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¿La moda es una liberación femenina o una prisión?

La escritora Vanessa Rosales presentó su mirada acerca de los puentes que unen la moda y el feminismo en la Feria del Libro de Bogotá.

Foto: Juan Moore / Cortesía Vanessa Rosales

La escritora Vanessa Rosales presentó su mirada acerca de los puentes que unen la moda y el feminismo en la Feria del Libro de Bogotá.

Una de las preguntas más interesantes que surgen a la hora de hablar de feminismo es por qué genera tanta incomodidad; por qué hay tantas personas que no soportan la lucha femenina”.

Así abrió la conversación la cartagenera Vanessa Rosales, una historiadora de la Universidad de Los Andes que ha logrado unir el discurso del feminismo y la lucha en pro de la igualdad de la mujer con el estudio de la moda, las tendencias y la industria.

Por esto, fue invitada, en el marco de la Feria del Libro de Bogotá, a la charla “Moda y feminismo: la feminidad como performance y las liberaciones femeninas” en la que conversó con el público sobre los temas que más le interesan: el feminismo y la moda.

Vea a continuación algunos de los puntos más interesantes del evento:

Contra la palabra ‘Feminazi’

Según Rosales, muchos espacios han surgido alrededor del movimiento en estos últimos años. Por ejemplo, “feminismo” fue la palabra más buscada en Google en 2017. Y aunque cada vez más personas comprenden qué es lo que busca, también hay muchos que se oponen y llaman “feminazi” a todas aquellas que luchan por la igualdad. Cuando el nazismo, reitera, es un movimiento totalitario y destructivo, muy contrario a la liberación femenina.

Así como en muchas esferas el feminismo es un tema controversial, en la moda aún suscita muchas miradas contrarias y confundidas. Existen muchos puntos de vista que contraponen miradas y valores sobre el rol de la moda, y en cierta medida del ser “femenina” y feminista al mismo tiempo.

¿Cómo se visten las feministas?

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Cuando surgió el feminismo, las mujeres buscaban la libertad por medio de la independencia de decisión a la hora de poder elegir qué vestir. Los pantalones, por ejemplo, fueron una de las grandes revoluciones del siglo XX. Permitieron a las mujeres despojarse del corset y de los vestidos pesados que limitaban la libertad, y se convirtieron en la forma perfecta de un vestir más confortable.

De acuerdo con Rosales, las ropas son fundamentales a la hora entender las formas de vida de las mujeres a través de la historia, ya que durante mucho tiempo el ser una dama implicaba estar restringida, no solamente en su ropa, sino económicamente, sexualmente e intelectualmente, entre otras.

Pero aunque una prenda como el corset ha sido considerado como un objeto de sumisión y de restricción, hay otras investigaciones que muestran que éste fue un arma de empoderamiento femenino para muchas mujeres, que encontraban en el corset una posibilidad de ganar poder por medio de su sensualidad.

La sensualidad versus el empoderamiento femenino

Aquí también entra un aspecto muy complicado a la hora de entender lo femenino, dice Rosales, ya que la sensualidad femenina ha sido algo comúnmente castigado de igual forma por la sociedad patriarcal y por muchas feministas “ortodoxas” que consideran que esta no es la forma correcta de lograr la igualdad.

Y, afirma la historiadora, el tema se hace más complejo cuando muchas mujeres empiezan a considerar que parte de su construcción como seres válidos en las esferas de poder es el vestir masculino. El uso de elementos y diseños de un estilo que usan los hombres, en muchas oportunidades se convierte en la única opción que existe para que a muchas mujeres la tomen en serio.

Así como sucede en la política o en los cargos de poder de Colombia y el mundo. Basta mirar los satres de pantalones de Hillary Clinton.
Estas miradas son muy interesantes, ya que como dijo la cartagenera, las mujeres que disfrutan de la moda y además tienen una mirada feminista, viven en una continua contradicción.

¿La moda como una prisión?

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A pesar de haber sido un vehiculo para la revolución femenina, las exigencias de la industria de la moda han alcanzado niveles insospechados de exigencias para las mujeres. Es, entonces, un ámbito liberador, o por el contrario, ¿seguir unas tendencias impuestas por una sociedad consumista y globalizada limita aún más la búsqueda de igualdad y liberación?

Tal vez los símbolos más famosos en cuanto a esta contradicción sean las minifaldas y los tacones. Ambos representan objetos que abrieron las puertas a la independencia en cuanto al vestir, y al fin de una sociedad que vigilaba por completo la forma en la que las mujeres vestían. Pero, en realidad hoy en día ¿estas prendas nos liberan o nos hacen más vulnerables?

Hay que entender el feminismo como un universo de complejidades y de búsquedas diferentes, porque mientras para las más radicales y ortodoxas la moda es un medio de opresión, para otra generación más juvenil este es un medio de comunicar y transformar. Sin duda no hay límites que dividan lo que es ser femenina y feminista y lo que hace de la moda una prisión.

Pero, de acuerdo con Rosales, su lucha consta en romper con esta concepción binaria en donde o bien se es femenina o se es feminista. Para ella ninguna anula a la contraria, y lo importante es que exista la posibilidad de construirse desde la independencia y la libertad de escoger.

Además, ella comprende que detrás de la moda, en efecto, puede haber un sistema opresor, y que depende de la forma de vivirla y adaptarla que puede generar cierto discurso por medio del cuerpo.

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Abril
30 / 2018


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