Con estos diseños, Andrés Otálora busca conquistar el Medio Oriente

El diseñador de modas caleño enfoca sus esfuerzos en el mercado internacional, al que comenzará a exportar en el 2019.

A menos de dos meses para que finalice 2018, el diseñador Andrés Otálora ya sabe con certeza lo que el nuevo año le traerá. Por eso cuando se le pregunta por el futuro, respira lento, casi que suspira, y luego sonríe con tranquilidad: “La consolidación de las cosas en las que hemos trabajado por tantos años; recoger lo sembrado”, dice.

Con ese acento caleño que lo caracteriza y un don de mando que le parece innato, se apresura a contar que el próximo año entrará con sus diseños al exclusivo mercado del Medio Oriente, en donde estará en importantes almacenes de Qatar, Emiratos Árabes, Líbano, entre otros.

“Ya nos hicieron los pedidos y estamos trabajando a toda marcha para enviarlos en febrero del próximo año”, cuenta Otálora, que en septiembre pasado debutó en la Semana de la Moda de París en dos showrooms adecuados para que diseñadores latinoamericanos presentaran sus creaciones ante los compradores internacionales, las editoras de moda y las encargadas del styling de las celebridades. De la mano de Creo Consulting y con la asesoría de la colombiana Clocló Echavarría y las venezolanas Giovanna Campagna Garcés e Isabella Behrens, mostró su inspiración para el próximo año, al lado de otras marcas y diseñadores de la región.

Paralelamente y aprovechando el calendario de la moda internacional, aceptó la invitación de un grupo francés llamado Mosaique para exhibir, además, su colección Resort Pradera, netamente veraniega y caracterizada por prendas livianas y versátiles en colores rosa, coral, offwhite y toques de negro. Fue en este último espacio donde los sueños del modisto caleño comenzaron a hacerse realidad.

En entrevista con Diners, Otálora habló de su presente y su futuro, y de cómo el pasado le marcó el camino que hoy transita con éxito.

¿Fue su primera experiencia en París?

Sí, llevaba años preparándome y esperando a que el momento fuera el indicado, porque también había algo de temor, como cuando un niño se va a lanzar por primera vez a la piscina. La gran sorpresa fue que tuvimos muy buena acogida con la marca, tanto es así que recibimos de una vez pedidos. Algo que resulta inusual porque casi nunca compran así, a la primera vez, sino que es un ejercicio de ir varias veces para luego obtener algún resultado. Nosotros no solo recibimos una magnífica retroalimentación de parte de personas importantes en la moda, sino que la nuestra fue la línea que mejor se movió y se vendió con pedidos concretos para tiendas de Qatar, Kuwait, Baréin, Líbano, Turquía y Londres, en donde, además, nos han pedido exclusividad.

¿Ya exportaba a otros mercados?

A lo largo de mis veinte años de carrera hemos vendido algunas cosas aquí y otras allá, pero este es mi primer ejercicio serio en el mercado internacional. Para mí se trata del comienzo de algo que no tiene vuelta atrás. Esto ya inició y sabemos que el camino es hacia adelante. En este momento todas las marcas latinoamericanas están teniendo gran acogida y se encuentran en el foco internacional. Los compradores se hallan buscando alternativas para salir de la monotonía y a la expectativa de creadores de otros países.

¿Por qué ese interés por marcas y diseñadores latinos?

Latinoamérica tiene un foco muy especial en cuanto a la moda. Les interesa mucho el trópico y eso es precisamente lo que representamos. Colombia, por su parte, tuvo un despertar muy interesante hace unos cinco años en materia de tejidos, textiles, diseñadores y marcas. No somos un país gigante, pero ofrecemos muy buen producto y tenemos un toque internacional interesante con aires tropicales que sirve para romper la monotonía de mercados como el europeo y el oriental.

¿Y cómo es la colección que va a exportar?

En todo sentido, es una colección mucho más madura, no solo en su proceso de estampación, sino también en la parte de la conformación de las prendas. Para este tipo de colecciones uno tiene que tener curadores que la miren desde afuera y le aporten esa mirada internacional. Con nosotros trabajaron dos personas que nos colaboraron con la parte de producción y edición de la misma y como resultado de ese proceso se ve un Andrés Otálora más maduro. En esta colección, como en las demás, los estampados son hechos por nosotros, utilizando fibras naturales como sedas y algodones, en colores como el amarillo, magenta, corales, y con acentos offwhite y negro.

¿En dónde está el éxito de un diseñador?

En la renovación, la reestructuración y la innovación, en reinventarse cada vez que se requiera, eso es lo más importante. También en tener un buen equipo de trabajo, no solo en la parte del diseño, sino en todo lo demás, como lo hacen las grandes casas de moda. Al comienzo yo tenía que hacerlo todo, pero hoy en día no. Ahora soy el capitán del barco.

¿Y cómo fue ese comienzo?

Comencé hace más de veinte años en Cali, sacando una colección pequeña y tocando las puertas de almacenes de Manizales, Armenia, Pereira y Popayán. Mi plataforma de lanzamiento fue el Reinado Nacional de la Belleza que por ese entonces era muy importante y en donde vestí a reinas como Carolina Cruz y Adriana Hurtado. Además, el primer año que participé, me gané el premio al mejor traje de fantasía con un vestido llamado “Atardecer en Singapur” que lució Diana Isabel Romero. Después de eso decidí superar esa etapa y reinventarme, que es lo que debemos hacer los diseñadores. Así que cree una línea comercial llamada “Otálora” que se vendía en cincuenta tiendas de Colombia y Venezuela. Continué con mi carrera hasta que llegué al diseño de prendas más elaboradas, que es lo que hago hoy en día. Hace veinte años abrí mi primera tienda en Cali y después en Bogotá y Barranquilla.

¿Siempre supo que iba a ser diseñador?

Creo que desde que nací tenía ese gusto y lo sabía. Estudié en el colegio Colombo Británico de Cali, pero fui muy mal estudiante. Sin embargo, he sido condecorado por ellos varias veces por mi trayectoria y la última vez que estuve allí varios profesores me contaron que se acordaban perfectamente que en las clases de física, química y biología me la pasaba dibujando en los cuadernos vestidos y más vestidos, eso era en lo que más me concentraba.

¿Y sus padres lo apoyaban?

Al comienzo se opusieron porque en esa época ser diseñador podía ser sinónimo de fracaso. Por eso me fui a estudiar administración de empresas a la Universidad de La Sabana en Bogotá y estando allí les dije que lo que quería hacer era estudiar diseño de modas. Entonces aceptaron con la condición de que me devolviera a Cali. Regresé y estudié en la Academia de dibujo Profesional; con el tiempo los convencí de que el diseño de modas era lo mío y hoy en día son mis principales fans.

¿Cómo ve el mundo de la moda en la actualidad?

Muy cambiado y acelerado. Cuando comencé, las grandes marcas se veían muy arriba y lejanas, como que era imposible que alguien como yo pudiera estar allá algún día. Pero el mercado ha cambiado, la “pronta moda” la ha acercado a los consumidores y ahora las colecciones no son ni tan largas ni tan duraderas. Por ejemplo, yo antes lanzaba solo dos colecciones al año. Hoy en día lanzamos cuatro colecciones, es decir, con una vida de solo tres meses por cada colección en el almacén. Otro ejemplo: ¿quién se imaginaba que alguien fuera a lucir un top elegante, como los que yo hago, con un bluejean, o una de las faldas de mis trajes con una camiseta blanca? Eso es hacer la moda más incluyente y real.

¿Y la moda colombiana?

Soy admirador del diseño colombiano, personificado por muchos diseñadores que hay en el país en todas las regiones. En general creo que ha avanzado a pasos gigantes en el mundo y hemos logrado una posición que antes era exclusiva de Brasil y Argentina. Adicionalmente, el buen momento de los artistas colombianos hace que se mire al país con agrado y reconocimiento, y los diseñadores también nos beneficiamos. Creo que a pesar de todos nuestros problemas, los colombianos siempre logramos no solo hacer las cosas, sino destacarnos y sobresalir.

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