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Si está en busca de un aguardiente premium, esto es para usted

Estos tres emprendimientos tienen el objetivo de elevar el nivel del destilado nacional y que el mundo lo reconozca, como ha sucedido con otros tragos.

Foto: Cortesía Cumbé

Estos tres emprendimientos tienen el objetivo de elevar el nivel del destilado nacional y que el mundo lo reconozca, como ha sucedido con otros tragos.

Una de las canciones tradicionales más conocidas en el país, Soy colombiano, del maestro Rafael Godoy, inicia con la siguiente frase: “A mí deme un aguardiente, un aguardiente de caña, de las cañas de mis valles y el anís de las montañas. No me den trago extranjero, que es caro y no sabe a bueno y porque yo siempre quiero lo de mi tierra primero”.

Aunque muchos la hayan cantado a todo pulmón en las reuniones familiares –y lo estén haciendo en su mente mientras leen el artículo–, para nadie es un secreto que el aguardiente nacional, hecho a base de caña de azúcar y anís, es muy fuerte, quema la garganta, produce un guayabo monumental y no sirve para preparar cocteles.

Sin embargo, es el trago nacional, el que está presente en las celebraciones; todos lo hemos tomado en algún momento de la vida y merece tener un lugar destacado en el mundo, como otros tragos lo han logrado.

Con esto en mente, tres emprendedores decidieron apostarle a crear un aguardiente un poco más suave, fácil de pasar y de mezclar, y que fuera elaborado artesanalmente, de una manera más cuidadosa y con un empaque distinto y llamativo. Que contara una historia diferente para los extranjeros que quisieran llevarse algo típico nacional y para los mismos colombianos interesados en probar bebidas premium.

Mil demonios, una iniciativa liderada por Mauricio Gutiérrez, le cambió el anís por otros tres botánicos: hinojo, jengibre y cilantro; Cumbé, de Moisés Mendal, lo deja reposar en barricas de roble, mientras que Júbilo creó tres versiones distintas. Estas son sus historias.

Cumbé

Moisés Mendal

Aunque Moisés Mendal nació en Estados Unidos, sus ancestros son colombianos. “Cuando era pequeño viajaba mucho al país y siempre veía que el aguardiente estaba presente en las celebraciones. Al crecer entendí que este destilado era parte de la historia y de la cultura nacional”, cuenta desde Nueva York.

Por esta razón, hace tres años se interesó en crear un aguardiente superior con un amigo colombiano. “Visitamos fábricas en Antioquia, trapiches en el Valle del Cauca y destiladores en la zona cafetera hasta formar un grupo de especialistas, encabezado por nuestro maestro aguardientero José Fernando Botero. Así logramos desarrollar la excelente fórmula que fabrica la empresa de licores Coloma, en Colombia”, asegura.

Según Mendal, Cumbé –vocablo africano del que se cree proviene la palabra cumbia–es un aguardiente suave y muy fácil de pasar, tiene toques de taninos de roble que le otorga el reposado en barriles de roble blanco, y en la mezcla utilizan el anís pimpinela, más delicado que el anís estrellado. Además, el alcohol que emplean es de origen nacional y no tiene azúcares añadidos.

“Quiero insistir en el reposado, porque no existía en la historia del aguardiente colombiano; esto lo hace suave y agradable para el consumo, y permite que se pueda tomar solo o mezclado en cocteles únicos y exóticos”, asegura.

«Subirle el nivel al aguardiente»

Aguardiente Cumbé Foto: Cortesía Cumbé


Actualmente, Cumbé se encuentra en varios restaurantes de Miami y Nueva York, en tiendas de licores y en internet. “La recepción ha sido muy buena, tanto en los latinos como en los estadounidenses, que no están acostumbrados a probar cosas nuevas en licores, porque tienen una gran diversidad de destilados para elegir”.

La pandemia, como a todos, también los golpeó, pero les dio la oportunidad de vender en línea. “Me parecía difícil vender aguardiente virtualmente, porque si no lo conoces, por qué razón lo vas a probar. Pero para mi sorpresa, a gente de estados que no tienen nada que ver con latinos, como Kansas y Kentucky, le ha gustado mucho”, reconoce.

En Colombia esperan lanzarlo muy pronto, porque ya tienen todos los permisos del Invima y quieren seguir creciendo en otros lugares, como California y Texas.

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Frente a la competencia, asegura que no ha visto casi las otras marcas en Estados Unidos. “No tengo mucho que decir sobre estas marcas, pero bienvenida la competencia. Chévere que abran la categoría, al fin y al cabo, todos tenemos la misma visión, que es subirle el nivel al aguardiente”.

Mil demonios

Mauricio Gutiérrez

Todo comenzó hace seis años, cuando un amigo de Mauricio Gutiérrez se fue a una boda en Guatemala y quería llevarles de regalo un aguardiente de calidad. Buscó y buscó y no encontró por ningún lado. Le comentó a Gutiérrez, quien trabajaba en una empresa de licores, que no existía algo así en el mercado. A ambos les quedó la espina.

Cuando su amigo regresó del matrimonio comenzaron a trabajar en la idea. “Nos dimos cuenta de que tomamos aguardiente porque prácticamente es la primera experiencia para beber, pero cuando al país entran bebidas importadas de calidad, como ginebra, whisky o vodka, el consumo cambia. Sin embargo, eso validaba la idea de que si hubiera algo nacional, de calidad, sería buenísimo”, asegura.

Así que, poco a poco, comenzaron con el sueño de lograr que al aguardiente le pasara lo mismo que le sucedió al mezcal en México, una bebida que la tenían por el piso y que hoy es referencia en el mundo. “El destilado colombiano tiene mucho potencial, pero había que hacerle un cierto ajuste en el líquido y en el empaque”, explica.

Rescatando la historia

Al comenzar a investigar se encontraron con una historia que decidieron rescatar: en la época de la Colonia, los esclavos en Cartagena hacían una destilación muy rudimentaria de la caña de azúcar –traída a estas tierras por Pedro de Heredia–, que consistía en hervir el jugo de la caña, atrapar el vapor con la tapa de la olla y dejarlo condensar; luego le agregaban azúcar, frutas y anís para que se pudiera tomar. Ese aguardiente comenzó a volverse popular entre toda la población. Al ver esto, la corona española, que perdía impuestos, y la Iglesia, escandalizada más por un tema moral, tomaron la decisión de prohibirlo en 1793.

Foto: Cortesía Mil demonios


Sin embargo, algunos estancos lo vendían clandestinamente. Uno de esos era Mil demonios, un lugar en el que se formaban unas fiestas inolvidables entre indígenas, criollos y españoles. “Al leer esas historias de los estancos prohibidos nos dimos cuenta de que necesitábamos un aguardiente amable, que no deje ese rasguño cuando baja por la garganta, que al otro día uno amanezca bien, tenga un buen recuerdo de la noche y pueda contar historias, porque el tradicional tiene un efecto extremo del alcohol”.

A partir de ahí comenzaron a trabajar con los ingenieros de alimentos. Primero observaron que a la gente no le gustaba el anís. Ensayaron con 26 hierbas hasta que se quedaron con tres: hinojo, jengibre y cilantro. El alcohol que destilan es nacional y lo fabrican en la Industria Licorera del Magdalena, en Santa Marta.

En Colombia también se consume aguardiente premium

Desde el primer día pensaron que se vendería fuera de Colombia. “¿Por qué vas a pagar 120.000 pesos por una botella, si puedes pagar una de 40.000? Sin embargo, hay muchos consumidores de bebidas premium en Colombia y esto nos abrió la puerta en el territorio”.

También cuentan que la pandemia les ayudó, porque la gente se animó a probar marcas diferentes y no solo las que estuvieran de moda. “El factor sorpresa es lo que más gusta. Tuvo un efecto positivo, pues genera una conversación y las personas repetían la experiencia”.

En la actualidad se encuentran en Alemania, Estados Unidos, China, Bonaire, Aruba y Curazao y están abriendo mercado en Francia, Reino Unido, España, Chile y Perú. Gutiérrez explica que proyecta crecer un 40 % en 2021, porque su ambición es poner la bandera del aguardiente en la mayoría de países posibles. En el momento producen 16.500 botellas anuales que incluyen el mercado local –representa un 30 % de su negocio–, y se preparan para lanzar dos bebidas alcohólicas más, que también rescatan la ancestralidad del país, aunque prefieren no dar más detalles al respecto.

Júbilo

José Rafael Arango

Hace un par de años, un alto ejecutivo de Bavaria que se fue a vivir a Estados Unidos llamó al sommelier José Rafael Arango y le dijo que quería tener el aguardiente, el licor nacional, en el lugar que se merece.

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“Me pareció genial porque siempre les había tenido envidia a grandes industrias como la mexicana, con el tequila, que hace sesenta años era popular, pero sin ninguna proyección internacional; la peruana, con el pisco, o la brasileña con la cachaza, y nosotros, nada de nada”, cuenta con franqueza Arango.

El sommelier asegura que la cuestión es que siempre ha existido un escollo legal, ya que el Estado colombiano ha tenido el monopolio del alcohol. “Y por esa razón la iniciativa privada ha estado bastante rezagada, aunque han existido pequeños luchadores independientes, como la familia Riascos con el ron La Hechicera, o Hernán Parra con el ron Dictador”.

Aunque Arango confiesa que no era un consumidor habitual de aguardiente, “pues me parece una bebida extremadamente anisada, muy local y no de gusto internacional”, se puso en la tarea de elaborar una que sí le gustara.

Foto: Cortesía Júbilo


La mística del licor

Júbilo –que inicialmente se llamó Libertad, pero le negaron el nombre– tuvo un arduo trabajo detrás. “Todo licor de calidad tiene una mística, pues no es una producción industrial. Este aguardiente se filtra tres veces, con botánicos naturales, agua del Parque de los Nevados, jugo de caña de azúcar y alcoholes ciento por ciento nacionales”.

Al final del ejercicio hubo tres finalistas. Así que Arango les propuso dejar las tres versiones, a las que bautizó como tradicional, reposado y botánico, y las identificó con los colores de la bandera nacional.

“La gente quiere calidad, estamos haciendo el duro sendero de crear una categoría. Esperamos que en veinte o treinta años podamos tener algo como lo que tiene México. Eso sería un orgullo”.

Por ahora, mientras finalizan los trámites de los permisos con el Invima, tienen la autorización de venderlo en el exterior, razón por la cual están presentes en la Florida, Estados Unidos, y en las tiendas duty free de los aeropuertos de Bogotá, Cali, Barranquilla y Medellín, a un precio de 50 dólares la botella. En promedio, venden 250 botellas mensuales, aunque reconocen que la pandemia los golpeó fuertemente.

Dos de los socios del emprendimiento son el exfutbolista Carlos ‘El Pibe’ Valderrama y el exjugador de béisbol Edgar Rentería. Ambos han impulsado a través de firmas y campañas la compra de este aguardiente premium.


El de la FLA

El aguardiente Real 1493, elaborado por la Fábrica de Licores de Antioquia (FLA) y lanzado en 2010, fue uno de los primeros considerados en el país como premium. Aunque ahora se llama solo Real, es un aguardiente reposado en barricas de roble americano durante tres meses, lo que aumenta la profundidad y el equilibrio de su sabor; además, no contiene azúcar añadido.

Frente al lento posicionamiento de este destilado en el exterior, su gerente, Javier Ignacio Hurtado, asegura que “aunque el aguardiente de caña es considerado por los colombianos como la bebida alcohólica nacional, el gobierno no ha creado una estrategia de posicionamiento contundente para que sea conocido globalmente. Solo a través de la ley de licores de 2016 se protege desde el punto de vista tributario, mas no como la bebida alcohólica oficial de Colombia, así como lo han hecho México con su tequila, Argentina con el vino y Perú con el pisco”, y agrega que “en el país no contamos con esto y cada licorera departamental debe posicionar sus productos con recursos propios en el exterior”.

Hurtado, además, se muestra positivo frente a las iniciativas privadas. “Es bueno e importante seguir construyendo la categoría de aguardiente premium y lograr que se incorporen nuevos actores en el desarrollo. De esa forma la categoría gana y crece”. Este año, por lo pronto, esperan aumentar las exportaciones de Real en un 220 %.

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*Sandra Martínez, editora de la revista Diners, con más de veinte años de experiencia en medios nacionales e internacionales. Le encanta escribir historias de viajes, gastronomía y bienestar.

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Julio
08 / 2021

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