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Entrevista con el crítico de vinos José Peñín

No hay crítico de vinos de talla similar en el mundo de habla hispana. José Peñín es el mejor y el más veterano, creador de la reputada Guía Peñín e invitado especial de Expovinos 2013. Hablamos con él.

No hay crítico de vinos de talla similar en el mundo de habla hispana. José Peñín es el mejor y el más veterano, creador de la reputada Guía Peñín e invitado especial de Expovinos 2013. Hablamos con él.

Ahora, cuando alguien quiere entender los vinos españoles desde una óptica independiente y equilibrada, la suya abarca el campo de visión más amplio. Sus libros y su invaluable Guía Peñín son medios de consulta obligados, y por eso están traducidos a varios idiomas.

Peñín infunde admiración y respeto. No en vano se mueve por el mundo como expositor, consultor, catador y miembro de diferentes jurados internacionales. Por ejemplo, tuve que cazarlo en Tokio, después de una búsqueda de varios días.

Viene por primera vez a Colombia como invitado especial de Expovinos 2013, en Bogotá, a mediados de junio.

La Guía Peñín 2013 luce como un vademécum. Vaya coincidencia: una de sus actividades profesionales tempranas transcurrió en laboratorios farmacéuticos. La obra tiene 1.343 páginas de información y cubre todas las regiones vitivinícolas ibéricas, hasta los Vinos de Pago y Vinos de la Tierra. Tampoco deja por fuera ningún estilo.

Con su equipo, Peñín reseña y califica más de 9.800 vinos, 2.500 de los cuales reciben mención especial por tener la mejor relación calidad-precio.

Sin más preámbulos, esto es lo que piensa.

-¿Cómo se inició su relación con el vino?

Fue por casualidad. En 1974, en España, no existía una cultura del vino que permitiera crear una conciencia de buscar marcas desconocidas, ya que la oferta del mercado estaba concentrada en unas pocas e históricas etiquetas de Rioja y Jerez. Por eso fundé el primer club de “vinos desconocidos” en España para comercializarlos por correo. Era un negocio novedoso.Resultaba necesario contar con unos conocimientos enológicos, ya que se trataba de seleccionar la materia prima a base de catas con un embotellado exclusivo para el Club.

¿Tuvo algún modelo de crítico o escritor que lo hubiera inspirado a seguir el sendero de la comunicación del vino?

Sin duda fue Hugh Johnson, el escritor británico mas importante en aquella década.

-¿Se acuerda cuándo calificó por primera vez un vino?

Esta práctica de puntuar los vinos era desconocida a comienzos de la década de los ochenta. No era necesaria, ya que la propia descripción del vino no dejaba duda de su calidad, debido a las diferencias entre las marcas existentes y la escasa oferta. Mi primer vino calificado fue Viña Sol 1979. La evaluación apareció en la primera revista de vinos de venta en librerías y kioscos. Se llamaba Bouquet, de la cual fui director.

-¿Cuándo nació la Guía Peñín y en qué circunstancias? ¿Cuántos vinos aparecieron calificados en la primera edición? ¿Los evaluó usted solo?

La Guía nació en el año 1990 en un momento en que la oferta de marcas en España era numerosa. Anteriormente ya había editado Mis 101 Vinos, donde reseñaba los vinos más en su radiografía periodística y con puntuación de 0 a 10. La primera guía contaba con 2.500 vinos, lo cual era todo un record.

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-Hoy la Guía Peñín se publica en varios idiomas y cata 9.800 vinos. ¿Cómo cubre usted semejante cantidad de muestras?

Nunca he catado solo, como tampoco lo hace Robert Parker. Al comienzo evaluaba, solo, 2.000 vinos, cantidad lógica para que los diagnósticos sean coherentes con tu línea de evaluación. Una guía de esta magnitud debe abarcarla un equipo, y más hoy, con tal número de referencias. Lo importante de la Guía es el modo de catar y los elementos informáticos que asegura una puntuación coherente, alejada de subjetividad y factores emocionales que son los peligros para una puntuación rigurosa.

-¿Nunca se ha arrepentido de ninguno de los puntales asignados?

En general ha ocurrido, en algunas ocasiones, puntuar mas bajo, debido a que el vino no estaba en condiciones de consumo. Las bodegas no esperaban los tres meses de rigor antes de remitirnos las muestras. El vino, hasta ese momento, no está en su plenitud. Por eso decidimos no catar los vinos recién embotellados.

-¿Qué disciplina y metodología sigue para mantener su paladar agudo? Porque admitámoslo: el paladar se cansa después de cierto número de referencias evaluadas…

La experiencia determina el número máximo de cata diaria, que nunca es el mismo. Nosotros catamos una media de 100 vinos por día, pero no hay que olvidar que nuestras catas son rápidas y no repetitivas, o sea, al primer toque papilar. Por lo tanto, aunque catamos mucho, la cantidad total de líquido que entra en nuestro paladar es la mitad de cualquier catador. Hemos comprobado que la primera impresión es la mas efectiva y, además, con la ventaja de comparar con determinados modelos de vinos ya evaluados. Es muy importante tener en cuenta que la cata del vino ocupa una tercera parte del tiempo de su evaluación; el resto se usapara reseñarlo en el cuaderno o en la computadora.

-¿En qué tipo de consumidor piensa cuando escribe, califica, edita y coordina la Guía?

El 90 por ciento de los compradores corresponde a aficionados muy fieles. El resto es adquirido por el sector profesional. No hay que olvidar que no existe ningúnvademécum en España donde se reseñe y evalúe tantas marcas.

-¿Es usted un usuario de su propio trabajo?

Es que no hay ninguna otra guía en España que cuente con casi 10.000 vinos, más del doble que la segunda, que también se edita en nuestro país.

-Se ha registrado un intenso debate en los últimos días acerca de los estándares de valoración de algunos críticos. ¿Cómo ha mantenido usted su independencia frente a las bodegas, que siempre buscan la manera de hacer que los críticos les den una opinión favorable?

En general, los estándares de valoración de los críticos (se entiende críticos consolidados y prestigiosos) es semejante. Lo que ocurre es que algunos poseen medidas distintas de calificación (de 0 a 10 puntos, de 0 a 20 puntos, de 0 a 100 y la mas utilizada por los americanos de 50 a 100 puntos, como la Guía Peñín) . Lo lógico es vincular esas puntuaciones a las distintas medidas. Algo que con la Guía Peñín hemos hecho con un cuadro que aparece en la pagina 18.

La independencia de los críticos corre el peligro fundamentalmente del amiguismo,más, incluso, que de las presiones publicitarias si el producto se financia con este modelo. Este último caso, generalmente, no suele influir, sea una revista o una guía, ya que sería demasiado ostensible vincular la puntuación alta de un vino a la inversión publicitaria del anunciante, mientras que las demás guía puntúan mas bajo. En nuestro caso, no hay lugar, ya que en la Guía no se admite publicidad de vinos y solo se permite de instituciones (Consejos Reguladores de las Denominaciones de Origen, grupos de exportadores y productos no vínicos, como enoturismo). Y la inserción de etiquetas por ocupación de espacio, cuya tarifa es mínima –de 250 euros— y está atomizada en multitud de marcas. Realmente, esta última opción no afecta a la valoración de los vinos.

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-¿Cómo ha visto usted evolucionar a los vinos españoles a lo largo de su carrera como crítico?

Realmente tengo la ventaja de haber comenzado en los años setenta, cuando el vino mundial comienza la escalada de calidad y España no era una excepción. Los años ochenta fueron el progreso de las bodegas, la década siguiente una mejora considerable del viñedo español, en paralelo de una mejor preparación técnica por parte de enólogos e ingenieros agrónomos.

-¿Qué camino le recomendaría usted a un aficionado no ibérico para que inicie su recorrido por los vinos peninsulares?

La GuíaPeñin es la mejor opción, ya que es la única publicación española donde aparecen capítulos para conocer la enología y viticultura divulgativa, la relación de marcas y bodegas con sus evaluaciones, vinos de mejor calidad-precio, los mejores vinos por zonas, etc., etc.Es una verdadera guía de compras.

-¿Cómo compara usted hoy a los vinos españoles frente a otros del Viejo Mundo y del Nuevo Mundo?

Sin duda los vinos españoles tienen la ventaja de su variedad, tanto de cepas autóctonas como foráneas, una abundante diversidad de suelos (pizarrosos, volcánicos, arcillosos, pedregosos, calcáreos y ferrosos), diferentes altitudes del terreno y orientaciones (valles, laderas orientadas a los 4 puntos cardinales, mesetas, zonas húmedas y zonas semidesérticas, viñedos de montaña), siendo el país de Europa, después de los balcánicos, en ofrecer una orografía tan variada. El problema es que muchas bodegas se olvidan de elaborar dentro de la tradición marcada por el geoclima y prefieren modelos de gran maduración del racimo, como los implantados por el célebre consultor Michel Rolland. Hablamos de vinos potentes, cálidos, oscuros, es decir lo que se llaman los vinos «estilo Parker» (en alusión al crítico estadounidense Robert. Parker.

En lo que sí estamos en inferioridad de condiciones es en el marketing y la capacidad de vender, como tienen los italianos, franceses, americanos, chilenos, australianos e, incluso, los argentinos.

Heredamos la histórica realidad de esperar a que nos compren el vino y no salir a venderlo. Es la consecuencia de haber sido, hasta hace tan solo 40 años, proveedores de materia prima a granel, vendiéndola a Francia e Italia. Esto significa que embotellan nuestros vinos anónimos con sus etiquetas. Desgraciadamente,y en pleno siglo XXI,el peso del granel todavía alcanza en nuestros vinos el 50 por ciento.

-¿Tiene usted preferencia por alguna región española en particular y por qué?

En general me he educado en la vitivinicultura francesa y por lo tanto soy sensible a los vinos elegantes, más ligeros, con mayor expresión frutal y mineral, sin excesos de maduración; vinos que, en general, se producen en el cuadrante noroccidental de España (Galicia y León).

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Junio
12 / 2013

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