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Alimento Futuro, la nueva experiencia para vivir en Bogotá

Diners estuvo en la experiencia gastronómica e interactiva del hotel Click Clack, que busca generar una conciencia sobre lo que comemos.

Foto: Alimento Futuro/ Sandra Martínez, 2022

Diners estuvo en la experiencia gastronómica e interactiva del hotel Click Clack, que busca generar una conciencia sobre lo que comemos.

Es jueves por la noche y, milagrosamente, no hace tanto frío en Bogotá. Bajo, sin afán, las escaleras en la recepción del hotel Click Clack, que conducen al restaurante Cien Gramos. Espero unos minutos en una sala, al lado del bar. Luego, un hombre y una mujer me llevan a un pequeño salón. No tengo muy claro en qué consiste la experiencia. Pero, cuando la puerta se abre, lo primero que veo es una luz tenue y una mesa en forma de medialuna para ocho personas.  

Me acomodo en una silla. Gabriela, una joven delgada con tatuajes de flores alrededor de su cuello, y que luce un vestido negro, será nuestra guía para esta experiencia de nueve pasos. En cada puesto hay una lámpara, un libro pequeño, un cajón con varios objetos, entre esos, varias clases de cubiertos, una linterna y una lupa.

La primera experiencia en Alimento Futuro

Cortesía Alimento Futuro.

El primer paso es una bebida de bienvenida llamada infusión de clitorea ternatea, con cardamomo, un shot de la ginebra colombiana Selva, zumo de limón, perfume de romero y bayas de enebro. La sorpresa está en cómo vienen los ingredientes: en un matraz de Erlenmeyer, un matraz aforado, un gotero y una caja de Petri, para que nosotros, como si fuéramos científicos de laboratorio, mezclemos, agitemos y preparemos el coctel de color lila. 

Por un instante, me siento como en la serie Nueve perfectos extraños, rodeada de personas que no conozco y sin saber qué me producirá lo que me estoy tomando, aunque me insistan que todo es por mi bienestar. Entre tanto, Gabriela explica que esta bebida contiene la clitorea, más conocida en el país como campanilla, una planta medicinal de Asia, que tiene una gran tradición en la medicina ayurveda y se utiliza como un potenciador de la memoria.

Foto: Sandra Martínez.

Por su parte, el romero es ideal para probar antes de una comida porque favorece la disminución de los gases. Me emociona el ejercicio, la música electrónica que se escucha de fondo, las imágenes que se ven en la pared.  Y el sabor del coctel es suave, fresco y no muy fuerte. Así comienza Alimento Futuro, un viaje por distintas miradas frente a cómo nos alimentamos hoy en día y nos sacude sobre lo que deberíamos probar para no acabar con el planeta.

Alimento Futuro, una enseñanza gastronómica

Foto: Sandra Martínez.

Pero no es solo humo, luces y sensaciones. En realidad, el laboratorio creativo de este hotel –conformado por un grupo de personas de diversas disciplinas-, ha trabajado en esta experiencia durante más de un año y medio bajo la idea del entretenimiento educativo (edutainment en inglés) que, como su nombre lo indica, busca generar contenidos que eduquen a través del entretenimiento, porque se ha comprobado que las personas retienen mucho más la información suministrada de esta manera.

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En esta experiencia, cada uno de los nueve pasos genera una conversación frente algo puntual, como los hongos, la acuaponía, las fermentaciones, las algas, una baya que cambia la percepción de lo dulce, o el rescate de bebidas ancestrales nacionales, como la chicha, el viche y el té de coca.

“Alimento Futuro presenta nuevos sabores y formas de vivir la alimentación de maneras más eficientes, saludables y ecológicas, con una mirada resolutiva al futuro del ser humano y sus problemas de sobrepoblación, calentamiento global y disminución de los recursos naturales”, se afirma en la presentación oficial de este proyecto.

Propiedades y beneficios exclusivos

Cortesía Alimento Futuro.

 La idea es aprender sobre las propiedades de cada uno de los ingredientes, las técnicas utilizadas y luego jugar, experimentar, reflexionar y probarlos en cada plato diseñado por el chef Carlos Quijano, quien ya no está en el proyecto, pero que fue finalizado por el chef Pablo Naranjo, un colombiano que estudió Cocina en Le Cordon Bleu de París y quien lleva más de cinco años trabajando en el tema de las cenas multisensoriales. 

“Comencé en febrero pasado como asesor de la experiencia y me entregaron un boceto del plato que se había decidido preparar, según cada uno de los conceptos que había creado el laboratorio creativo. Así que mi trabajo puntual fue darle mi identidad gastronómica a cada plato, revisar las porciones, balancear los sabores, trabajar de una forma consciente y sostenible, y entrenar al equipo. Ha sido una experiencia muy interesante y lo que más me ha llenado a mí es generar un impacto con la comida”, explica Naranjo.

Los platos en Alimento Futuro

Cortesía Alimento Futuro.

Así, por ejemplo, uno se queda literalmente sin palabras cuando a la mesa llega una tabla con puntitos verdes brillantes que asemejan la bioluminiscencia que tienen algunos hongos. 

En el centro hay un pequeño rollo relleno de hongos reishi, deshidratados, acompañado de una espuma de queso aromatizada con perfume de trufa negra.  Los hongos, un reino que hasta ahora está descubriéndose en su verdadera dimensión, son un sustituto para las proteínas animales, además, de todas las propiedades adicionales que tienen. Y para tomar, algo llamado Bamboo, compuesto por jerez, vino verdejo, vermout rosso y amargo de angostura.  Sin duda, una de las combinaciones más ganadoras de la noche. 

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Y es que el maridaje, elaborado por el bartender polaco Konrad Kaczmarzyk, ganador del World Class Colombia 2021, también es fundamental en la experiencia, porque cada paso está acompañado por una bebida que tiene una historia propia. Además, Kaczmarzyk, incluyó una buena cantidad de tragos locales en sus preparaciones.

Una experiencia encantadora

Postre Alimento Futuro

Luego de tres horas, ya no somos extraños, ya todos hablamos, opinamos, intercambiamos datos, nos reímos y queremos volver. La experiencia estará abierta al público todos los viernes y sábados a las 7 de la noche. Tendrá, en una etapa inicial, un valor de $450.000 por persona, y luego subirá de precio a $600.000.

También hay una opción vegetariana. La experiencia incluye, además, un libro que contiene la explicación de cada paso, el directorio de los proveedores de los alimentos en la cena, y souvenirs para sembrar semillas de zanahoria y mambear coca en su casa, como lo suelen hacer los indígenas Uitoto y Tukano en la cuenca amazónica.

*Sandra Martínez, editora de la revista Diners, con más de veinte años de experiencia en medios nacionales e internacionales. Le encanta escribir historias de viajes, gastronomía y bienestar.

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Abril
29 / 2022

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