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Libros: Un verano veterinario

Nombres y animales, la novela de la dominicana Rita Indiana, es uno de los libros recomendados para este mes.

Nombres y animales, la novela de la dominicana Rita Indiana, es uno de los libros recomendados para este mes.

Sobre el quehacer en esta novela, de la escritora dominicana Rita Indiana, dice la contraportada que está Dinamitando desde la base el realismo mágico, pero nutriéndose en cierto sentido de su absoluta libertad fabuladora. La asociación con el realismo mágico es justificable si, con esto en mente, se leen ciertos pasajes de la novela, pasajes que recuerdan las enumeraciones caóticas y musicales de los viajes de Melquiades en Cien años de soledad: Desde que trabajo aquí lo he visto todo. Boxers cojos apellidados Windsor, huskys siberianos con dermatitis aguda, papagayos cuyo pico sirvió de almuerzo a una especie de hongos conocida solo en Tasmania, gatos angora a los que luego de ver “El séptimo sello” de Bergman les coge con despertar a sus dueños todas las noches a las 3:33 de la madrugada, terriers anoréxicos…

Sin embargo, es preferible no hacer esta asociación de garciamarketing que sospecho fue una sorpresa para la propia escritora. Daría injustamente la impresión de que la espontaneidad es más bien una sucesión de tibios trucos de imitación. Y la novela de Rita Indiana no es así en absoluto. Por el contrario, la lectura de la novela es una grata experiencia por su calidez y su libertad, como muy atinadamente se resalta en la contraportada. Sobre todo, por la original alegría con que trabaja las palabras: Los gatos no tienen nombre, eso lo sabe todo el mundo. A los perros, sin embargo, cualquier cosa les queda bien, uno tira una o dos sílabas y se les queda pegada con velcro: Wally, Furia, Pelusa, etc. El problema es que sin un nombre los gatos no responden, ¿y para qué quiere uno un animal que no viene cuando lo llaman?

En Nombres y animales, una muchacha bien de Santo Domingo nos cuenta sus experiencias mientras veranea trabajando en la clínica veterinaria de sus tíos. Esta temporada coincide con su despertar sexual, con su paso de la adolescencia a la adultez, en resumen, lo que los alemanes llamarían un Bildungsroman, pero en este caso, noventero y caribeño.

La poderosa imaginación de la muchacha le permite ponerse en los zapatos de personas y animales, y su narración tiene tal capacidad de abstracción que el lector siente compasión y simpatía por casi todos los personajes que transitan estas páginas. Sus capítulos son pequeños cuentos autosuficientes, sus descripciones son felizmente afortunadas: A Vita le gusta todo lo que a mí me gusta, sobre todo en lo que respecta a la música, y cuando algo que yo oigo no le gusta, es porque en unos días voy a darme cuenta de que a mí tampoco…

Es una novela con algunas cualidades bastante comerciales, lo que no siempre es malo cuando la obra prueba su calidad. Su autora es una muy popular artista pop y su novela es un regalo más que apropiado para los animalistas. Por lo menos, yo no conozco otra novela que suceda en una clínica veterinaria.

Vea tambien: Lorenzo María Lleras: entre la pluma y la acción

No entro en más detalles sobre Rita Indiana porque seguramente se escribirán más reseñas que no harán otra cosa. Por ahora fijémonos en el libro.

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Ciertas personas de cuatro patas

Autor: Rafael Baena
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Páginas: 174

Pasando de lo histórico personal a lo histórico universal, Rafael Baena escribió este libro con el que “…intentó explorar los porqués y los cómos de (su) relación con los caballos”. En él recuerda, con amor conmovedor, los varios caballos y yeguas que marcaron diferentes etapas de su vida. El lector sensible sin duda se acordará de lo que digo en cierto capítulo por el que es difícil pasar sin un pañuelo a la mano.

El gusto que el autor tiene por el tema lo lleva a conversar con el lector durante gran parte del libro en el sentido en que conversan los grandes escritores del género histórico como Montanelli o Zweig (a quien Baena cita). En su caso, la conversación va sobre la historia de esa relación singular que sostienen jinetes y caballos desde que la humanidad tiene memoria. El libro hace una indagación, sin duda retórica y por puro gusto, para concluir que “las hazañas de los caballeros criollos y de sus corceles no tienen nada que envidiarles a las de ninguna otra parte del mundo”.

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Agosto
11 / 2014

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