El espacio de Cartagena se está acabando

POR: Giovanny Gómez
 / enero 9 2013
POR: Giovanny Gómez

La especulación ha llevado los valores del metro cuadrado en el centro histórico a niveles que hacen llorar a los cartageneros que abandonaron el casco viejo en la segunda mitad del siglo pasado. Por el miedo a la oscuridad, la suciedad y los problemas de casas con más de 300 años de historia, los locales cambiaron en masa las mansiones coloniales de sus antecesores por casas modernas y apartamentos con vista al mar, cercanos a las playas de Bocagrande y Castillogrande.

Confirmando el dicho “la basura de uno es el tesoro de otro” y uniéndose al visionario director de Coca-Cola en ColombiaRichard Kirby, un grupo de familias cultas y adineradas del interior del país que incluye al artista Fernando Botero, su exesposa y directora del Museo de Arte Moderno Gloria Zea, y su arquitecto predilecto Álvaro Barrera, se tomaron la ciudad amurallada.

A principios de los años ochenta, el grupo compró una docena de las más importantes casas coloniales de Cartagena por sumas casi insignificantes: tan solo tres millones de pesos. En menos de cinco años algunas fueron vendidas a sus amigos en hasta cinco veces el valor pagado. “Fue en ese momento cuando comencé a entender lo que es la especulación. Antes no tenía idea. Estaba enamorado de la ciudad y quise hacer algo por ella. Nadie puede imaginarse hasta dónde hemos llegado”, comenta Barrera, quien fue seducido por las casas blancas de la Heroica en 1972 mientras hacía un trabajo para la Corporación de Turismo –responsable en ese momento de la restauración de tesoros del Estado como el Teatro Heredia y la Casa del Marqués de Valdehoyos–.

Nunca imaginó el impacto de sus intervenciones en la ciudad fundada por Pedro Heredia en 1533 y hoy día, con el metro cuadrado más caro del país, sus acciones han convertido a la ciudad vieja en un parque de diversión para los millonarios de todo el mundo.

Los 15 millones pagados por una de las mejores casas de Cartagena en los años ochenta, hoy alcanzarían para tan solo un metro cuadrado en la suntuosa renovación de Barrera en el antiguo colegio La Presentación, ahora conocido como El Boquetillo.

Con casi 35 años moldeando la ciudad y 78 casas coloniales restauradas, Barrera se ha ganado el derecho de llamar al Centro “su hijo” y mirar a la más linda concentración de arquitectura colonial de las Américas con el orgullo de un padre satisfecho con su cría. Desde su pequeña oficina en el edificio Ganem ha dejado una huella inmedible en Cartagena de Indias.

Paradójicamente, con tanta riqueza arquitectónica y bendecida por la naturaleza, es triste que dos tercios de los habitantes de la ciudad aún vivan en la pobreza absoluta. Desde el principio la ciudad fue construida para los que tenían todo por los que no tenían nada, ni siquiera su libertad. El desequilibrio de los poderes privados y públicos ha sido responsable de la creación de uno de los índices de desigualdad más altos del país, si no de la región.

Mientras Medellín y Bogotá han sido premiadas internacionalmente en la última década por su modelo de arquitectura y urbanismo inclusivo, Cartagena apenas comienza con colegios públicos como Flor del Campo, diseñado por los arquitectos Felipe Mesa Giancarlo Mazzanti, ganador al mejor edificio en la última versión de la Bienal Colombiana de Arquitectura.

Otra escuela de Mazzanti para la Fundación Pies Descalzos de Shakira contribuye a la sensación de que Cartagena finalmente está despertando a la importancia del entorno construido para el bienestar de su gente, aunque una mirada a los carriles vacíos, “casi” terminados del TransCaribe, luego de cuatro años de obras sin fin, demuestran la falta crónica de urgencia por los programas urbanos.

“Nuestros dirigentes no han enfatizado en macroproyectos urbanísticos”, dice Rodrigo Puente, una de las figuras que construyó Los Morros, un nuevo polo del desarrollo al norte de la ciudad inspirado en el estilo de vida de Miami Beach. “No hay una ruta urbana”, asegura el hombre conocido por su apodo familiar “El Duque”, gerente de la constructora Epic. Cartagena “está desbordado”, dice. Los especuladores construyen apartamentos de lujo, pero no se les exige construir ciudad. “Cartagena saldría de la pobreza el día en que el centro –Marbella, ciudad amurallada,Bocagrande y Castillogrande– lo ordenemos urbanísticamente de tal manera que lleguen más hoteles y más centros comerciales porque la ciudad es demasiada linda”, explica el constructor.

Se bromea que los mejores líderes en Cartagena de los últimos 20 años han sido Bill Clinton yBarack Obama, por el impacto milagroso de sus visitas en el estado de las calles y plazas de la ciudad.

A pesar de la falta de dirección urbana, Cartagena está recibiendo una ola de inversiones en el sector hotelero debido a las atracciones de una ley introducida en el 2003, por medio de la cual se exime de impuestos, por un período de treinta años, a los que construyan hoteles. Este dato se corrobora con la ampliación del aeropuerto Rafael Nuñez, realizada por la Sociedad Aeroportuaria de la Costa, en donde las salas de abordaje nacional pasarán el próximo año de 907 metros cuadrados a 3,479 y las internacionales de 880 a 2,625).

Así, el disparate en la construcción hotelera ha acelerado aún más lo que Puente llama un “desorden sofisticado” y Barrera tilda de “desastre” en la zona de Bocagrande.

Lejos del frenazo provocado por la crisis financiera en Miami, Nueva York y Londres, la construcción en Cartagena sigue sin parar, especialmente después de la firma del Tratado de Libre Comercio y la llegada inmediata de vuelos directos desde Estados Unidos hasta el Corralito de piedra.

Importantes marcas internacionales como Four SeasonsHyattJW Marriott, RadissonSheraton e Intercontinental están trabajando con los poderosos del barrio, los Santo Domingo, los Mattos y “El Duque” para duplicar la capacidad hotelera de la ciudad. Son alrededor de 14 proyectos de hoteles por un valor de 600 millones de dólares que están en proyecto o ya entraron en obra. Curiosamente, un nuevo anillo de construcciones gigantes –centros comerciales– forma ahora parte de las murallas y el castillo de San Felipe con lujosas tiendas de marcas que esperan los turistas para llenar diariamente 3.000 habitaciones nuevas.

Con semejante nivel de construcción en el centro, la única salida para la ciudad es el norte, donde “El Duque” con su empresa Conceptos Urbanos (su antigua firma) rompió las fronteras de la ciudad con la construcción de Los Morros. Hoy, en la zona norte se encuentran los colegios y las universidades más importantes de Cartagena al lado de hoteles de cadena local e internacional, incluyendo el Hotel Las Américas, Hoteles Estelar, Holiday Inn, Radisson y Sonesta.

La misma carretera hacia Barranquilla que creó Los Morros hace 18 años, está abriendo el camino para inversionistas como el Grupo Daniel Haime que buscan construir ciudadelas dedicadas a la cirugía y la odontología en preparación para tantos norteamericanos que le huyen a su costoso sistema de salud.

Hasta el golf ha llegado a Cartagena en la forma de un curso diseñado por Jack Nicklaus en el exclusivo complejo de Karibana, en Manzanillo del Mar. Irónicamente es aquí, en el norte, donde algunas figuras claves del grupo que rescató el centro histórico hace 35 años –incluido Barrera–, tienen ahora sus casas, lejos de la nueva generación de millonarios que compran los resultados de su jugada maestra.

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enero
9 / 2013