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Noemía, la historia del mejor vino orgánico de Latinoamérica

Muchos han oído hablar de Bodega Noemía, en la Patagonia argentina. Y tal vez se hayan enterado de los altos precios que los acompañan. Pero pocos saben que se trata de vinos artesanales y orgánicos.

Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0

Muchos han oído hablar de Bodega Noemía, en la Patagonia argentina. Y tal vez se hayan enterado de los altos precios que los acompañan. Pero pocos saben que se trata de vinos artesanales y orgánicos.

Esta historia podría referirse a uno de los más renombrados y trascendentales enólogos del mundo en tiempos modernos, y a la fama que han alcanzado sus vinos entre consumidores de los cuatro puntos cardinales del globo.

Pero no. Aquí solo aparecerá la figura de Hans Vinding-Diers como la de un simple “obrero de la tierra”, quien le apostó a producir vinos orgánicos y biodinámicos como señal de respeto a la madre que los nutre. Los vinos orgánicos, vale añadir, son aquellos que se elaboran libres de agentes o tratamientos químicos.

Y los biodinámicos van más allá, además de utilizar preparaciones naturales se rigen por la influencia de la Luna y otros astros.

Historia de antaño

Vinding-Diers nació hace 50 años en el distrito vitivinícola de Stellenbosch, en Sudáfrica, pero a temprana edad viajó con su familia a Burdeos –la meca de los vinos franceses–, donde su papá, Peter Vinding-Diers –también enólogo–, se vinculó como asesor de afamadas bodegas de la región de Graves.

Al poco tiempo, el padre compró dos famosas casas productoras (Château Rahoul y Château de Landiras) donde el hijo pasó el resto de su infancia y juventud.

Pese a estar rodeado de vinos y viñedos durante sus años formativos, Vinding-Diers estaba empecinado en estudiar artes escénicas y en ser director de teatro. Pero el vino se interpuso nuevamente en su camino.

Tras terminar sus estudios participó en vendimias en Australia, Chile, Uruguay, Sudáfrica, Portugal y España.

Además, durante algunas temporadas trabajó al lado de su primo, Peter Sisseck, dueño de la bodega Pingus, una de las estrellas de Ribera del Duero, en España.

Desde aquellos días, Sisseck lo inició en el camino de la vitivinicultura natural, pero aún faltaba tiempo para que Vinding-Diers se dedicara a ella por principio y por opción de vida.

Como consultor de una compañía importadora de vinos en Inglaterra, viajó a Argentina en busca de un socio estratégico para elaborar vinos de gran complejidad. Y así fue como terminó estableciendo una alianza con la centenaria bodega de Humberto Canale, en al Alto Valle de Río Negro, en la región de la Patagonia.

Vinding-Diers no solo descubrió allí plantaciones centenarias de variedades como Malbec y Pinot Noir, sino que probó vinos de antiguas cosechas de Canale, que le permitieron sacar una única conclusión: la Patagonia, pese a su lejanía y condición agreste, podría ser el eslabón perdido de su búsqueda enológica.

Un terreno ancestral

Exploró varias zonas hasta encontrar dos viñedos abandonados, que fueron plantados, inicialmente, en los años treinta y cincuenta. Sin pensarlo mucho, los compró, en compañía de su mujer, la condesa Noemí Marone Cinzano, cuya familia ha estado vinculada a los vinos de la Toscana, en Italia, desde el siglo XIII. Y así crearon Bodega Noemía.

El centro sería una pequeña planta situada en Valle Azul (Alto Valle de Río Negro), en medio de un gigantesco y desolado desierto.

Alejado de los centros tradicionales de la vitivinicultura, donde el volumen y la tecnología han reemplazado la mano del hombre, Vinding-Diers resolvió producir vinos que respetaran la integridad del terruño.

Inicialmente tomó como modelo la experiencia adquirida al lado de su primo, Peter. Pero pronto conoció al periodista y consultor británico Monty Waldin, uno de los grandes promotores mundiales de la vitivinicultura orgánica y biodinámica, quien terminó por convencerlo.

Waldin le enseñó a la pareja que el vino, como alimento, debe ser natural, es decir, sin elementos exógenos entre sus componentes: desde el viñedo hasta la botella. Porque para él, “uno es lo que come y lo que bebe”.

Conceptos orgánicos

La Patagonia, en efecto, es un terreno abonado para la agricultura limpia porque los viñedos están localizados en un lugar prácticamente orgánico de manera natural, con menos de 30% de humedad y realmente sin plagas. “Eso ya era un paso enorme”, dice Vinding-Diers.

Hoy, este enólogo confecciona vinos que respetan la tierra y el medio ambiente. En sus viñedos se acoge toda forma de vida circundante y las escasas plagas se controlan de manera natural, “porque si trato bien la tierra que me brinda el sustento, ella también me tratará bien a mí”.

El secreto de Noemía

Al final, los resultados no se han hecho esperar. Desde el comienzo, los vinos de Noemía se basaron en uvas sanas, donde el equilibrio natural es la clave. Según Vinding-Diers, “no son vinos de enólogo, sino de terruño, puros, con carácter, y con alta complejidad y concentración”.

Sin excepción, los críticos del mundo los han acogido y ensalzado, dándole a Bodega Noemía un lugar entre las grandes propuestas del mundo contemporáneo. Y la pareja lo celebra diciendo que tal vez su mayor satisfacción es que los clientes asiduos los compran a ciegas, porque los sienten honestos.

Cómo se hacen

Los viñedos de Noemía no se intervienen con productos químicos. Las racimos se cosechan a mano y las uvas se desgranan una a una para escoger solo las mejores.

La fermentación se realiza con las levaduras naturales del fruto, sin añadir azufre ni otro tipo de aditivos.

Los mostos no se mueven con bombas de succión. Cuando la fermentación termina, el vino se decanta, por gravedad, en barricas francesas nuevas de grano extrafino y compacto, para reducir la extracción excesiva de la madera.

El embotellamiento también se lleva a cabo por gravedad y sin ningún tipo de filtración. “Nuestros vinos nunca ven una máquina”.

Hans-Vinding y Noemí se sienten orgullosos al decir que trabajan en el Nuevo Mundo, con técnicas antiguas y artesanales del Viejo Mundo.

Los vinos de Noemía

Estos vinos han recibido los más altos reconocimientos de la crítica internacional, con calificaciones superiores a los 90 puntos, otorgados por los críticos más reconocidos y las revistas especializadas más respetadas.
Estas son sus etiquetas:

-Bodega Noemía
-J. Alberto
-A Lisa
-A Lisa Rosé
-Noemía “2”

Además, Hans Vinding-Diers elabora los vinos de Bodega Chacra, también en Patagonia, valiéndose de procesos orgánicos. En Argiano, la bodega de su esposa, en la Toscana, también utiliza procesos similares.

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Abril
13 / 2020


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