Safari llanero: un viaje a las profundidades de los Llanos colombianos

En las profundidades de los Llanos hay un mundo por descubrir. Una biodiversidad que lo impresionará, y una tradición cultural arraigada, que vale la pena conocer de cerca.
 
Safari llanero: un viaje a las profundidades de los Llanos colombianos
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POR: Óscar Mena

Un mar verde matizado y bañado por el sol, un interminable océano de tierra y pastos, una urdimbre plana y colorida. Así se quedan los Llanos Orientales plasmados en los sentidos y la memoria. Este panorama tiene sus horas más esplendorosas al comenzar el día. Momento en el que la incontable fauna silvestre se prepara alborozada para apoderarse de esas llanuras y cielos infinitos, y al terminar la jornada, cuando algunos animales se recogen a tomar fuerzas en espera del regreso del astro que todo lo toca, mientras otros, como los felinos, se preparan para moverse en la oscuridad.

Río Meta, el límite entre los departamentos del Meta y Casanare. Foto Heinner Rodríguez cortesía ProColombia


“Al amanecer, el inmenso sol domina el horizonte, bellísimo, pero los atardeceres son mágicos, pues cuando este se despide pinta el cielo de rosa, violeta, naranja, un colorido irreal, realzado por las garzas blancas, las corocoras o las garzas rojas, que vuelan rumbo al morichal, esa isla oasis en la que duermen para protegerse de sus depredadores”, cuenta don Yulián Téllez, más conocido como Yul, el cocinero llanero, que promueve la cultura y la cocina de la región.

Una colorida guacamaya en los Llanos. Foto Antonio Galvis


Los Llanos Orientales están integrados por los departamentos del Meta, Arauca, Vichada y Casanare. Este último es uno de los más desarrollados en términos turísticos. “Una de las razones de este crecimiento tiene que ver con su geografía. Que reúne montaña, piedemonte y llanura, una diversidad que promueve a la par el potencial turístico y el agroindustrial, con el arroz como uno de sus principales productos”, asegura Carlos Morales, ingeniero de sistemas casanareño, creador del portal Turismo por Casanare.

A estos se suma el desarrollo petrolero de la región, que ha traído el crecimiento de las frecuencias aéreas hacia Yopal, una capital a la que han entrado varias cadenas hoteleras. Además, existen tres vías que la conectan con Bogotá.

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Ha sido un esfuerzo conjunto entre los sectores público y privado, en tiempos en los que los viajeros miran cada vez con mayor interés el turismo de naturaleza, en busca de explorar nuevos territorios. Las inmensas llanuras casanareñas ofrecen muchos atractivos en lo referente al ecoturismo, el turismo rural y el de aventura; además, su amplia variedad de flora y fauna nativas permite el avistamiento de aves y la pesca deportiva, a lo que se suma la posibilidad de entrar en contacto con la cultura de los llaneros.

Esa diversidad de fauna inspira los safaris de los Llanos Orientales, pensados con el mismo criterio de los organizados en los parques nacionales de países como Kenia, Namibia o Sudáfrica, donde se planean viajes de entre tres y cinco días para adentrarse en la naturaleza a descubrir sus tesoros. “Miles de chigüiros, centenares de venados y de babillas, zorros, tortugas, puercos salvajes, picures, zarigüeyas, tigrillos, armadillos, osos hormigueros, matos, iguanas, potros salvajes, esa es la variedad que logras ver”, asegura Andrés Hurtado García, fotógrafo y explorador que visita los Llanos, en particular el hato La Aurora en Casanare.

Oso hormiguero gigante (Myrmecophaga tridactyla). Foto Perla Sofia / Shutterstock


Con él coincide Christian Byfield, bloguero de viajes que, tras meses sin viajar a causa de la pandemia, reemprendió el camino teniendo entre sus primeros destinos el Savanna Orinoquía Lodge, también en Casanare, región que visita desde hace seis años. “Los Llanos Orientales son un sitio único para los amantes de la naturaleza. Uno se despierta con el canto de las guacamayas, se ven tucanes de varias especies, toninas –delfines de agua dulce–, chigüiros, caimanes, tortugas, y si tienes suerte, dantas. En Casanare hace unos años vi un puma a bordo de un caballo, la naturaleza allí es cautivadora y se complementa con lo humano, con la cultura llanera”.

La vaquería es una tradición llanera con más de dos siglos. Foto Antonio Galvis


En el tema específico del safari, Byfield dice que resulta una experiencia distinta a la de África e igualmente inolvidable: “También hay carros 4 x 4 que se acoplan a este concepto de safari y una gran diversidad de fauna, obviamente distinta, porque no hay animales tan grandes, pero sí muchos y es increíble lo que se alcanza a ver en un par de días, con especial riqueza de aves”.

También serpientes como la anaconda y los caimanes son un gran atractivo, como aquel que encontró el alemán Alexander von Humboldt en sus expediciones, que media más de seis metros, según relata Andrés Hurtado.

El asado llanero es uno de los platos más característicos de los Llanos. Foto Alexander Canas Arango / Shutterstock


Una faena en la naturaleza

El poder de la Orinoquía como destino crece en tiempos en los que se invita a recorrer el país y a realizar actividades al aire libre; los promotores del turismo en la región lo saben, y por eso se preparan con las medidas de bioseguridad. Nelson Arturo Barragán, del hato La Aurora, cuyo hotel Juan Solito tiene capacidad para unos cuarenta visitantes, dice que desde octubre esperan recibir grupos de máximo quince personas, y que hacen una revisión constante de cómo evolucionan las cosas para continuar operando en una de sus temporadas más fuertes, la seca, de noviembre a marzo.

Vista aérea del paisaje llanero. Foto cortesía Corocora Camp


La generosidad de los espacios permite manejar la distancia social con comodidad. Christian Byfield dice que se sintió muy seguro en su viaje y hospedaje en el Savanna Orinoquía Lodge, que abre oficialmente el primero de noviembre: “Los empleados utilizan tapabocas, el hotel tiene las habitaciones esparcidas, cada una con piscina, y los restaurantes con mesas distanciadas, así que me sentí muy tranquilo”.

Protocolos aparte, en destinos como los Llanos se evidencia lo obvio: el ser humano forma parte de la naturaleza, por eso su rol es –o debería ser– protagónico en el turismo natural. Lo anterior se siente con los oídos, el alma y el corazón en los cantos de vaquería, una tradición de más de dos siglos y cuatro variantes orales y sonoras: los cantos de ordeño, los de cabestrero, los de vela y los de domesticación, que hacen llorar a Andrés Hurtado: “Los vaqueros se levantan temprano y se van al hato, dividido en fundos por su gran tamaño, a recoger potros salvajes y ganado, mientras emiten unos gritos y silbidos a capela, de una belleza conmovedora, entre intensos y quedos, una manifestación folclórica compartida con Venezuela, que forma parte de la Lista de
Patrimonio Cultural Inmaterial del mundo”.

El atardecer es el momento más asombroso del día, pues el cielo se llena de colores. Foto cortesía Corocora Camp


Acompañar esta faena llanera mientras se disfruta de sus cantos es uno de los planes recomendados en los Llanos Orientales; aquí los viajeros son testigos de la enlazada, la creación del vínculo de los trabajadores con sus caballos y el cuidado del ganado como forma de vida, que aprenden desde niños. Se puede llegar hasta sus fundos a bordo de los vehículos que los hoteles tienen dispuestos para las salidas de los viajeros, o a caballo, otra actividad infaltable, que los locales realizan “a pie limpio”.

El arpa y el cuatro son instrumentos característicos de la música de los Llanos. Foto cortesía Corocora Camp


Los ríos forman parte fundamental de la vida llanera, así que también hay planes de pesca de especies como las pirañas, una de las delicias que se preparan en las cocinas locales, o navegar en aguas calmadas o en una propuesta más aventurera y rápida. En los meses secos, como los que están por comenzar, el día termina con una fogata en las playas del río, amenizada con la música local y sus característicos instrumentos de cuerda, el arpa y el cuatro.

Del Llano al plato

La técnica de los envueltos está muy presente en la cocina de la Orinoquia, en preparaciones como las hallacas –un tamal que se asocia más a Venezuela–; el pescado moqueado –entero, envuelto en hoja de plátano, enterrado y cocinado con fuego por encima durante un par de horas; la carne a la perra –de res envuelta en su misma piel, también enterrada y cocinada por unas 18 horas–. Infaltables resultan los amasijos de arroz –tungos o envueltos, arepas, pan y roscas–, así como el queso siete cueros.

Montar a caballo es otra actividad infaltable en su visita a los Llanos. Foto cortesía Corocora Camp


Yul, el cocinero llanero, destaca otras técnicas como el pisillo o carne seca, que puede verse en sitios más apartados a la vera de las carreteras, hecho de carne de chigüiro o res que se sala y se seca al sol, para freírse en manteca de cerdo con cebolla, tomate y cilantro cimarrón y machacarse en un pilón. Se sirve con arroz o fríjoles, con cazabe o yuca sancochada, con tajadas de topocho o plátano verde o maduro; es también materia prima para el capón de ahuyama, otra de las preparaciones de la región.

Si de rituales culinarios se trata, el tradicional asado llanero o mamona, que para algunos no lleva más adobo que sal y candela, mientras otros complementan con cerveza y diversos aliños, resulta ser un plan al aire libre inolvidable en estas planicies.

Los chigüiros andan en manadas por el hato. Foto cortesía Corocora Camp


Los viajeros disfrutan de este encuentro alrededor del fuego y la mesa, con el interminable mar verde como telón de fondo, bajo un cielo que tras el colorido del atardecer da paso a noches estrelladas. Allí, en el suroriente colombiano, en medio de un hato que parece no tener fin, serán testigos de cómo, lo que podría ser una comida más, en realidad es una síntesis de su viaje y del llano: naturaleza, ganadería, instrumentos de cuerda, cantos a capela e interacción entre la faena de los hombres en el campo y la de las mujeres en la cocina –por tradición.

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Corocora Wildlife Camp está ubicado en la reserva Matepalma, en Casanare. Foto cortesía Corocora Camp


Cuatro horas de fuego y un plato que contiene la tierna y bien asada mamona acompañada de papa, yuca sudada y mojada con cerveza o limonada, mientras el oído se conecta con los joropos, cantos y bailes de los anfitriones, en una suerte de parrando criollo. El llano se despide con la voz del Cholo Valderrama y su vaquería: “Un velo negro de toldo, con el carbón en las alas, hace signos cabalísticos entre el cielo y la montaña. En el horizonte hay fiesta de tarde violeta y grana, y un trinar de aves canoras arrulla monte y sabana. El manto negro de la noche, si de la noche, llega arropando a la pampa, y el viento cuenta los árboles, por saber si alguno falta”.

Tres opciones de alojamiento

El pionero en turismo natural

“Yo libro los viajes muy fácil y el de los Llanos Orientales lo libré varias veces: con las señoras de la cocina que nos preparaban delicias mientras interactuaban con nosotros y con los músicos que acompañaban las veladas con tonadas tradicionales llaneras y su repentismo, esta interacción, ver cómo viven, es maravilloso”. Así relata Clemencia Hoyos su experiencia en el ecolodge Juan Solito, del hato La Aurora en Casanare; para ella, añade, no es importante cómo se llaman el río y demás accidentes geográficos, pues nada se compara con conocer a las comunidades locales.

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Savanna Orinoquía Lodge se encuentra a orillas del río Cravo Sur y el caño Canacabare, en los Llanos Orientales. Foto cortesía Savanna Orinoquía Lodge


Sabe, sí, que estaban a orillas del río Ariporo en la reserva Hato Corozal, a cuatro horas y media –unos 200 kilómetros de Yopal–; sabe que los amaneceres navegando por el río y escuchando los monos aulladores, los atardeceres multicolores y una luna llena inmensa que parecía salir de la tierra, es algo que nunca olvidará. Que los venados son escurridizos y aun así los vieron, que los chigüiros andan en manadas y que verlos nadar es un deleite; sabe, y con ello volvió a librar el viaje, que no vio uno, sino dos osos hormigueros. Se sabe afortunada de haberlo vivido y de recordarlo hoy.

Juan Solito es pionero en el turismo natural en la región, que desea mantener con gran respeto por la tradición. Desde el año 2000 ofrece un alojamiento con todas las comodidades, sin lujos. Es una casona principal con siete habitaciones que pueden alojar entre una y cuatro personas cada una, además de cuatro cabañas rústicas, más económicas, para acomodar hasta cinco personas.

Un ambiente llanero garantizado

“Un lugar increíble, diferente de lo que esperarías cuando piensas en Colombia, realmente fuera de lo común. Ambiente llanero garantizado. Excursiones inolvidables, personal atento y sonriente, una gastronomía de muy alto nivel considerando la lejanía y la simplicidad del lugar”, tal es el comentario dejado por Nicolas Jacques, de Suiza, tras su visita a Corocora Wildlife Camp. Ubicado en la reserva Matepalma, también en Casanare, se puede llegar por tierra o por aire: desde Yopal, dos horas por carretera pavimentada (cien kilómetros) y los últimos seis destapados dentro de la reserva, o un vuelo de 30 minutos en helicóptero y unos minutos a pie en el campamento.

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Bungalow Garza Crestada. Foto cortesía Savanna Orinoquía Lodge


El campamento está compuesto de cuatro carpas de descanso con terraza privada, junto a un pequeño río y bosques de galería llenos de vida silvestre. Cristina Consuegra, fundadora de Corocora Wildlife Camp, afirma que llegó hace cuatro años a Casanare en busca de lugares diferentes para ofrecerles a los clientes de la empresa de viajes que tiene con su esposo. “Es un sitio muy distinto de otros en Colombia, con una cultura intacta y muy auténtica, además de una experiencia de naturaleza impresionante, pues puedes ver una gran cantidad de vida salvaje, de frente; no están escondidos los osos mieleros, las más de seiscientas especies de aves ni los pumas”.

Consuegra asegura que crearon el campamento con el objetivo de ofrecer una experiencia natural en un alojamiento con un alto servicio, en un destino agreste, pues es una reserva de 9.000 hectáreas. “El tema ambiental y de conservación también resulta fundamental para nosotros. Nos valemos de la gravedad para no utilizar tantas bombas en el tema de agua; utilizamos paneles solares para la energía; todos los huéspedes hacen una contribución obligatoria para proyectos de reforestación y con las comunidades, entre otras cosas”.

Para conectarse con la naturaleza

“Lo mejor fue ver tanta fauna y haber compartido tiempo con mi papá en ese paraíso”, revive Christian Byfield sobre su reciente viaje al Savanna Orinoquía Lodge, ubicado a orillas del río Cravo Sur y el caño Canacavare, en Casanare, a unas tres horas del aeropuerto de Yopal, aunque tienen pista privada, así que se puede llegar en avión directamente. Un sitio que se ha esmerado por tener un hospedaje de lujo, como lo describe Byfield: “Ideal para quien quiera conectarse con la naturaleza con mucha comodidad, sábanas de 800 hilos, piscina privada, duchas con agua caliente al aire libre desde las que uno ve tucanes y guacamayas; comida deliciosa y unas vajillas preciosas, algunos platos hasta con patas como si fueran pájaros. Es comodidad extrema en la mitad de la nada”.

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Los venados, otra de las especies escurridizas de los Llanos. Foto cortesía Savanna Orinoquía Lodge


También cautivó a este viajero el recorrido aéreo en ultraliviano. Desde el que se toparon con más de trescientas corocoras en vuelo. En la tierra, con zorros, venados, chigüiros, y hasta un caimán mientras comía. Ver esa llanura infinita y bordear el río con la mirada lo hizo sentir como un pájaro.

Alejandra Tobón Ángel, fundadora junto a su esposo de este lodge, asegura que Casanare “es un lugar único en Colombia, que te embruja fácilmente y donde te desconectas del mundo digital y te conectas con la naturaleza y el verdadero sentido de la vida”. Cuenta que decidieron invertir en esta tierra porque es un paraíso. “No resulta fácil llegar, es un lugar muy remoto, no se alquilan fincas, no hay hoteles a los alrededores, pero la idea es que este pequeño lodge te dé el equilibrio perfecto entre la naturaleza propia del espacio y el confort de un buen servicio”.

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noviembre
3 / 2020