Cumpleaños de Popayán: la ciudad antes y después del terremoto

En el cumpleaños número 479 de la 'Ciudad Blanca', recordamos dos textos acerca del terremoto que sacudió y destruyó parte de la ciudad en 1983, y sobre cómo la ciudad se repuso a ese golpe.
 
Cumpleaños de Popayán: la ciudad antes y después del terremoto
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POR: 
Jaime Paredes Pardo y Juan Carlos Iragorri

Publicado originalmente en Revista Diners No. 157 de abril de 1983

Popayán en ruinas

En la mañana del pasado 31 de marzo, jueves Santo, un terremoto de 7 a 8 grados en la escala Mercalli, sacudió la región de Popayán, ocasionando la muerte a 250 personas, dejando más de un millar de heridos, más de 100.000 damnificados y perdidas materiales que superan los 50.000 millones de pesos.

Hay en Popayán una canción 
que tiene vigencia a todas horas. Se canta en la escuela, en 
los paseos, en las horas de la 
alegría, cuando viene la tristeza. Quizás no existan para los 
payaneses otras estrofa s más 
evocadoras. Se las dejaron Julio 
Arboleda y Javier Vidal.

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Seguramente en estos días 
mientras las grúas y las palas 
cumplen el desolador oficio de 
remover los escombros de la 
ciudad, los templos, los colegios, la casa del rico y la casa 
del pobre, los payaneses la musiten como si se tratara de 
una plegaria:

“Qué bello que dora

los campos el sol

y el cielo colora 
celeste arrebol,

sublime grandioso 
se muestra el volcán

y al pie cuán hermoso 
se ve Popayán”.

Popayán fue edificada sobre la 
delicia de su clima. El sabio 
Caldas lo consideraba invención de los poetas. Belalcázar y 
su tropa llegaban desollados 
después de atravesar el valle 
del Patía, y de súbito se encuentran con una campiña risueña. Sin vacilar el adelantado decide fundar en ese sitio la 
ciudad. La gente de España 
siente que el aire la cura y la 
anima, y bendice al cielo por 
tanto beneficio. A lo cual se 
debe agregar que encuentran 
entre los nativos la mejor hospitalidad; les ofrecen maíz, 
mantas y, sobre todo, paz. Los 
cronistas de la Conquista refieren que en aquel lugar 
abundaban maderas nobles que 
dejaban perfumadas las manos 
de los carpinteros. El adelantado ordena se diga una misa en 
el altar de los campos y clava 
la tizona en tierra en señal de 
posesión. Y comienza la historia de la ciudad. Será dura, paciente y codiciosa.

Pero acontece que los tejados 
pardos, la espada que duerme 
su sueño de acero en el museo, 
el gusto de sus hijos por la historia, confunden y aún ocultan 
el alma verdadera de la ciudad, que siempre ha sido juvenil, en el sentido de que, ante 
todo y sobre todo, ha buscado 
con vehemencia las salidas hacia el porvenir. Caldas y Torres 
cambian su cabeza por el hallazgo de la libertad para los 
colombianos. Antes, en la Colonia, el poderoso y el humilde 
levantan la hermosísima floresta de las torres y las cúpulas 
que ahora han caído bajo el 
feroz golpe del terremoto: la 
Catedral, San Francisco, San 
Agustín; Santo Domingo, La 
Encarnación y Belén. Todas 
como si hubieran sido descuajadas de raíz. Jamás fue tan 
cruel la naturaleza con la tierra 
donde viven los hombres.

Sólo que Popayán no se rinde. 
Su espíritu juvenil que le enseñó, entre otras cosas, la paciencia, la sacará adelante. Ya 
ha comenzado su resurrección. 
Es cierto que con los ojos cargados de lágrimas, pero eso sí, 
con una voluntad indomable. 
Bajo las ruinas y entre las ruinas, ¡quién lo creyera!, se trabaja con alegría y esperanza. 
Los payaneses adivinan en el 
futuro la nueva, la segunda Popayán. Con todas sus torres, 
con los desfiles de la Semana 
Santa, con los conciertos de 
música religiosa, con los pesebres de trapo de Emérita Malo, 
con las chirimías, con aquella 
infancia que se asoma sorprendida a contemplar las ruinas, y 
en cuyos rostros desdibujados 
por la edad temprana ya asoma 
el futuro, ya asoma el Popayán 
resucitado, renacido de sus ruinas y sus lágrimas.

(Publicado originalmente en Revista Diners No. 254 de mayo de 1991)

Popayán Renace

Por Juan Carlos Iragorri

El terremoto la redujo a escombros. Propusieron reconstruirla en otro lugar. Ocho años después, y en su mismo sitio, Poapayán renace de los escombros.

Así como en Semana Santa 
cargan con entusiasmo pesadas imágenes sobre sus espaldas, los popayanejos 
de hoy están empeñados en meterle el hombro al futuro de su ciudad.

Después del terremoto que la destruyó el 31 de marzo de 1983, 
Popayán es otra cosa. No sólo reconstruyó el 75 por ciento de su 
centro histórico, sino que ofrece perspectivas económicas importantes.

La reconstrucción fue obra de titanes. Su éxito, que el caminante 
observa al primer golpe de vista, se 
debe a los 23.000 millones de 
pesos invertidos y al apoyo de la ciudadanía. “Levantar las edificaciones no fue trabajo de pocos. La 
Corporación para la Reconstrucción y el Desarrollo del Departamento del Cauca (CRC) cumplió su cometido. Y la población entera colaboró. Es difícil encontrar a alguien aquí que no sepa qué es una viga de amarre o cómo se hace un cierre de tejado dice el arquitecto Luis Eduardo Ayerbe, quien fue asesor del alcalde de Popayán para 
la reconstrucción del sector histórico de la ciudad.

Ayerbe dice que las edificaciones
están en su lugar porque las gentes de la capital caucana viven la tradición: “Desde las 8 y 13 de la mañana del jueves Santo en que ocurrió el sismo, los popayanejos raizales, congregados en el Parque de Caldas, decidimos reconstruir todo en el mismo
sitio. Ni siquiera le prestamos 
atención al concepto de urbanistas extranjeros, que aseguraron que la Popayán del futuro debía
ubicarse en otra zona”. Por ejemplo una matrona local, Aliria Maya
Latorre, le pidió a su hijo Carlos,
ingeniero: “Por favor, no me vaya a dejar conocer el lote de la Torre del Reloj”.

El proceso de reconstrucción causó
 polémica. Varios arquitectos dicen, por ejemplo, que las paredes 
de las casas de la zona histórica debieron pintarse con colores, como en la antigüedad. Otros advierten peligros:
”Sólo el cinco por ciento de esa zona se encuentra habitada –dice el
restaurador Tomás Castrillón Valencia- .
Lo cual convertirá al centro payanés en ciudad – oficina, con graves problemas de inseguridad.

Tres edificios representativos de la villa se hallan agrietados todavía: las iglesias San José y San Francisco, y el Teatro Municipal. Y 
hay algo que llama la atención: frente al templo de San José, la señora Luz Álvarez instaló un puesto de venta de empanadas de pipián,
 cuyas ganancias se han destinado íntegramente a reconstruir la iglesia.

 El “patojo”

Esa actitud altruista sirve para describir al payanés. El 
”patojo”, como también se le conoce, admira más la cultura de las personas que el dinero que posean. “Recuerda a los poetas; no a los financistas. Y prefiere arreglar el alero de una casa vieja a construir un edificio de tres pisos”, escribe Álvaro Burgos, periodista caleño de nacimiento pero payanés por adopción.

La sencillez le llega al popayanejo hasta el tuétano de los huesos. Es austero, culto, de conversación interesante y formidable anfitrión. Si 
un visitante entra a mediodía en un 
hogar característico de la ciudad, es invitado a almorzar, sin que importe cuántos comensales se sienten a 
la mesa.

Por eso no fue raro encontrar, un Viernes Santo, en una casa tan típica como la de Stella Simmonds de Perafán, a quince o veinte personas 
hablando de esta vida, de la otra y hasta de Marilyn Monroe, con el dramaturgo estadounidense Arthur Miller. Fue esa una tertulia deliciosa y larga. El almuerzo y la cena se unieron sin que 
los comensales abandonaran su puesto en el
comedor. Miller dijo que estaba allí
con el propósito de recoger ideas 
para escribir sobre Popayán

El que vive en Popayán almuerza siempre en su casa porque le
 queda tiempo. Va a su finca a veranear en los meses de calor. Toma 
aguardiente y rasga la guitarra. Contempla perplejo unos atardeceres repletos de arreboles. Se desvive por comerse una granadilla
del quijo -fruta que únicamente se produce allá-. Y goza charlando 
con sus amigos, en mangas de camisa, sentado en una banca del
 Parque de Caldas bajo 
rododendros, madroños 
y araucarias.

La temperatura de la ciudad, consecuencia de los 1737 sobre el nivel del mar, hace la vida apacible. El promedio es de 19
grados centígrados. Jamás se presenta
un calor insoportable o un frío riguroso. Quizá tal circunstancia 
motivó a Francisco José de Caldas 
a escribir sobre el clima 
”parece como inventado por los poetas”.

Ese ambiente acogedor embrujó 
a Sebastián de Belalcázar y lo indujó a fundar
la ciudad el 13 de enero de 1537. Y tal vez eso mismo, sumado a 
la estratégica localización comercial del poblado, por cuanto 
era a la mitad del camino entre Quito y Santafé, atrajo a diversas familias poderosas hacia Popayán.

De ellas, la familia Mosquera fue la más 
influyente. Es la única en la historia
de Colombia que ha tenido en sus manos. al mismo tiempo, los poderes político, económico, religioso y social.

Cuando el visitante transita por la ciudad
y recorre la Calle de la Pamba, hace memoria de muchos 
próceres. En esa caminata pasará 
frente a las blancas casas en que nacieron
Caldas, Francisco Antonio Ulloa, Tomás Cipriano de Mosquera, 
Julio Arboleda y Silvestre Ortiz, o en las que vivieron las 
familias de Camilo Torres o Guillermo Valencia. En esa calle “se 
concentra toda la historia de Colombia”, dijo Silvio Villegas.

Cualquier caminata por el centro 
conducirá al visitante, de modo 
inevitable, a la Universidad del 
Cauca. En torno de ella la ciudad 
ha girado a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Es un centro 
educativo público que ha visto desfilar por sus aulas a 16 presidentes 
de la República. Allí estudian la 
mayoría de los jóvenes de Popayán 
y un número considerable de provenientes del suroccidente del país.

La universidad alberga a seis mil 
estudiantes en siete facultades. Dirige, además, alrededor de cien 
proyectos investigativos, que realiza en conjunto con organismos internacionales y nacionales.

Tropiezos y economía

Imposible sería que el panorama payanés fuera sólo prosperidad. Hay problemas. Las palabras del alcalde, Víctor 
Gómez Mosquera, recuerdan la 
frase de Guillermo Valencia: “Aquí 
siempre nos sobra un déficit”.

El alcalde dice que “el municipio 
es pobre”. En 1990 los ingresos de 
la ciudad, que tiene 191.000 habitantes. fueron de 1.882 millones de 
pesos. Ya 31 de mayo de 1991 la 
deuda pública con el sector bancario era de 1.503 millones.

Las posibilidades de trabajo no 
son alentadoras por el momento. 
Como el Estado es el máximo empleador en el departamento, a sus puertas tocan los recién egresados de la universidad. En pocas ocasiones reciben una respuesta favorable. El municipio a duras penas 
emplea a 650 funcionarios.

¿Cuáles son entonces, las perspectivas económicas importantes de Popayán? Cuatro empresas de 
gran envergadura: Carvajal, la 
Cooperativa Lácteos Puracé, Empaques
 del Cauca e Icobandas.

Carvajal tiene la ciudad
tiene en la ciudad desde hace 20 años una de sus dos plantas productoras de libros animados. Allí se da empleo a mil personas, 
aproximadamente. “En su mayoría son mujeres”, según Rodrigo Bueno, gerente general de la División Manufacturas Colombia de esa compañía. El ciento por ciento
del material fabricado se exporta. Estáeditado en 22 idiomas, entre ellos
el finlandés. el afrikaans
y el catalán.

La Cooperativa Lácteos Puracé 
pasteurizadora a escala nacional fue la primera en adicionar la leche con vitaminas A y D; y con sus camiones refrigerados 
cubre el 50 por ciento del mercado de Cali. Empaques del Cauca es una de las tres más grandes firmas 
de empaques de cabuya en el país; 
ahora estudia la posibilidad de fabricarlos de polipropileno. Asu vez, Icobandas se ha erigido en la empresa número uno de su Ramo en Colombia: ocho de cada diez bandas o correas transportadoras que se utilizan en el territorio nacional tienen su marca de fábrica. Y en Caloto, Propal invierte 40 millones de dólares en su planta número dos, que entrará en operación el año entrante, producirá 240.000 toneladas anuales de 
papel y ofrecerá 1.200 empleos directos.        .

El turismo es un renglón interesante para la ciudad desde el punto de vista económico. Los viajeros vuelven sus ojos hacia Popayán 
durante sus procesiones de Semana Santa -completamente distintas de las de Sevilla, España-. Por esa misma época se realiza el Festival de Música Religiosa, que se celebra desde 1964.

La reactivación económica se refleja inclusive en el periódico doméstico, El Liberal. Fue adquirido el 
año pasado por un grupo que encabeza el diario bumangués Vanguardia Liberal. El matutino de Popayán dio así un salto como de la mula al jet: tras 52 años de utilizar linotipos, el 30 de septiembre anterior entró
en la era del computador, con 4.000 ejemplares”, según 
Carlos Alberto Cabal, el gerente.

La agricultura recibe especial
atención. En la meseta de Popayán 
se cultivan ya 300 hectáreas de
morera, con el fin de alimentar gusanos para producir seda. Varias empresas del sector se han constituido, algunas de las cuales, como Coseda, tienen, en calidad de accionistas, a compañías de Corea del 
Sur.

Los sembrados de espárragos 
prosperan en fincas vecinas. Sus cultivadores piensan lanzar al mercado, en 1992, 510 toneladas. Estudios de la firma estadounidense Pilisbury descubrieron las bondades de esos terrenos para este renglón. Paralelamente, 110 hectáreas 
de macadamia, variedad de nuez 
más cara que el pistacho, crecen en inmediaciones de Timbío. La macadamia es originaria de Australia, pero más popular en Hawai. La primera cosecha se recogerá en tres años y medio. El suelo volcánico 
favorece este cultivo. Por otra parte, el departamento tiene la segunda área potencial en el país 
para el cultivo del café, después 
de Antioquia. Y en el municipio de Miranda se levanta el ingenio Cauca, primer productor en Colombia desde 1989 -el año pasado refinó más de cinco millones de 
quintales de azúcar.

La minería no se queda atrás. En 
Puracé está la única mina de azufre que se explota en el mundo, de la cual se extraen 30 toneladas diarias del mineral. Además, dentro de la Cordillera Occidental se han descubierto inmensos yacimientos de arcillas bauxíticas. En Mercaderes se obtiene una clase de zafiro de 
varios colores, y según diversos estudios, en la Bota Caucana, al sur del departamento, hay pozos de 
petróleo.

La ciudad gozará pronto de la carretera que la integrará con López de Micay, en el litoral Pacífico. En esa zona está prevista la construcción de la hidroeléctrica del Micay.

Popayán empieza a vivir ya el futuro. Sabe que de la misma forma en que ha mantenido sus casas centenarias y sus costumbres ancestrales. debe poner en pie un 
andamiaje económico que le impida quedarse a la penúltima moda.

         

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enero
13 / 2016