Pescadería Municipal: una apuesta distinta para comer pescado en Bogotá

Este restaurante, ubicado en la Zona G, propone una carta con influencia peruana, mexicana y del pacífico colombiano. ¡Conózcalo!

Pescadería Municipal
Calle 65 #4a-30

No hay cuadros de atardeceres, ni acuarios, ni arpones o atarrayas colgadas en sus paredes, como sucede en la mayoría de las pescaderías tradicionales. Los ladrillos descubiertos de sus paredes le dan un aspecto rústico, informal, pero sin que pase por la mente que se trate de descuido, es más bien la apuesta que desde su diseño y decoración, se propone cambiar la imagen que se tiene de una pescadería de barrio.

Tampoco es pretensioso y no se alinea con el fine dining por el que se interesan otros restaurantes. Pescadería Municipal está en el medio. Reúne la defensa del sabor tradicional trabajando con productos locales como mojarra y tilapia, y la combina con técnicas de alta cocina que encuentran responsabilidad en las manos de Carlos Huertas, el chef, quien pasó por la cocina de La despensa de Rafael, en donde fue sous-chef.

Los pescados son frescos, el congelado está prohibido. El 40% de la carta la diseñó Huertas y el restante el grupo de socios que lideran el restaurante. El chef confiesa que su apuesta es construir una carta inspirada en sus recuerdos, por eso la cazuela de mariscos, potente, la creó pensando en su mamá y todas las celebraciones del día de la madre que compartían y ella, sin falta, ordenaba este plato.

Uno de los platos estrella es, sin duda, la mazorcada de camarones. “A mi hermano le gusta mucho este plato, que generalmente se prepara con res, lomo o pollo; nosotros la elaboramos con pescado y camarones, es deliciosa, diferente”, dice Huertas, y no se equivoca. Tiene una textura suave, pero crujiente, la salsa rosada le da un equilibrio de cremosidad que viene bien con los camarones. Definitivamente, ¡No puede irse sin probar este plato!

Los cebiches (limeños, criollos), los tacos y tostadas (de pulpo y camarones o campechanos o de cerdo asiático), y arroces (melosos, negros), hablan de la influencia peruana, mexicana, mediterránea y del Pacífico colombiano que tiene este restaurante.

El menú recomendado pasa por pedir varias entradas para compartir; no pueden faltar las empanadas callejeras (tres unidades preparadas a la minuta y rellenas de mariscos), o el cebiche, el power está bastante bien, preparado con pesca artesanal del día, camarón y tempura de calamar, con mezcla de maíz y rocoto. Por supuesto, la mazorca desgranada. El arroz mulato, de camarones, calamares, arroz negro, alioli y leche de tigre. De los pecados, el playero (con mojarra o pargo, acompañado con arroz con coco, patacones con hogao y suero costeño). De postre: el cremoso de coco, elaborado con helado artesanal. No deje de probar el refresco de corozo y hierbabuena. Un éxito.

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