La Bruja, un tesoro escondido en el centro histórico de Bogotá

Hace quince años, en un calabozo que además fue parte de un convento de las hermanas Clarisas, abrió sus puertas el restaurante La bruja.

La Bruja
Calle 11 No 2-80
Bogotá

Todos los días, sin falta, María Edilia Giraldo de Gutiérrez tocaba la puerta de la calle 12 con carrera tercera, en pleno centro de Bogotá, en busca de su hijo desaparecido. Por ese entonces, allí quedaba un calabozo a cargo del servicio de inteligencia secreta de la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla. María Edilia solía llevar en un canasto exquisitos platos de comida a los guardias para convencerlos de que le dieran algún tipo de información de su familiar o para que, al menos, le pasarán un trozo de alimento. Dicen que jamás supo que pasó con su hijo, que enloqueció y que su fantasma, a menudo, recorre esta calle.

Hace quince años, en ese mismo calabozo, que además fue parte de un convento de las hermanas Clarisas, abrió sus puertas el restaurante La bruja. Hoy en día es reconocido en la zona por su propuesta gastronómica y su entorno romántico.

Hace año y medio, una de sus dueñas, Laura Rubiano, junto a su esposo Gregorio Fandiño, se encontraron con una noticia que los sorprendió: la casa en la que vivió María Edilia, a muy pocas cuadras de allí, estaba en venta. Sin pensarlo dos veces, decidieron comprarla, restaurarla y convertirla en la segunda sede del restaurante. Su objetivo, explican, es recibir a grupos más numerosos de personas.

Con un ambiente creativo, lleno de detalles alusivos a las brujas, como un parqueadero de escobas, llaves antiguas y puertas que se transforman en mesas, ofrecen a los comensales una propuesta de cocina de autor, que mezcla influencias orientales y francesas. En la carta se pueden encontrar platos con nombres tan sugestivos como amuleto de camarón, cerdo místico, pasta sexto sentido o trucha embalsamada.

Además, tienen un carrito de gin tonics, elaborado por el mixólogo Jeremy Daimonth, que pueden ser mezclados con diversos ingredientes, para darle un toque frutal o botánico.

Fandiño, quien vivió durante cinco años en Emiratos Árabes antes de involucrarse en este proyecto gastronómico, asegura que ha sido una experiencia positiva y lo que más valora es retarse a sí mismo para innovar. Explica, además, que está convencido de que existen las brujas. “ Desde mi convencimiento pleno, son ellas las que conservan las memorias de un pueblo; tienen la sabiduría del buen consejo y la efectiva cura en sus sutiles cuidados”, puntualiza.

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