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¿Para qué leer?

¿Para qué leemos? David Roa, librero de la Madriguera del Conejo, se hace esta pregunta mientras pone en conversación tres libros que podrían tener la respuesta.

¿Para qué leemos? David Roa, librero de la Madriguera del Conejo, se hace esta pregunta mientras pone en conversación tres libros que podrían tener la respuesta.

El fin de la lectura es un libro generoso: 25 cuentos y 4 «dodecálogos de un cuentista». Generoso en la desesperada cacería de todo tipo de retos formales y temáticos, retos que son afortunadamente superados: tanto como la prosa muy lírica y estallada de significados de su cuento Alumbramiento, que mezcla caóticamente varios momentos en la vida del narrador, hasta el sencillo y delicioso juego con las ambigüedades de la intimidad de pareja en el cuento Las cosas que no hacemos. Generoso en sus recursos de los que se pueden sacar ejemplos caprichosos, como esta pequeña colección de menciones a la luz: «Se encogió de hombros, la luz rebotó en ellos, no sé, como una pelota de playa, le rodó por los brazos», Anabela y el peñón; «El mar se había tragado la pelota de sol», Una raya en la arena; «Me gustan nuestros planes al despertar, cuando el día se sube a nuestra cama como un gato de luz», Las cosas que no hacemos. ¿Cuál es el fin de la lectura? La respuesta resulta muy importante porque es necesario permitirse recibir tanta generosidad en el libro de Neuman y en tantos otros. Es un libro para disfrutar inútilmente. El lector no debería estar preocupado si su lectura le hace perder el tiempo, debe perderlo con gusto. El lector de este libro (de todos) no debe pensar si le sirve para algo. No puede ser como la señora que una vez atendí en una librería. Su hijo lloraba porque quería un libro. Ella le replicó: “¡No, señor! Mejor vamos y le compro algo que le sirva». Señoras y señores así hay más de los que quisiera. Por eso la insistencia. Ojalá que los lectores de este libro -y de cualquier otro- intuyeran el concepto que Nuccio Ordine pregona en La utilidad de lo inútil: “En el universo del utilitarismo, en efecto, un martillo vale más que una sinfonía, un cuchillo más que una poesía, una llave inglesa más que un cuadro: por- que es fácil hacerse cargo de la eficacia de un utensilio mientras que resulta cada vez más difícil de entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte». El libro de Ordine, por una feliz ironía, es muy útil en estos tiempos de dictadura del mercachifle y de la estadística; tiempos de creciente e indiscutible erosión espiritual.

Lectores ideales serían los que enumera Ángel Esteban en su libro El escritor en su paraíso. Con pequeñas y cuidadas crónicas cuenta las historias de varios autores que tuvieron en común el trabajo como bibliotecarios y creyeron encontrar el espacio para desarrollar su vocación de escritores como consecuencia de sus abundantes lecturas. Reinaldo Arenas, George Bataille, Jorge Luis Borges, Robert Burton, Lewis Carroll, Giacomo Casanova, Rubén Darío, Goethe y otros trabajaron en bibliotecas con la esperanza de estar cerca de los libros y, mayormente, sus obras le deben enormemente a esta circunstancia. ¿Recuerdan el famoso poema de los dones de Borges? Ese por ejemplo.

En un libro que comenté en este espacio, Claude Roy decía que las librerías no podían servir para nada «del mismo modo que no amamos de entrada a los que amamos porque nos sirvan para algo». Esto se puede decir de los libros, que deberían ser tratados como cualquier persona por la que siempre existirá la posibilidad de desarrollar un sentimiento. Y en ese orden de ideas hay una serie de transposiciones posibles, que son gratas e inútiles. En una de ellas, el lector ideal debe ser un sitio en donde los libros se encuentran, conversan y a veces se aman. Una biblioteca o librería, como un sacerdote o un alcahuete, debe propicia estos encuentros. Un lector ideal es como un templo o como un lecho en donde sucede siempre un acto probablemente erótico. El fin de la lectura debería ser el goce del pensamiento.

Vea tambien: 6 mitos acerca de los gatos

Todo lo anterior, por supuesto, es solo un intento de imaginar cómo podrían estar conversando tres libros en este momento.

El fin de la lectura
Andrés Neuman
Editorial: Laguna Libros
200 páginas

El escritor en su paraíso
Ángel Esteban
Editorial: Periférica
380 páginas

Vea tambien: Los infinitos ecos: un homenaje a Umberto Eco

La utilidad de lo inútil
Nuccio Ordine
Editorial: Acantilado
176 páginas

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Octubre
20 / 2014

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