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10 canciones para no hacer nada

Hay algo de zen en esa frase con doble negación, pero así se dice lo que queremos recomendar este mes: no hacer nada. Suena le sugiere notas para acompañar esos momentos de no hacer nada.

Foto: Vincent Van Gogh: La Méridienne oú La sieste, d'apres Millet

Hay algo de zen en esa frase con doble negación, pero así se dice lo que queremos recomendar este mes: no hacer nada. Suena le sugiere notas para acompañar esos momentos de no hacer nada.

Las noticias que nos llegan de los cuarteles corporativos de Silicon Valley nos hablan del uso de las técnicas de meditación e introspección usadas por los antiguos para potenciar la capacidad creativa y productiva en esos asentamientos humanos donde adoran la tecnología como la nueva encarnación de lo divino. Desconectarse para conectarse. ¿Y qué mejor que hacerlo con música para la ocasión?

En 1964 el clarinetista de jazz Tony Scott conmovido por su experiencia de viajar y tocar en Japón publicó Music for Zen Meditation, labor que continuó en 1968 con Music for Yoga Meditation, un par de gemas que dieron inicio, sin quererlo, a un género musical que se manifestó como la otra cara de los ochenta, conocido como “música de la nueva era”.

Otro hito, con una repercusión que llega hasta nuestros días, sucedió en 1970 cuando George Harrison, el guitarrista de una banda que acababa de disolverse, publicó un disco de corte puramente espiritual, denominado All Things Must Pass, con My Sweet Lord como sencillo. Ya en 1965 él había utilizado por vez primera el sitar como instrumento en una grabación rock (Norwegian Wood) gracias a la cual se empezaron a sensibilizar los oídos occidentales jóvenes a las tradiciones orientales milenarias, dando paso a lo que hoy conocemos como musiques du monde. Uno de los primeros en servirse de esta situación fue el sitarista y maestro Ravi Shankar.

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Andando en esta senda músico-espiritual nos llegan ensoñaciones que tienen aromas a Kitaro y a los peregrinos que con sus melodías han intentado recrear los sentimientos más puros y emocionantes del pentagrama espiritual a partir de la manipulación de los sonidos reminiscentes de un planeta sin nosotros. Su trabajo consiste en sentir e imaginar, oír y escuchar la maravilla de la creación anterior al pecado original, utilizando los instrumentos digitales contemporáneos y aumentándolos con las percusiones, flautas y cuerdas de antaño para, combinando lo análogo con lo digital, acompañarnos a subir la escalera al cielo.

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También este mes encontramos música que brota del suelo como los árboles y que no necesita de ningún artificio para ser natural. Festeja la vida y viene de sitios cercanos y lejanos, la oímos desde Honduras y Belice, donde habitan los garífunas, hasta las Islas Mascareñas en el océano Índico. Desde allí importamos vibraciones para que nos orienten cual GPS en la búsqueda del “uno mismo” o nos lleven al disfrute y al éxtasis en la danza.

El siempre presente Paul McCartney se nos aparece otra vez con una nueva canción, y en ella evoca sus días cuando como niño jugaba en su Liverpool natal. Tomémoslo como una invitación a entregarnos al juego puro y libre, a desestructurar nuestro tiempo y gozar para vivir la vida con plenitud. Y de eso se trata diciembre: hacer una pausa, y seguir el lema escrito en una tablita clavada en la playa: “Qué bueno es no hacer nada y después de no hacer nada, descansar”.

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Diciembre
16 / 2013

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