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Así era el escritor Rómulo Gallegos

El escritor venezolano, de quien se conmemoran 134 años de su nacimiento, como uno de los novelistas más importantes del siglo XX.

Foto: Abbie Rowe

El escritor venezolano, de quien se conmemoran 134 años de su nacimiento, como uno de los novelistas más importantes del siglo XX.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 184 de julio 1985

Este año, no sólo Venezuela, su tierra natal, sino el mundo hispánico todo España y las naciones latinoamericanas conmemoran el centenario del nacimiento de Rómulo Gallegos, uno de los más preclaros escritores de América, reconocido ya, por entusiasta unanimidad, como uno de sus clásicos. Conmemoración jubilosa, pero, además, exaltación no sólo de su creación literaria sino de cuanto su vida constituyó de alta lección de dignidad, de responsabilidad civil y de entrega generosa al servicio de los demás.

Alguna vez Gallegos escribió: «Yo no concibo forma de existencia sino bajo climas de libertad y de dignidad individual». Esta declaración acerca de la manera como concibe la vida, bien podría tomarse como una hermosa síntesis de su propia existencia, consagrada integralmente a la defensa de la libertad, al empeño por aclimatar dentro de las pautas de armonía social que distinguen a cualquier comunidad realmente civilizada.

Todo fue diáfano y ejemplar en aquella existencia. Miembro de una familia sin mayores recursos su padre fue un modesto comerciante, una vez concluidos sus estudios básicos, inició, y más por necesidad que por vocación, su carrera en el magisterio, al tiempo que daba comienzo a lo que más tarde sería su prolífica labor literaria, con unos ensayos centrados en el análisis y crítica de la educación que entonces se impartía en Venezuela.

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Aquellos trabajos iniciales aparecieron en la revista La Alborada, que Gallegos fundara en 1909, a los veinticinco años, y cuyo título es vivo reflejo de su actitud de hombre esperanzado que creía y buscaba para su patria un claro amanecer, actitud que no abandonaría nunca. Siguieron, más tarde, los primeros cuentos («Los aventureros») y las dos incursiones que hizo en el teatro («El milagro del año»), hasta redondear la primera etapa de su producción, con dos novelas, El último solar y La trepadora, que sentaron las bases de su renombre de escritor.

Por la primera vez viajó, luego, a Europa. Tiene cuarenta y cinco años cuando en España aparece su Doña Bárbara, la primera de sus obras mayores, que mereció un importante galardón en la Península, y lo situó, de inmediato, al nivel de los más altos novelistas hispánicos. Es la hora de la consagración literaria. Pero el éxito no vendría solo. Traería consigo una de las calamidades mayores que hubiera de padecer Gallegos.

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Porque Juan Vicente Gómez, a quien había entusiasmado la lectura de Doña Bárbara, resolvió designar a su autor senador por el estado de Apure, Gallegos, antes que hipotecar su libertad a los halagos del tirano, prefiere exiliarse. En España residirá los cinco años posteriores.

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ó Á , nació el 2 de agosto de 1884 en Caracas – Venezuela; cursó estudios en el Colegio Sucre y se licenció en Filosofía, Literatura y Matemáticas.⁣ ⁣ Fue profesor entre los años 1912 y 1930. Durante ese periodo, publicó numerosas novelas centradas en la vida de su país; a causa de las críticas contra el dictador que la novela contenía, se vio obligado a exiliarse en 1931 en los Estados Unidos y, posteriormente, en España.⁣ ⁣ Al regresar intervino en la creación del partido Acción Democrática y le nombraron Ministro de Educación. El 14 de diciembre de 1947, fue electo Presidente Constitucional de la República para luego ser derrocado en noviembre de 1948 por un golpe militar.⁣ ⁣ Por su labor como escritor fue merecedor de diversos premios y reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura (1957-1958). Rómulo Gallegos muere el 5 de abril de 1969 en Caracas.⁣ ⁣ á :⁣ ⁣ 1920.- Reinaldo Solar ⁣ 1929.- Doña Bárbara ⁣ 1935.- Canaima ⁣ 1937.- Pobre Negro #Historia #LiteraturaVenezolana #Romulogallegos #Doñabárbara #Lectura #Doñabarbara #Thursday #Venezuela #Libros #Relatos #Escritos #Literatura #Escribir #Bookstagram #Book #CulturaGeneral #Booklovers #Accionpoetica #Escritoresdeinstagram #Instabook #Letrasenespañol #Inspiración #Motivación

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De entonces datan Cantaclaro, su novela del llano, y Canaima, la de la selva, las que, ordenándose secuencialmente con Doña Bárbara, irán configurando su «creación cíclica», el ciclo de sus obras exploratorias de la realidad natural y social de Venezuela, y, por extensión, de América. En 1936, de regreso ya en Venezuela, tras la terminación de la dictadura, se le designa ministro de Educación Nacional. Será igualmente elegido como diputado al Congreso.

¿Cómo se produjo su vinculación a la política?

Fue asunto más de circunstancias que de auténtica vocación. Ocurrió con él lo que ha ocurrido con tantos escritores de Latinoamérica. Simplemente que, por su empinada independencia política, así como por las implicaciones de cambio social contenidas en su obra literaria, se lo incorporó al cuadro de los líderes de la reforma social de su patria, sólo que en el caso de Gallegos, como sabemos, aquel proceso culminó con su exaltación a la Presidencia de la República en 1947.

En cláusulas de noble escritura muy propias para la reflexión de tanto apresurado candidato de hogaño el mismo Gallegos explicó el porqué fueron a «buscarlo» sus compatriotas para elevarlo a la primera magistratura. He aquí sus palabras: «Por haberle dado a mis letras esforzada ocupación en los duelos y quebrantos del pueblo, por haber tratado de explorar la raíz enferma de donde proviniera tanta hoja marchita en las ramas de la esperanza, por haber explorado también los horizontes por donde pudiese aparecer el anuncio de tiempo mejor, fue por lo que me buscaron en mi país mis compatriotas cuando se necesitó encabezar una buena empresa con un hombre que inspirase confianza».

Infortunadamente, aquella presidencia duró poco. Derrocado por una junta militar, Gallegos, en 1948, marchó de nuevo al exilio. Estuvo en Cuba y México. A partir de entonces y hasta el final de sus días murió en Caracas en 1969, a los 85 años vivió entregado a su labor de escritor. A este período pertenecen otras dos obras que complementan su «creación cíclica»: Pobre negro, sobre el tema de la discriminación racial y Sobre la misma tierra, referida al tema del petróleo. Siguieron, luego, en punto terminal, El forastero y La brizna de paja en el viento, esta última con temática de origen cubano.

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Al comienzo anotamos que Gallegos era uno de los clásicos de América. Mas si alcanzó a tan eminente rango fue, no sólo por la ejemplar jerarquía de su creación literaria, por la riqueza, belleza y vigor de sus narraciones, sino también por la permanente vigencia de su pensamiento, por la actual validez de sus reflexiones en torno al proceso social americano.

Porque todo su quehacer intelectual ensayo, narración, acción política, más allá de su contexto venezolano, lo que constituyó realmente y en última instancia, no fue cosa distinta a una larga y meticulosa meditación, intensamente lúcida, sobre el hombre americano y su circunstancia. Pero examinados, no aisladamente, sino vistos y sorprendidos en la profusa complejidad de sus dependencias.

Esa meditación se expresó conceptualmente en sus ensayos, pero sus conflictos se tradujeron a encarnación viva en los personajes de sus relatos. Esta reiterada consideración de la naturaleza americana, de su devastadora presencia («devoradora de hombres», la llamó Gallegos) explica por qué sus novelas, desbordando las normas de la simple narrativa, en su conjunto se alzan a un nivel épico, para configurar una especie de epopeya americana, de naturaleza primitiva y salvaje.

Dentro de aquel marco referencial, Gallegos puntualizó, en su obra, los principales excesos que, entre nosotros, genera esa presencia de la tierra: la codicia, casi lujuriosa, por poseerla, la incitación al caudillismo, con sus correlativos desafueros de fuerza y prepotencia, el brutal primitivismo, la barbarie, la oligarquía de castas. Ahora bien, esa indagación sociológica no quedó circunscrita en Gallegos a la simple formulación de un diagnóstico. Señaló igualmente una terapéutica, cifra y compendio de sus anhelos americanos.

Y, ¿qué quería para América? Quería la corrección de todas las distorsiones que históricamente han desviado su desarrollo social. Propugnaba un nuevo espíritu que condujese a una adecuada relación entre hombre y tierra, a fin de que esta rindiese sus frutos para todos, y no fuera instrumento de explotación o sometimiento. Clamaba por una ordenación jurídica que acabando con las tropelías del caudillaje y el gamonalismo permitiese la instauración de una civilización propia en nuestros campos.

Finalmente, y para el logro de tan altos propósitos, propónla el abandono de toda ilusoria tentación de soluciones mesiánicas, para que fuesen sustituidas por un cambio radical en el comportamiento de cada ciudadano, centrado en el retorno a la práctica de las virtudes cívicas, y en el rechazo a cualquier forma de violencia, injusticia o desacato a la ley.

Las palabras que a continuación transcribo, escritas por Gallegos hace casi cuarenta años, parecen haber brotado ayer como una propuesta de solución al derrumbe moral en que nos debatimos al presente. No sobrará, en este primer centenario de su nacimiento, meditar sobre ellas.

«Es tiempo ya observa de que allanemos los caminos, no al mesías que en ninguna escritura nos está prometido, sino al hombre responsable que en cada uno de nosotros reside, para que asuma la actitud que le corresponde, que no puede ser sino la del civismo respeto a la ley, limitación dentro del derecho, superación ante el deber”. Y, por sobre todo, «que cese para siempre el despeñarse sobre este suelo la catarata de sangre de la revuelta armada y el delito impune. Que a los hombres torvos sucedan los principios diáfanos, a la mezquina apetencia el esfuerzo generoso, a la bravura siniestra la virtud serena…».

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Julio
13 / 2019

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