Los caleños que se están tomando las pasarelas más importantes del mundo

Natalia Montero y Salomón Díaz son dos jóvenes caleños que han conquistado las pasarelas internacionales y se han convertido en la nueva cara del modelaje colombiano. Diners conversó con ambos.

Aunque no se conocen personalmente, las historias de Natalia Montero y Salomón Díaz tienen mucho en común: nacieron en Cali a finales de la década de 1990, fueron criados en el seno de familias con pocas comodidades, pero muy amorosas, y llegaron al modelaje sin habérselo propuesto. Hoy sus figuras irrumpen con fuerza en las pasarelas internacionales.

Natalia Montero es una morena de 21 años, 1,76 metros de estatura y cabello rizado. Habla con el desparpajo y la madurez de quien ha vivido mucho en muy poco tiempo, y no es para menos, pues en los últimos dos años su vida dio un giro de 180 grados: pasó de ser la niña consentida de la casa, que vivía en Cali con su mamá y sus hermanos, a la mujer que en una semana puede ir de Nueva York a Londres o de Estambul a Milán, con el fin de desfilar para algunas de las casas de moda más importantes del mundo.

El punto de quiebre en su carrera se dio a finales de 2017 cuando viajó a París y fue seleccionada para un desfile de la firma Balenciaga. Durante esos días en la capital francesa, Montero también se presentó a Elite Models, que de inmediato firmó con ella un contrato global. Gracias a eso, en 2018 tuvo la oportunidad de estar en la pasarela de doce shows, de los cuales abrió dos, el del diseñador colombiano Esteban Cortázar y el de J. W. Anderson.

En el momento de esta entrevista, Natalia presenta en Nueva York castings para la Semana de la Moda y se siente tan a gusto en esta ciudad, que planea convertirla en su hogar o, como dice, “en su base de operaciones”.

Un día mientras Natalia iba por la calle, Pedro Tobón, dueño de M&P le preguntó si era modelo. Ella le dijo que no, la invitó a la agencia y así comenzó su carrera.


Ella habla de su nuevo mundo con tanta sencillez y naturalidad que cuesta imaginar que ese viaje a París, en el que su carrera despegó, también fue la primera vez que montó en un avión, que tenía solo 300 euros en el bolsillo y que no hablaba inglés o francés. Cuando llegó al aeropuerto Charles de Gaulle tomó un taxi que le cobró 200 euros por llevarla al hotel, y en los diez días que permaneció en esa ciudad, hubo muchos momentos en los que lloraba y, simplemente, quería salir corriendo.

“Durante los días que me quedé en París no hablé con nadie, porque no sabía cómo expresarme. Me acuerdo muy bien que en la línea del desfile, las niñas hablaban con todo el mundo y yo estaba ahí, paradita, porque no sabía cómo decir ‘quiero agua, los zapatos me aprietan o tengo calor, por favor quítenme la chaqueta’. Yo estaba casi llorando y solo pensaba, ‘Dios mío, si me pongo a llorar aquí me voy a tirar el desfile’ y, entonces, trataba de calmarme”.

DESTINO O CASUALIDAD

Se podría decir que en la historia de Natalia hay una mezcla perfecta de belleza, talento, casualidad, determinación y temple. A los 11 años tuvo el primer contacto con el modelaje, cuando su mamá la inscribió en una academia. Sin embargo, el entusiasmo solo le duró un mes, pues prefirió pasar sus ratos libres jugando en la calle, descalza y con sus amigos de la cuadra, que estar en clases de pasarela.

“Pensaba que para ser una modelo había que estar muy arreglada y con las uñas pintadas; era una niña y tenía una idea errónea de lo que en realidad es esta carrera”. Luego entró a la secundaria y no volvió a pensar en el modelaje, sus objetivos se enfocaron en finalizar los estudios y entrar a la Policía Nacional. “Siempre fui la niña fea a la que le hacían mucho bullying en el colegio. Mis compañeros me molestaban por ser delgada y por tener una frente amplia. Yo me concentraba en estudiar y en mi meta, que era entrar a la Policía y seguir los pasos de varios de mis familiares que habían pertenecido a la institución”.

Sin embargo, a veces los planes van por un camino y el destino, por otro. Natalia se presentó dos veces a la Policía y no logró ser admitida. En la primera ocasión la rechazaron por miope y en la segunda, por no tener suficiente masa corporal. Pero ella no estaba dispuesta a darse por vencida. Así que decidió buscar un trabajo y empezar a ahorrar para estudiar Psicología. Si no podía entrar a la Policía en el corto plazo, lo haría más adelante como profesional. Comenzó a trabajar como mesera de un restaurante ubicado en el Parque del Perro, en Cali, y precisamente un día, camino al trabajo, su vida cambió.

Mientras hacía su recorrido habitual hasta el parque, sintió que alguien la observaba, pero no sabía quién. Al llegar a su destino, un hombre se le acercó, se presentó y le preguntó si ella era modelo. Se trataba de Pedro Tobón, dueño de M&P. Cuando Natalia le respondió que no, él le dijo que tenía un perfil interesante, le dio una tarjeta y la invitó a conocer su agencia.

La curiosidad llevó a Natalia a pasar por M&P, y de inmediato la incorporaron. Firmó contrato y empezó clases de pasarela. Casi al mismo tiempo, ella consiguió un nuevo trabajo en un restaurante de comida rápida, así que los sábados empacaba su uniforme en el bolso y se iba a clases en la academia y luego a trabajar.

Esta fue su rutina durante un año. Luego renunció y decidió buscar nuevas oportunidades. Habían pasado cerca de dos meses de aquella decisión cuando la llamaron a presentar el casting para Balenciaga en París. Y, aunque su familia al principio no quería dejarla ir, pues temía que no fuera una propuesta seria, la apoyó incondicionalmente y hoy todos se sienten orgullosos de sus resultados.

Por eso, cada vez que Natalia flaquea o que se siente sola en medio de su vida entre aeropuertos, recuerda que en Cali están su mamá y sus hermanos, a los que quiere sacar adelante y por los que vale la pena seguir luchando. Eso la recarga de energía para perseguir sus metas.

“Para mí, el solo hecho de representar a Colombia en este tema ya es un sueño y estoy agradecida. Creo que he logrado demasiado. Sin embargo, me gustaría poder desfilar un día para Chanel, crecer en el mundo del modelaje y estar entre las mejores”.

SALOMÓN, EL PIONERO

A sus 23 años y con tan solo tres de carrera, el modelo caleño Salomón Díaz ya tiene en su portafolio campañas con Moschino, Calvin Klein, Versace y Jeremy Scott. Además, tuvo la oportunidad de participar en la pasarela por los cincuenta años de Ralph Lauren y de ser la imagen de una campaña mundial de H&M.

“Nunca imaginé estar tan pronto en Nueva York y tener la oportunidad de hacer todo lo que hago”, confiesa con esa voz amable, pero tímida, a la que aún se le siente un poco su acento caleño.
En la adolescencia, los sueños de Salomón tenían que ver con la danza, no en vano durante ocho años bailó para el Ballet Folclórico de Cali y tuvo la oportunidad de viajar con ellos a países como Perú.

Versace y Moschino son algunas de las marcas para las que modela Salomón Díaz en Milán.


Sin embargo, un día que acompañó a su hermana a un casting de modelaje, el mánager le sugirió que podría hacer carrera en el modelaje. La propuesta le llamó la atención y se inscribió en Identidad Agencia de Modelos de Cali. Tiempo después fue fichado por New Icon, gracias a un casting realizado en su ciudad. Ahí despegó su carrera: se fue a vivir a México y poco a poco se empezó a convertir en protagonista de las pasarelas más exclusivas.

“Milán y Nueva York son mis favoritas. En Milán tengo el placer de desfilar para Moschino y para Versace, que son como mis familias, y ahora en Nueva York estoy con Jeremy Scott”.

Su familia siempre lo ha apoyado, en especial su abuela, que falleció el año pasado, y era la cómplice con quien compartió sueños, miedos y rebeldía. Aunque sus padres se mantienen un poco al margen y quizá no dimensionan hasta dónde Salomón ha llegado en el difícil y competido mundo del modelaje, él sabe que cuenta con ellos en el momento en que los necesite.

PASO A PASO

El nombre de Salomón Díaz saltó a la fama en el país al convertirse en el único modelo colombiano que ha protagonizado una campaña mundial para Calvin Klein y Tom Ford. Su piel negra, su rostro anguloso, sus labios gruesos y sus 1,88 metros de estatura lo han convertido en uno de los favoritos de las casas de modas.

“Yo valoro mucho mi trabajo y por eso le dedico todo el tiempo posible. Amo lo que hago y eso se ha visto reflejado en los resultados. No quiero ser el mejor, sino estar entre los mejores. Veo el modelaje como una universidad y siento que es el momento de aprender, de viajar y de conocer a la gente clave de esta industria”.

Por eso, no quiere apresurarse. Aunque sueña con hacer campañas para Chanel y Dior, sabe que todo llegará a su tiempo. “Me considero muy bendecido. El año pasado tuve la oportunidad de estar para la fragancia de Versace y me sentí muy bien, esperemos qué viene para este año”.

Salomón ama su ciudad natal, a la que va con cierta frecuencia, no solo para visitar a su familia y a sus amigos, sino para sacar adelante un proyecto de modelaje que tiene de la mano de su esposo, un agente de New Icon. Él está convencido de que en Cali y en la gente de su raza existe mucho potencial para el modelaje y está decidido a descubrir nuevos talentos.

Aunque se siente orgulloso de sus orígenes, no le gusta que hablen de él como el joven de origen humilde que creció en el barrio Desepaz y al que un día le cambió la vida, sino como alguien talentoso, que con trabajo y esfuerzo está labrando un camino en el modelaje y que quiere apoyar a otros para que puedan seguir sus pasos.

“Me gusta transmitir lo que sé a otras personas y que puedan crecer. Me di cuenta de que podemos hacer cosas en Colombia, por eso ahora apoyamos talento colombiano, en especial a la gente negra, ya que estamos un poco discriminados en el modelaje, a pesar de que tenemos un gran potencial. Por eso queremos llevarlo a grandes ligas también”.

Y es que Salomón ve su futuro en el modelaje, aunque no necesariamente siempre como modelo, pues le interesa aprender de producción, maquillaje y fotografía. “Quizá pueda ser modelo toda la vida. Puede ser que mi pasión por caminar y por estar en un set nunca se termine, pero a la vez me puedo ir contento del mundo si aprendo de todo y no soy amante de una sola cosa”, asegura.

Artículos Relacionados

  • Hace 54 años se escribieron los tres grandes himnos del pop
  • Las 10 canciones recomendadas de Camila Zárate, de Canal 13
  • Galería: Los mejores retratos de animales en vía de extinción
  • 11 obras al óleo para recordar la historia de Colombia

Send this to a friend