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Espíritu atleta para un largo viaje

David, aventurero que ha recorrido varios lugares del mundo, encuentra en Uganda, a orillas del río Nilo, la placidez de una actividad que podría considerarse agotadora en el trajín que genera un viaje: correr.

David, aventurero que ha recorrido varios lugares del mundo, encuentra en Uganda, a orillas del río Nilo, la placidez de una actividad que podría considerarse agotadora en el trajín que genera un viaje: correr.

EUganda, a orillas del río Nilo, en una pequeña sala de Internet, mi esposa me contó la historia de una persona que se había ido a viajar por 4 meses y se había puesto la meta de llegar en mejor forma física. Me dijo que el programa había sido tan exitoso que esta persona vivía ahora de dar conferencias a ejecutivos acerca de cómo mantenerse. Sólo me bastó leerme una de sus crónicas en su blog Nerdfitness.com para salir corriendo a subir y bajar escaleras a lo largo de una hora, comenzando así mi primera rutina de ejercicio en el viaje.

Varios días antes en la increíble travesía del Tazara Train, entre cucarachas, mosquitos y las agradables conversaciones con Hukam y Omkar, dos de los indús con los que compartíamos nuestro camarote, me había tumbado horas enteras en mi litera a devorarme un libro que más tarde me liberaría de algunos paradigmas. “Born to run”. Antes de salir de Colombia, mi hermano Juan me había hablado de él y por casualidad Alex lo encontró en una librería del aeropuero de Miami. Pues bien, este libro que más bien es una crónica me llevó a un viaje profundo para mostrarme por qué los seres humanos estamos hechos para correr. El periodista de esta obra relata como va en busca de los Tarahumara, una tribu en los cañones de México en donde sus habitantes suelen correr decenas de millas usando sólo unas sandalias.

La tradicional frase de los especialistas de que no hay razón para que correr no genere problemas de espalda y rodillas se va desdibujando cuando el autor descubre a estos fabulosos hombres que corren millas y millas sin la más mínima lesión. Muchas personas que buscan consuelo en medio de sus vidas sedentarias y ante su incapacidad de establecer una rutina de ejercicios, se han volcado a decirme que no tendré rodillas a los 50 y que tendré problemas en la articulaciones por hacerejercicio durante tantos años.

Pues bien, al parecer correr fue una habilidad que consiguieron nuestros antepasados para sobrevivir. Allá en el desierto del Kalahari en Botswana y en la Garganta de Olduvai en el Cráter del Gorongoro en Tanzania, el homo sapiens salió a pastorar la sabana y a soportar grandes cantidades de sol gracias a una de las más grandes creaciones de la evolución hunama. Su sistema de refrigeración. A diferencia de todos los animales, nuestro sistema de refrigeración utiliza un líquido llamado sudor para enfriar el cuerpo y mantenerlo alrededor de un promedio de 37.5 grados centígrados. Primero, comenzamos a sudar por las manos y luego por todo el cuerpo, permitiéndonos estar largos períodos de tiempo expuestos al inclemente sol de la sabana sin necesidad de tener un descanso.

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Nuestro refrigerante enfría el cuerpo a la par que nos movemos y lo hace independiente de la respiración, mientras que otras especies deben detener su actividad física para con ella enfriarse y, a diferencia de nosotros, su respiración se hace más o menos acelerada con su paso. Nosotros, los humanos podemos andar a un paso y respirar a otro completamente diferente gracias a que no refrigeramos nuestros cuerpos con aire sino con líquido. No se sabe cómo, pero el primer homo sapiens desposeído aún de herramientas de caza, comienza a comer carne en ocasiones especiales, no carne de carroña sino carne que consiguía realizando una actividad de caza social en el que todo el clan, hombres y mujeres, persiguían literalmente a un Kudu, a un Impala, a una Gacela, hasta que esta se moría del cansancio. Sin tocar a su presa le producían un paro respiratorio, un agotamiento infinito producido por la imposibilidad de estar en reposo. No era fácil, para lograrlo, nuestros antepasados debían corretear a sus presas durante 5, 6, 10 horas en medio de un ardiente sol africano. Estos hombres que corrían por varias horas no tenían problemas de rodilla ni de espalda. Estos hombres estaban hechos para correr. Correr para sobrevivir, correr para conseguir su alimento, correr para huir de un depredador. Sus pies lucían fuertes, el arco pronunciado que tenemos hoy en día les proporcionaba el balance y equilibrio perfecto para soportar horas de impacto. Usaban toda la planta de sus pies para absorber los golpes, no sólo los talones. Y esta era lo suficientemente flexible para moldear su forma acorde con la del terreno.

Dónde está el problema entonces del hombrecorredor moderno? La respuesta la tienen loszapatos de ‘running’ inventados en los años 70 por una de las marcas más populares de ropa y accesorios deportivos, Nike. Con sus zapatos alcolchados, antipronación, con cámara de aire y no sé qué tantas cosas más, han tirado por la borda lo que a la evolución le costó miles de años en perfeccionar. Nuestro pie. Estoszapatos pretenden corregir problemas que no tenemos o que nuestro propio pie podría corregir o bien quieren evitar movimientos que hacemos instintivamente como la pronación. Nuestros pies ahora son una extremidades débiles, muchas veces deformadas por los zapatos, con plantas tan delicadas como la seda y lo más grave con su principal fuente de poder totalmente debilitada y anulada: el arco. Han notado la curvatura que tienen todas las suelas de los zapatos? Se han preguntado para qué carajos es eso? Pues los Tarahumara con sus sandalias de suela dura y plana para evitar espinas logran recorrer grandes distancias y los Massai Mara en Kenya, los mejores maratonistas del mundo, corren descalzos durante todas sus vidas sin la menor secuela.

Esta teoría si que fue una gran revelación para mis hábitos deportivos colmados de avances tecnológicos. Gracias a ella, correr se convertirá para mí en una actividad mucho más mística, mucho más espiritual y sobretodo, para el pesar de los sedentarios, mucho más saludable. Correr descalzo será ahora mi obsesión y para ello tendré que olvidar todo lo que he aprendido acerca de esta actividad. Será como aprender a caminar de nuevo.

Así, con mi mente dando miles de vueltas, he recorrido las calles de Beijing, Bangkok, Siem Reap, Phom Phen, Chau Doc, My Tho, Hoi An, Ho Chi Minh, Da Nang y otras tantas más al trote y usando sólo mis sandalias. No es ‘barefoot’, pero con cada paso siento que mis pies se fortalecen y avanzan hacia un destino nunca antes explorado. Mis pies, olvidados por más de 35 años, están apenas comenzando a descubrir el mundo.

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De nuevo en Uganda, puedo decir que este país con su calidez y naturaleza salvaje no sólo se quedó con un pedazo de nosotros. Me dejó también la disciplina de hacer ejercicio durante esta travesía de 7 meses. Siempre recordaré aquel primer día subiendo y bajando más de dos mil escalones bajo el sol de medio día en el hostal Nile River Explorers mientras un joven de escasos 25 años y que andaba con un arco y una flecha me preguntaba: ‘why are you doing this?’ (por qué estás haciendo esto?) Y yo contestaba con un gran sonrisa, ‘because it’s just fun’ (porque simplemente es divertido). Al final de cuentas ‘we are all born to run’.

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Octubre
18 / 2012

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