Malú: un restaurante de cocina para el alma

Sin fritos y con una apuesta fuerte por el desarrollo de productores campesinos locales, Malú, de María José Flóres es una interesante apuesta en comida saludable.

Lograr una propuesta responsable, que trabajara con proveedores locales que ofrecieran la garantía de que los animales crecieran con prácticas de libre pastoreo, bien alimentados y,  además, consolidar una oferta saludable con precios accesibles que lo convirtieran en un restaurante “para todo el mundo”, era la consigna con la cual María Luisa Flores y Felipe Baptiste comenzaron Malú, hace poco más de un año.

Durante 5 meses, previos a la apertura del restaurante, viajaron por distintas zonas del país haciendo las conexiones con los proveedores indicados para que su lema “comida para el alma”, no se quedara solamente en el logo de la propuesta y tuviera un corazón que involucrara el trabajo del campesino, el pescador artesanal y otros actores directos e intermediarios cuyo apoyo fortalecen la propuesta gastronómica del país.

“Por ejemplo, el pollo que servimos en el restaurante fue cuidado al aire libre, alimentado con comida orgánica que el mismo productor cultiva, no está hacinado, es criollo; sobre los helados son de Selva Nevada, un proyecto que también trabaja con procesos de reforestación. Todo esto no fue fácil encontrarlo, fue una búsqueda intensa, de querer lograrlo de verdad”, narra María Luisa Flores.

Felipe Baptiste se encargó del modelo de negocio y Flores de la propuesta creativa y gastronómica. El concepto es un mix de recetas del mediterráneo europeo y árabe, por supuesto, elaborados con productos colombianos. “Por ser venezolana crecí con influencia mediterránea, pues, había mucha gente que llegó luego de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil Española. El Mediterráneo es muy amplio y hemos hecho algunas fusiones aunque no se puede decir que somos fusión del todo, la propuesta es comida sencilla, no es un restaurante de autor donde te vas a comer un puré muy raro, es comida cotidiana preparada con los ingredientes que conseguimos acá, que coinciden con lo que puedes encontrar en el Mediterráneo”, añade Flores.

Bajo la idea de ser un Every day food, Malú ofrece una carta de desayunos en donde sobresalen diferentes preparaciones de huevos como los revueltos con paprika ahumada, tomate y cebolla puerro, y los gofres de pan de yuca o frutos rojos. De la carta de almuerzo y cena, Flores recomienda, si va con un grupo de amigos, probar diferentes entradas como el ceviche de la casa, los camarones salteados con perejil y curry o las alitas de pollo campesino a la parrilla. Si va por un plato fuerte, la pechuga de pollo campesino a la parrilla con salsa de miel, acompañado de arroz blanco y aguacate, es el ganador.

Otro de los fuertes de Malú es su propuesta sin fritos. “Era un reto hacer una cocina así porque no hacerlo es lo más fácil, pero si lo que estamos proponiendo es comida para el alma, al cocinar con aceite a cierta temperatura genera una cantidad de problemas, porque el aceite se descompone y hace daño, es muy malo comer frito, aunque sepa rico, pero queríamos ofrecer un lugar donde supieran que se podía comer comida bien sin sacrificarse y que fuera sano al mismo tiempo, por eso los fritos no caben en la cocina”, dice Flores.

Por otro lado, el restaurante tiene una apuesta hacia lo home made, así que las salsas, mermeladas y postres (salvo los que están libres de gluten), se preparan en casa. Los panes artesanales que sirven son de un proveedor local que los elabora con masas madre.

Malú está ubicado en la calle 104 #18a – 52, y se espera que en diciembre abra las puertas de su segundo punto, en la carrera 19 c #91-68.

 

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