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Conozca a las joyeras colombianas que triunfan en el mundo

Hace poco más de una década, Isabella y Lucía, dos hermanas caleñas, crearon Mallarino, una marca de joyas que se ha convertido en un referente mundial. La filigrana de Mompox es la gran protagonista, pero en su nueva colección han decidido mezclarla con materiales como la seda.

Foto: Cortesía Isabella y Lucía Bueno Mallarino

Hace poco más de una década, Isabella y Lucía, dos hermanas caleñas, crearon Mallarino, una marca de joyas que se ha convertido en un referente mundial. La filigrana de Mompox es la gran protagonista, pero en su nueva colección han decidido mezclarla con materiales como la seda.

Toda historia de joyeras colombianas tiene un comienzo. Y esta inicia cuando Isabella Bueno Mallarino, abogada y con una vida hecha en París, decide regresar unos meses a Colombia, en 2006, para realizar su investigación doctoral en Criminología de la Universidad Católica de Lovaina.

Mientras realiza entrevistas de su tesis titulada Victimización masiva y justicia restaurativa en Colombia: ¿Caminos hacia la paz y la reconciliación?, de 472 páginas, Isabella se acuerda que tiene unos aretes en filigrana, de Mompox, que siempre le han llamado la atención a los franceses y a sus amigos más cercanos. “¡Pero qué lindos son! ¡Parecen un encaje!”, suelen decirle cada vez que se los pone.

Isabella decide buscar por internet a los artesanos en Mompox que los elaboran. Contacta a una familia y se va a vivir con ellos durante un mes. Quiere conocer de cerca su delicado trabajo, cómo transmiten su saber ancestral de generación en generación, cómo entrelazan esos hilos de plata y de oro para crear todo tipo de joyas.

Les encarga unas piezas. “La mano de obra, la técnica, era increíble, pero el diseño no tanto”, asegura Lucía, su hermana mayor, desde Nueva York.

En 2007 Isabella toma la decisión de emprender el negocio de las joyas. Tiene el estilo, el gusto y las ganas de crear algo distinto. Le coloca el apellido de su mamá, Isabel Mallarino, porque ella ha sido su ejemplo de vida. Lucía, diseñadora gráfica y quien se desempeñaba como directora artística del portal e-luxury.com, al poco tiempo decide apoyarla y empiezan a trabajar en serio en el proyecto.

Su objetivo: utilizar la técnica de la filigrana –hasta hoy en día siguen trabajando con la misma familia de artesanos de Mompox–, pero instituyendo su propio universo creativo, como joyeras colombianas.

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Las joyas de las hermanas Mallarino son atemporales y las puede usar cualquier generación.

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Exotismo y elegancia de las joyeras colombianas

En sus joyas hay dos grandes influencias: el jardín de su casa en Cali, donde ambas se criaron, un bosque gigante lleno de orquídeas, flores, gatos, perros –tienen setenta monos tití y dos loros que andan sueltos y libres–. Y las joyas que utilizaba su mamá en los años setenta, grandes, coloridas, eclécticas, y que solían usar y descubrir en su armario.

El resultado de esas influencias ha sido la creación de piezas atemporales, que pueden ser usadas por cualquier generación. “Es muy difícil ser original en Colombia, porque todo el mundo copia todo, pensamos en cómo hacer algo que nadie hubiera hecho, pensamos en el detalle y el diseño. Y para mí, el símbolo de lujo más alto es la artesanía”.

Otro punto importante en su filosofía de empresa consiste en crear un objeto que perdure. “Vivimos en una cultura desechable, en la que se compran y botan cosas todo el tiempo; pero una joya no la puedes tirar, tiene cierto valor, diseño, es algo que quieres guardar y que no pasa de moda”.

El proceso de creación surge de un diálogo permanente entre las dos. “Somos como el yin y el yang, muy distintas, hasta en lo físico, pero hay una armonía que nos hace funcionar. Isabella es más racional, lógica y detallista por su profesión; yo, en cambio, soy más intuitiva”, reconoce.

Isabella, por lo general, piensa en el diseño inicial y Lucía, que tiene una maestría en artes plásticas, dibuja la idea con más calma. “Lo increíble de la filigrana es que cualquier cosa que dibujes la puedes hacer”, dice.

Desde entonces lanzan dos colecciones al año y se han ido ganando un espacio, poco a poco, entre mujeres de varios continentes que admiran su trabajo. Desde Estados Unidos, pasando por Japón, hasta Arabia Saudita, las buscan para comprar sus joyas colombianas. Su ventana al mundo ha sido Instagram –tienen más de 52.000 seguidores–.

Uno de los sellos de su firma son los pinky ring, anillos del dedo meñique. “Francamente, puedo salir sin aretes, sin reloj, pero jamás sin mi anillo; me encantan, nos reconocen por esto y ahora están de moda”.

Dos de sus logros más importantes fueron cuando se dieron cuenta, por casualidad, que Michelle Obama utilizó unos de sus pendientes y cuando la Presidencia de la República de Colombia les pidió que elaboraran un bolso de filigrana de plata para la reina Isabel II de Inglaterra. “No se me ocurre a quién más nos gustaría ver con nuestras joyas”, dice entre risas.joyeras colombianas
Elaboraron para la reina Isabel II de Inglaterra este bolso de filigrana de plata.

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Un crecimiento orgánico

Sin apuro y con calma han ido creando nuevas cosas, como Tribute, una colección destinada a la alta joyería, donde suelen utilizar gemas como rubíes, diamantes y sus preferidas, las esmeraldas de Muzo, Boyacá. “Son las mejores del mundo, su color es más intenso y me encantan”, asegura.

También comenzaron a hacer joyas por encargo. Muchas personas las contactan y les dicen qué quieren, por ejemplo un anillo de compromiso, y ellas traducen sus palabras en una pieza única.

Su nueva colección de filigrana se llama San Antonio y tiene como particularidad que está mezclada con flores de seda hechas a mano. “Han gustado muchísimo; son traídas de varios lugares, como Tailandia y Turquía, y finalizadas en Colombia. El proceso fue complicado, pero al final lo logramos. Las flores no pesan y se ven muy bien”.

También lanzaron Sparkle, una colección para las más pequeñas. “Ambas tenemos hijas y pensamos qué nos gustaría que utilizaran. Así que lanzamos esta colección de 14 quilates, con piedras semipreciosas y precios más asequibles, ideales para regalar en cumpleaños o bautizos”.

Hoy en día Isabella y Lucía ya no están juntas en París. Lucía vive con su esposo, Farid Mokart, socio de la agencia de publicidad Fred & Farid, y sus dos hijos, Aliya y Vigo, en Nueva York. E Isabella junto al francés Ludovic Bonneton, uno de los fundadores de la casa de alta perfumería Bon Parfumeur, continúa viviendo en la Ciudad Luz con sus dos pequeñas, Violetta y Camellia.

Pero la distancia no importa. “Queremos seguir haciendo cosas bonitas. En estos años ha habido de todo y las cosas siempre han fluido. Con tesis, bebés, maridos viajando a otros países, tenemos una confianza total en nuestro equipo de trabajo en Colombia, somos buenas delegando, y siempre estamos abiertas a nuevas ideas”, concluye Lucía.
Uno de sus sellos son los pinky ring, anillos para el dedo meñique, producto de estas joyeras colombianas.


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*Sandra Martínez, editora de la revista Diners, con más de veinte años de experiencia en medios nacionales e internacionales. Le encanta escribir historias de viajes, gastronomía y bienestar.

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Agosto
31 / 2021

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