará un hombre como todos, desnudo y vulnerable, que deberá acarrear una piedra como símbolo del pecado y que se retorcerá y sudará y beberá incluso de su propio sudor como un redentor que bebe de su propia ofrenda ante el público. “En el día a día –explica Tino Fernández– nos cargamos de cruces en vano: la ética, la moral, las reglas, que nos obligan a cumplir con lo que se debería cumplir, y ejercemos un papel de inquisidores de nosotros mismos. Eso nos ha marcado a todos”.

«Diario de una crucifixión» revela, según el director, “el éxtasis de la flagelación de una persona que se condena”, así como sus estados de catarsis, en una mezcla de sensualidad y de castración de la sexualidad. Ahí, en el escenario, vemos en otro la forma en que nos atormenta la culpa.

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La temporada va del 9 de mayo al 3 de junio, de miércoles a viernes a las 8 p. m. y los sábados a las 6 p. m. y a las 8:30 p. m. en la Casa del Teatro Nacional, Cra. 20 No. 37 – 54.

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Mayo
23 / 2012

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