Juan, una marca de ropa para hombres colombiana

Los hermanos Viviana y Gustavo Lozano crearon un sello que refresca el medio colombiano gracias a su intención de pensar globalmente. Juan le apuesta a la vanguardia y ofrece un tipo de masculinidad audaz.

Comenzó con un diálogo a la distancia. Gustavo en Nueva York, Viviana en Bogotá. Él, en la Escuela de Artes Visuales; ella, en la Escuela Arturo Tejada. Un cruce de reflexiones espontáneas. Un presentimiento. La intuición de que las escasas propuestas estilísticas en Colombia podrían ser suplidas por el fruto de este intercambio. Entonces nació Juan, que proponía aquello que faltaba: lo que en inglés se llamaría edgy y en español es una simbiosis de “en el filo”, vanguardista, duro y pulido.

La composición personal de Gustavo y Viviana confirma este sentido estético: simple, urbano, algo oscuro y moderno. Están sentados junto al vestier de la tienda de dos plantas que abrieron hace tres años en pleno Chapinero. A la vista, un chaleco de gamuza chocolate y una chaqueta de cuero tipo motociclista también en tono profundo de tierra. El dúo creador define a la marca como “intelectual, clásica y subversiva”.

Las piezas y looks exhibidos y desplegados en las pasarelas revelan un cruce entre la estética del jazz y la del new wave, ensambles que enrazan la sastrería clásica con el desenfado de la urbanidad posmoderna. Priman los talles ceñidos y precisos, la fusión de sofisticación masculina en versión clásica con la androginia. Conviven sin discordia piezas inteligentes y básicas con otras que trasgreden el sentido del sastre del hombre colombiano.

Y es aquí donde está el punto neurálgico del sello. El hombre que se aventure a los predios de Juan encontrará posibilidades para las variables de su vida terrenal. El proceso de diseño evoca a un hombre estilizado, un habitante del mundo que bien puede perseguir estilismos para la oficina, para un sábado por la tarde, para la noche o para su práctica deportiva, para hacer una afirmación de identidad subversiva o para expresar una moderna elegancia. Camisas slim o pantalones de cortes afilados; sandalias en cuero o botas con matiz grunge; maxi bolsos para la masculinidad chic y osada; prendas de dureza desenfadada, sacos con estampados vivaces; también camisas clásicas o pantalones harén.

En un país en el que el buen vestir masculino aún es asociado con la homosexualidad, Juan desafía las nociones estéticas del hombre colombiano con matices globales y eclécticos, confirmando que la nueva masculinidad global no sólo aprecia la exquisitez estética sino que, además, se rebela contra esquemas limitantes.

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