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Verde que te quiero verde

El verde protagoniza desde tiempos inmemoriales las tendencias de la moda y el mundo.

Foto: 贝莉儿 DANIST on Unsplash

El verde protagoniza desde tiempos inmemoriales las tendencias de la moda y el mundo.

Bien podría ser lo que sigue una oda al cuarto color del arco iris. El verde ha sido venerado por artistas, cantantes, poetas, actrices, guionistas y creadores de moda. Desde la inolvidable copla “Ojos verdes” compuesta por Rafael León han corrido ríos teñidos de verdor por la música contemporánea.

La canción ha sido una y otra vez interpretada. Quedamente por Cuco Sánchez, coquetamente por Sara Montiel, magistralmente por Conchita Piquer, roncamente por Antonio Carmona o por Buika y extasiadamente por Alfredo Kraus. Todos han rendido culto a esta mezcla de cian y amarillo para cantarle al amor azotado de una mujer de la calle.

Ojos verdes, verdes como la albahaca / verdes como el trigo verde / y el verde, verde limón /… recién clavaítos en mi corazón / Solo hay unos ojos que en mi vida son.

Este color pigmentario, frío, considerado uno de los cuatro psicológicos primarios, que significa vigoroso, vivo y joven según su acepción en latín –viridis–, se derrama sobre el entorno primordial del hombre: la naturaleza. En ella cobra forma a través de la clorofila y tiñe hojas, arbustos, árboles, pastos, mares de hierba que perduran porque su condición suele ser esa.

El verde es inspiración mundial

Con ese mismo ímpetu se observa cómo impregna talleres de modistos, directores de arte y diseñadores. Memorable cómo unas pesadas cortinas de terciopelo verde se convierten en aquel vestido opulento de Scarlett O’Hara cuando esta mujer impetuosa decide recuperar la dignidad perdida ante los estragos que la guerra ha causado en su armario, en su preciada posesión de Tara. Sí, la escena está filmada en Lo que el viento se llevó.

Repasando el volumen que muestra la Colección de moda del Kyoto Costume Institute –una retrospectiva que abarca trescientos años–, queda claro que este color, en su infinidad de matices, ha sido elegido para cubrir calzado (como el zapato inglés de 1740 elaborado en seda de Damasco verde y marfil con los tacones “Luis” de madera) y para vestir a las mujeres (magnífico ejemplar el del “vestido a la polaca” elaborado en Francia en 1780 con seda tafetán verde decorada con motivos orientales).

El uso de patrones que contienen la imagen de agua y de plantas se incorpora en 1900 a vestidos sinuosos propios del Art Nouveau (como los elaborados por Charles Frederick Worth en chiffon y terciopelo en seda verde pálido).

Jeanne Lanvin y Amy Linker, a comienzos del XX, se dejan llevar por el verde esmeralda, verde pálido, verde… “Por el verde de todos los colores”, como escribió el poeta colombiano Aurelio Arturo en su clásico Morada al sur.

Es imposible no quedarse extasiada ante el “Delphos”, el vestido de infinitos pliegues, en seda verde de una pieza, concebido por el español Mariano Fortuny en esta época. En 1925 merece la pena detenerse ante el vestido en crepé de seda verde, de silueta recta, diseñado por la parisina Madeleine Vionnet.

Las conexiones históricas con el verde

Para Charles Baudelaire, “el rey de los poetas, un verdadero dios” según Rimbaud, existe la teoría de las “correspondencias” entre sonidos, colores, perfumes y sensaciones. Toda una suerte de conexiones que solamente están al alcance de los poetas.

Quizá por eso el propio Rimbaud escribe después su famoso Voyelles (Vocales), un soneto alejandrino en el que asigna cada vocal a un color. Al verde le corresponde la U. Todo un capricho estético que se manifiesta como una evocación de ciclos, del monstruo de la marea y el paso del viento sobre las praderas.

 

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Al poema le ajustaría muy bien el increíble vestido de noche, de seda verde plisada, de Jean Patou, sobre el cual podría adivinarse esa caricia del aire sobre los campos verdosos. Perfectos para caminar por ellos con las sandalias “pies descalzos en la hierba”, diseñadas por Beth y Herbert Levine en 1968.

¿Demasiado sofisticado en Latinoamérica?

Estudiosos del color defienden el verde, aun cuando sea tratado con suspicacia para empatar de manera atractiva con todo tipo de pieles, pues otorga una posibilidad diferente. Ana Cristina Soto, experta en imagen, afirma: “Para nuestra raza latina, que comprende cierto contenido amarillo, el verde es un gran color. Es el neutro que las latinas deberíamos adoptar. Lo suelo recomendar a mis clientas pero noto que son reacias.

¿Será que no se quieren parecer a la vegetación, que no les parece demasiado sofisticado? El verde en la moda rompe con lo convencional, con los colores clásicos blanco, negro, marrón. No existen fibras verdes naturales. En los textiles verdes el componente químico no es tan fuerte, sin embargo”.

El verde en la moda contemporánea

Para la diseñadora bogotana Kika Vargas, el verde no es un obstáculo, menos un prejuicio. Está claro con solo observar las piezas que reproducimos y que pertenecen a su más reciente colección, presentada el pasado mes de mayo en el Círculo de la Moda.

 

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Inspirada por la estética de los años veinte, recrea desde la seda un abanico de tonalidades que van desde el verde menta, el verde musgoso, el oliva en el verde hasta el limón verdoso.

Parafraseando a Federico García Lorca con los versos que dan título a este texto –ahora sí, ya que entramos en confidencias en torno al color de la esperanza y de la vida– y que “la noche se puso íntima como una pequeña plaza”, conviene no olvidar que Newton despreció el verde de la carta de colores que desarrolló para los pintores y, a pesar de eso, el pigmento se impuso por encima del tiempo y de las tendencias.

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Mayo
03 / 2021

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