16 canciones para ir de paseo en carro

Esta vez Suena Diners se mete de mecánico al taller musical de las car songs y las road songs. Una selección con las mejores canciones para escuchar en el carro.

La fascinación por los automóviles tuvo su pico más alto entre 1950 y 1970 a juzgar por las canciones que se cantaron y escribieron en honor a esos seres de cuatro ruedas, llegando a convertirlas, incluso, en un verdadero género musical. Por eso, no es extraño que la canción que muchos reconocen como el primer rocanrol, Rocket 88 de 1951, verse acerca de un Oldsmobile V8 convertible.

Verdaderos poetas de los motores, el aceite y la velocidad surgían de los garajes, y los Cadillac, Corvette y Mustang se constituían en las musas que inspiraban canciones cuyas letras abundaban en juegos de doble sentido y metáforas con subrayados acentos eróticos. Al son del ritmo sincopado del blues y el rocanrol, el cuerpo de la hembra se imaginaba como chasis a la ocho cilindros en V, sobre el que se pisa a fondo el acelerador.

“A juzgar por la forma como parqueas tu carro puedo adivinar que lo nuestro no puede durar”, entona el artista conocido como Prince y adelante calienta la canción con letras tan rojas como su promiscua Little Red Corvette, una de las últimas buenas car songs (1983) que se compusieron. Tristemente, en este momento parece que ya no hay quien le cante ni a un supercoche deportivo porque sencillamente los autos ya no representan un universo temático importante y mucho menos mítico en el imaginario popular juvenil.

 

En el hip hop y en el reguetón todavía se da la analogía carrocería/hembra, ya sea con los doble sentidos o en las líricas explícitas de alguno de sus raps, pero estas no se elevan al plano del mito. Seguramente porque ya no se tienen las primeras experiencias sexuales en el asiento trasero de un topolino, ni tampoco se imaginan a las del otro sexo como un bólido rojo que se excita a 120 km por hora, ni se entiende qué quiso decir Bruce Springsteen con eso de “te quiero por tu Cadillac rosado”. Ahora la realidad sucede en las pantallas y el sexo es virtual.

Por alguna razón, las pasiones que despiertan los autos en esta era hipermoderna son de corte violento y espectacular, tal como lo registra Tarantino en su película Death Proof, que gira alrededor de un duelo mortal sobre ruedas, con unas lindas modelos que terminan por ajusticiar a un descabellado piloto de acrobacias automovilísticas, cuyo hobby es reventar a las incautas en choques descomunales. Vaya tema. Y en esta misma onda, en un video para su canción My Favourite Game (1998), los Cardigans imaginan a una rubia despechada, personificada por su cantante Nina Persson, andando irresponsable y despreocupadamente por una autopista sin ninguna intención de maniobrar su potro de acero, matando literalmente sus penas. Del amor paseamos al odio en un auto que se fantasea como máquina de agresión y muerte, y que cuando se apaga se convierte en un ataúd.

Otro cuento resulta si pensamos en música y canciones para escuchar en el carro, para tararearlas, para no quedarse dormido sobre el timón, para pasarla bien y expresar la euforia que nos produce un viaje lejos del mundanal estrés. La lista es infinita, cada uno tiene sus favoritas y todos los géneros caben. Son las suyas. Piense cómo sonarían de rico a bordo del Little Red Corvette o en un Pink Cadillac.

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