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¿Se puede combinar el vino y la cerveza en una bebida?

Dos amigos residentes en Washington –un cervecero artesanal y un restaurador– decidieron desarrollar una especie de cerveza-vino. ¿Se extenderá su consumo?

Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0

Dos amigos residentes en Washington –un cervecero artesanal y un restaurador– decidieron desarrollar una especie de cerveza-vino. ¿Se extenderá su consumo?

Siempre ha existido una vieja incertidumbre alrededor del origen de la cerveza y el vino. ¿Cuál de los dos llegó primero al paladar del hombre primitivo? Todos los indicios científicos apuntan a que son contemporáneos. En ambos casos estamos hablando de descubrimientos fortuitos, pues ambas bebidas se derivan de la fermentación espontánea de productos naturales como los granos y las uvas.

Con el tiempo el hombre perfeccionó las técnicas de elaboración y estableció gradualmente sus mejores momentos de consumo.

Lo que sí se ha documentado es que el vino tuvo preferencias entre los círculos de poder, mientras que la cerveza encontró numerosos adeptos entre los ciudadanos comunes. Algo parecido se ha extendido a nuestra época.

Dos bandos en un mismo público

En los últimos años, especialmente en los países no productores tradicionales de vino, la cerveza ha ocupado una posición dominante, pero ya ha comenzado a sentir pasos de animal grande debido al ascenso del consumo de vino en los niveles socioeconómicos más altos. Y esto a creado bandos diferenciados: los que beben vino y los que beben cerveza.

Paralelamente, y en respuesta a la industrialización de la cerveza, varios artesanos cerveceros han desarrollado numerosos proyectos para devolverle a la bebida su amplio potencial de creatividad y diversidad.

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Es así como se ha visto una interesante avalancha de cervezas turbias, negras, rojas, ámbar, a base de frutas, con más o menos alcohol, y, por si fuera poco, con añejamiento en barricas de roble.

El nacimiento de la cerveza-vino

Inspirados en este fenómeno, dos amigos residentes en Washington –un cervecero artesanal y un restaurador– decidieron desarrollar una especie de cerveza-vino, que recién comenzaron a ensayar en el restaurante de este último. No se trata, por supuesto, de revolver una botella de cerveza con una de vino. El asunto va más allá, exlica el sommelier Sebastian Zutant, propietario del restaurante The Red Hen.

Zutant y su amigo Jeff Hancock, dueño de la cervecería artesanal DC Brau, mezclaron una porter ale con las lías de vinos tintos, sedimentos que resultan después de la fermentación. Estas lías –que no son otra cosa que fragmentos de hollejos, semillas y levaduras muertas– se filtran y se desechan. De todas formas, siguen cargadas de los mismos componentes que le dan a un vino tinto su carácter y personalidad: taninos, antocianas y otros compuestos fenólicos.

“Al mezclar la porter ale con las lías se conservan intactas las propiedades tanto del vino tinto como de la cerveza”, dice Zutant, mientras degusta una copa del oscuro brebaje.

The Red Hen, un resultado positivo

Tras numerosas pruebas, Zutant y Hancock optaron por ofrecer el producto a los clientes de The Red Hen, y muchos se han declarado positivamente sorprendidos.

Entre estos figuran parejas que van a cenar y que piden cerveza y vino de manera separada. Ahora tienen lo mejor de dos mundos en una sola presentación, dice Zutant.

¿Se extenderá su consumo? Quizás no. Pero lo cierto es que la cerveza-vino de de The Red Hen inspirará a otras cervecerías artesanales a seguir el ejemplo, ampliándole así la oferta de novedades a aquellos consumidores de vino y cerveza que buscan probar cosas distintas.

En cierta forma, es también una frontera milenaria que se borra.

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Mayo
05 / 2020


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