Las bondades del vino

Desde el descubrimiento fortuito del vino, hace alrededor de 8.000 años, el uso de la bebida tomó tres grandes caminos: el recreativo, el religioso y el alimenticio o saludable.

Digo fortuito porque los racimos de la planta comienzan a deshidratarse después de desgajados y de inmediato las levaduras –que están presentes en la piel de las uvas– actúan de manera natural y espontánea sobre el jugo azucarado de la pulpa, transformándolo en alcohol. Así de fácil. Al hombre solo le ha correspondido detectar el proceso, asimilarlo, divulgarlo y disfrutarlo.

Las dos primeras corrientes tienen para nosotros un reconocimiento cultural inmediato: por un lado, desde el punto de vista recreativo, bebemos vino para compartir momentos en familia y con amigos, celebrar algún acontecimiento trascendente, relajarnos y alegrarnos el ánimo. Por el otro, el religioso, lo utilizamos diariamente en el rito cristiano de la eucaristía.

En cambio, el uso alimenticio o saludable no es tan claro y evidente, porque, al tratarse de información científica, su conocimiento está fuera del alcance de la mayoría de nosotros. Vale la pena, entonces, empaparnos un poco de investigaciones y conceptos a fin de apreciar sus beneficios para el cuerpo y la psiquis.

Compuestos saludables

Procedente del fruto llamado vid, el vino encierra en su estructura molecular una serie de sustancias potencialmente terapéuticas, como ocurre con la mayoría de las especies vegetales del planeta.

Los beneficios de su consumo están consignados en cientos de trabajos de investigación, especialmente en torno a las uvas tintas, que los contienen en un porcentaje mayor que las uvas blancas.

¿Por qué sucede esto? Porque las pieles de las uvas tintas –y sus respectivas semillas– pasan más tiempo en contacto con el jugo de la uva durante el proceso de fermentación, y esto le permite al líquido absorber nutrientes y compuestos benéficos.

La elaboración del vino blanco, en cambio, no permite ese contacto del jugo con las pieles y las semillas porque produciría desagradables efectos amargos en la bebida, desencadenando, a su vez, una oxidación prematura. Las uvas tintas –y, por consiguiente, el vino del mismo color– poseen cantidades significativas de antioxidantes, como dos flavonoides llamados quercetina y resveratrol.
Estos antioxidantes estimulan procesos benéficos en el organismo, protegiéndolo contra agentes inflamatorios y contra el crecimiento celular descontrolado.

La quercetina, en particular, ataca los radicales libres surgidos del proceso oxidativo del oxígeno. Esos radicales originan perjuicios celulares en un proceso de reacción en cadena que amenaza órganos vitales. Consumir bebidas como el vino –o alimentos cargados de antioxidantes– modera y hasta detiene dicha carrera. Al hacerlo, protege al cuerpo del envejecimiento y las inflamaciones.

Dichas inflamaciones son fuente de enfermedades cardiacas, infecciones, fatiga crónica, artritis, desórdenes autoinmunes, alergias, enfermedades visuales, algunos tipos de cáncer, úlceras estomacales, diabetes, arterioesclerosis y gota, entre otras. Igualmente, el vino tinto también minimiza los efectos del colesterol alto.

Y el resveratrol, antioxidante encapsulado en las uvas tintas, previene contra varias condiciones, tales como enfermedades cardiovasculares, obesidad, declive cognitivo y envejecimiento prematuro. Igualmente, es un potente digestivo y un agente productor de energía y resistencia.

Pero no abuse del consumo de vino. Al contener alcohol, recuerde que una ingesta abusiva puede alterar el cerebro e intoxicar su hígado y otros órganos. Observe las recomendaciones médicas basadas en numerosos estudios y tratados.

Guía para un consumo saludable

Trate de no consumir más de cinco copas de vino por semana. Y no beba más de dos copas diarias. Para lograrlo, siga estas recomendaciones:

• Prográmese: si sabe que va a consumir más de dos copas, trate de no beberlo el resto de la semana.
• Beba lentamente: aprecie los aromas y sabores del vino. No beba como si fuera agua.
• ¿Cuándo recargar la copa?: solo pida que le sirvan cuando su copa esté vacía, no antes. Recuerde que un tercio del volumen de una copa es una cantidad suficiente.
• Beba agua: es importante beber agua natural (con gas o sin gas) a medida que ingiere vino. Hágalo de manera alternada: un sorbo de vino por un sorbo de agua.

Infartos y derrames

Un trabajo del Queen Mary College, adscrito a la Universidad de Londres, indica que la procianidina, presente en los taninos de los vinos tintos, protege al corazón de enfermedades isquémicas.

Este beneficio lo gozan ampliamente los moradores de la isla griega de Creta y la isla italiana de Cerdeña, ambas ubicadas en el Mediterráneo. Los tintos de dichas zonas contienen un alto porcentaje de procianidina.

Igualmente, un estudio de la Universidad de Columbia indica que el consumo de vino y de alcohol en cantidades moderadas reduce en un 50 % las muertes por derrame cerebral.

Una vida más larga

Al retardar el envejecimiento, el vino tinto induce a alargar el ciclo vital. Los ejemplos son notorios a lo largo del Mediterráneo. En la isla griega de Icaria, sus habitantes viven más años que otros mortales. Además de vino tinto, consumen muchos vegetales y pocos productos de grasa animal. The New York Times tituló una vez que es la isla del mundo donde sus pobladores “olvidan morir”.

Investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard manifestaron que el resveratrol activa una proteína que favorece la longevidad en varios animales. Esto se debe a que aumenta la actividad de las sirtuinas, un grupo de genes que protege al cuerpo contra las enfermedades de la vejez.

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