Amelia Toro: “A veces saco el toro que hay en mí”

La bogotana ha logrado posicionarse en un mercado de lujo y convertirse en una de las diseñadoras más importantes del país. Su colección otoño-invierno 2018 está inspirada en varias de las temáticas que han marcado su vida.

“Más que seguir tendencias, hay que buscar imponerlas. Estar siempre un paso adelante”, sentencia Amelia Toro, mientras sumerge delicadamente una bolsa de té orgánico en una taza de agua hirviendo, en un restaurante de la zona rosa de Bogotá, a pocas cuadras de su boutique. Esa, asegura, es la meta que se impone cada vez que se enfrenta al reto de diseñar una nueva colección. Sin embargo, en esta oportunidad quiso ir un poco más allá, y sorprender apartándose de lo que usualmente se espera de ella.

Lanas bordadas con siluetas delicadas y femeninas son una constante en esta propuesta

Los cuentos de princesas que Amelia Toro leía desde que era niña la marcaron, hasta el punto que, de alguna manera, siempre están presentes en sus colecciones. “Me quedé con la Cenicienta en mi espíritu. De niña tenía un libro de cuentos que todavía tengo y era como mi Vogue”, dice Amelia quien confiesa que aún hoy los colecciona. “Me encantan y me alimentan mucho porque siendo fantasía a veces son más reales y hasta más miedosos que las novelas de adultos. Me tocan el alma. En mis colecciones siempre recurro a algo infantil y es una forma de reírme de mí misma”.

En sus propuestas de moda no solo aparecen algunos elementos de estos personajes que recreaba en su mundo fantástico de infancia, sino también algunos conceptos de los años setenta y ochenta, décadas en que la bogotana creció. “Las influencias de moda provenientes de estos años maravillosos hacen parte de mi ADN”. Así que definir su estilo tiene mucho que ver con todo lo que la ha marcado. “Mi propuesta es muy femenina, con algunos elementos retro y ese toque infantil que me permite hacer lo que quiera porque nadie la decía a la Cenicienta que no”, comenta riéndose.

Con una sutil sensualidad, esta colección descubre su lado más femenino y el impecable trabajo de texturas y confección

“Me bautizaron la Armani colombiana porque cuando empecé con mi marca, mis trajes eran de una caída perfecta y como estábamos a finales de los ochenta, el power suit para la mujer era lo que se usaba, así que yo los hacía con una confección impecable”.

Ese ha sido su fuerte siempre y aunque hoy en día dice que prefiere que no le digan así (“porque Armani ya cambió mucho su estilo”), los diseños de Amelia siguen siendo perfectos en su construcción y costuras. “Aprendí a ser muy exigente con cada proceso y cada detalle gracias a la formación tan estricta que tuve. Viví en Italia un año y medio y trabajé con Fendi y Gianfranco Ferré, quienes hacían alta costura y esa, definitivamente, es la mejor manera de aprender”.

LOS MATICES DE AMELIA

La bogotana tiene varios matices e ingredientes únicos en su propuesta que vienen de todas esas escuelas que tuvo durante su formación como diseñadora. Estudió moda en Nueva York y después tuvo la oportunidad de entrar al mundo laboral en Sri Lanka, al sur de la India, en una fábrica de producción masiva de chaquetas y prendas de denim para el mercado europeo.

La colección tiene el color uva como hilo conductor en sus tradicionales paños clásicos

“Me contrataron en Nueva York porque allá hacían los moldes y las primeras muestras de todo y en Sri Lanka producían las colecciones. Tuve la oportunidad de viajar y vivir más de un año allá donde diseñaba denim y llegué a ser jefe de varios hombres, algo muy complicado en un país musulmán, y más porque era muy joven”. Pero dice que la experiencia fue increíble porque no solo aprendió de la producción masiva, sino también del trabajo social. “El impacto para mí fue muy fuerte y me marcó tanto que al llegar a Colombia decidí que iba a hacer la prenda completa con unos principios y valores que han sido la bandera de Amelia Toro desde que arranqué con el negocio”.

La diseñadora produce todo en su taller porque defiende la calidad y los procesos por encima de cualquier cosa. “Hay que ser honestos con esto: un buen material es fundamental si se va a hacer una inversión en una prenda mía. Eso se ha perdido mucho en la moda, pero creo que hay gente que todavía valora lo que significa hacer una prenda única, con buenos materiales y con muy buena confección”.

Su negocio cumple 28 años de existencia y dice que gracias a eso les ha dado empleo a muchas personas que sostienen a sus familias con este trabajo. “Mi lado social, que lo aprendí de mis padres y luego de mi trabajo en el sur de la India, se basa en esto. Somos una familia y yo tengo empleados que están conmigo desde el principio. Eso me alimenta el alma y el espíritu porque vivo muy orgullosa de lo que hemos construido. Es entender que el trabajo tiene un valor más allá de la remuneración económica y que nos hace sentir orgullosos de lo que hacemos”.

Los jumper siempre han hecho parte de las colecciones de la bogotana

Esto también ha servido de motor y motivación para la diseñadora que en algunas ocasiones ha estado a punto de claudicar. “Ser empresario en Colombia no es fácil: las crisis económicas, las subidas del dólar, la apertura, la caída del peso, los impuestos, el contrabando…, y mi marca es de lujo en un país donde el lujo es exclusivo de pocos, pero cuando siento mucho peso sobre mis hombros pienso que mi trabajo genera empleo y eso me permite seguir creando. También pienso mucho en mi papá que se cayó varias veces y se volvió a levantar. Ahí sale el Toro que hay en mí y me siento como una Juana de Arco de la moda, vestida para la batalla”.

UN COCTEL EXPLOSIVO

La diseñadora no solo se alimenta de su amor por la literatura infantil, de su recuerdo de épocas anteriores y de su espíritu social, sino también de muchas de sus grandes pasiones como la salsa, el baile y su amor por el cine. Cuando diseña una colección lo que más le gusta hacer es seleccionar y escoger las telas, que son parte de su sello. “Analizamos mucho la parte textil, los estampados y sus tratamientos. También las siluetas, los acabados y cómo se va a construir la prenda. Creo que eso también viene de mi padre que era arquitecto y crecí viendo planos. Me sirvió para que en la universidad fuera una de las mejores en patronaje. La clase que más me gustaba era en el Costume Institute del MET, en la que nos poníamos guantes y delantal para mirar la construcción de todas las prendas. Me encantaba porque ese es el origen de todo”.

Este abrigo rojo de jacquard demuestra la maestría de la diseñadora en el uso de texturas de lujo

La colección que acaba de lanzar es la mejor muestra de todos estos ingredientes que siempre están presentes en la estética de Amelia Toro. Inspirada en los años setenta y ochenta, con su reconocido toque infantil, una sutil sensualidad que descubre su lado más femenino y el impecable trabajo de texturas y confección, la propuesta viaja por ese mundo glamuroso que crea la bogotana en cada prenda. El trabajo textil que logró es una clara muestra de su pasión por este mundo donde mezcla lanas, sedas, jacquard y hasta texturas con efectos y acabados muy especiales que dan la sensación de papel. El color uva como tono principal de la colección, con acentos mostazas, rojos, verdes y grises, en siluetas muy femeninas de toques retro.

Sueña con tener una gran presentación en una ciudad como París, por eso dice que todavía no ha hecho el desfile que quiere hacer. Aunque su meta es esa, también dice que muchas veces resulta más difícil permanecer vigente en un país como Colombia porque solo hasta ahora la gente está creyendo en la moda nacional. “Si bien es difícil estar afuera, es más difícil acá. Al lograrlo es cuando se puede dar ese salto. Yo veo que por desconocimiento la gente gasta mucha plata en cosas que no lo valen y la rapidez con la que funciona el mundo de la moda hace que no se aprecien la calidad y los materiales. Y eso va en contra de mi filosofía”. Por otra parte, Amelia siempre ha trabajado con artesanía y parte de su trabajo la incluye de alguna manera. Una de sus colecciones más sonadas fue la que hizo con molas hace muchos años cuando ningún diseñador usaba artesanía en sus trabajos.

Sin duda, Amelia tiene lo mejor de todos los mundos y las escuelas de moda por las que ha pasado la han marcado y le han dado la mezcla perfecta que son el secreto de su éxito: de Nueva York toma su gusto por el negro y por la ropa práctica; de Italia, el lujo, el trabajo textil y el amor por los zapatos y de Colombia, el toque sensual y el trabajo artesanal. Todo esto sumado a una gran perseverancia han hecho que la diseñadora haga parte muy importante de la historia de la moda nacional. de lo obvio”.

Artículos Relacionados

  • Galería: Así se celebra el Día Internacional de la Fotografía en el mundo
  • Especial: ¡Feliz cumpleaños Harry Potter!
  • Así se vivió el Concierto Radiónica 2018
  • Escuche el acústico del Concierto Radiónica y Diners 2018

Send this to a friend