Cuba: la “revolución” no para

POR: Revista Diners
 / agosto 27 2015
POR: Revista Diners

Cuba es un destino turístico que siempre desafía a sus visitantes. Aunque atrapa fácilmente porque resulta genuina y nada se le parece, no es del todo fácil comprender qué ocurre en ese lugar excéntrico cuyo presente histórico parece ser el escenario del filme de Wolfgang Becker, Good Bye, Lenin! Desde los famosos discursos de Raúl Castro y Barack Obama de diciembre de 2014, e incluso un par de años atrás, está claro que Cuba atraviesa un proceso de cambio evidente incluso para quienes la visitan por tan solo unos días.

Estos cambios solo pueden ser dimensionados si se entienden algunos hitos de su historia reciente: la mayor de las Antillas ha tenido huéspedes de todas las índoles a lo largo de los últimos cien años. Su independencia de España fue la última de América, justo antes de entrar el siglo XX. De ahí en adelante fueron ocupados económica y socialmente por los Estados Unidos, hasta que bajo la Revolución de la Sierra Maestra, “y el comandante Fidel mandó a parar”. Una vez instaurado el nuevo gobierno socialista en 1959, Cuba tampoco dejó de tener huéspedes permanentes. Los rusos se mudaron por más de treinta años, hasta que se dio la perestroika en los años noventa. Después los chinos quisieron invertir, razón por la cual la isla se llenó de buses y empresas asiáticas. Pero, además, desde los años sesenta el país ha sido anfitrión de jóvenes estudiantes y también asilados políticos de todas partes de Latinoamérica cuyo faro ha sido el socialismo.

Buena cocina, música y deporte

Una vez que se aterriza en el aeropuerto internacional José Martí, se comprueba que esos nueve millones de habitantes son mucho más que caribeños, mucho más que isleños, mucho más que latinoamericanos. Ellos son cubanos. Se mueven de cierta manera. Cantan de cierta manera. Bailan de cierta manera. Son la mezcla de todo lo anterior, y aun así son inconfundibles. Las calles y edificaciones cubanas ostentan todo tipo de rasgos, desde la estilización colonial de La Habana Vieja hasta el más sólido materialismo ruso, pasando por el art déco, fácilmente apreciable en edificios como el López Serrano (réplica en miniatura del Empire State Building). Aquella vieja idea de que caminando las ciudades y perdiéndose en ellas es como realmente se conoce a fondo un lugar, en La Habana se reafirma sin duda alguna. Más cuando entendemos que su señalización es casi nula y que los datos de los celulares jamás se harán presentes mientras estemos en suelo casi libre de internet.

Por esta razón, es bueno tener de antemano algunos puntos de interés situados con anterioridad, más allá de lo puramente turístico y oficial, como puede ser el Museo de la Revolución, el Capitolio, la Plaza de la Revolución, el Hotel Nacional de Cuba, o el Museo de Arte Contemporáneo. Asimismo, tener en cuenta restaurantes destacados como El Cocinero, situado en el barrio del Vedado, donde según la actriz Alicia Hechavarría, es imposible perderse los crepes de pato o el tuna-tartar. Igualmente, el paladar de doña Eutimia es famoso por las masas de cerdo y los tostones rellenos o El Chanchullero en La Habana Vieja, donde la fusión entre Cuba y España nos deleita con mezclas de jamón ibérico y frituras de malanga. También es indispensable visitar centros culturales como la Fábrica de Arte Cubano, donde podrá apreciarse un panorama bastante actual de la movida artística de la isla. Allí se puede asistir a conciertos y proyecciones de películas, y si tiene suerte podrá interactuar con artistas residentes como el músico X Alfonso, o el pintor José Emilio Fuentes Fonseca, entre muchos otros.

En otra parte de la ciudad, también podrá tomarse unos bien preparados gin- tonic en el piano bar Siakará, justo atrás del famoso capitolio de La Habana, donde encontrará parte de la movida cinematográfica y teatral de la ciudad. La verdad es que actrices, actores, directores y artistas en general andan sueltos por la ciudad y se pueden entablar largas y nutridas conversaciones con ellos.

En cuanto al deporte, Cuba ostenta un atractivo innegable, y para ello resulta fundamental presenciar al menos un partido de béisbol en el Estadio Latinoamericano, ojalá un clásico entre el legendario equipo habanero de los Industriales y algún representante del oriente cubano como el equipo santiaguero o el de Villa Clara. También es posible, en todo el territorio nacional, asistir a peleas de boxeo, casi siempre en coloridos cuadriláteros de barrio, como la habanera sala Kid Chocolate, donde se forjan año a año campeones olímpicos. Asimismo, se puede visitar la Universidad de la Ciencia y la Cultura Física y el Deporte, Comandante Manuel Fajardo, donde está permitido presenciar de primera mano cómo se entrenan los gimnastas cubanos de alto rendimiento.

A la música cubana la precede una fama mundial. Quizá por eso resulta más complicado dar con los lugares correctos para escuchar a los mejores músicos. El gato tuerto, La casa de la música en Miramar y en La Habana Vieja, así como el Salón Rojo de La Tropical, son establecimientos donde podrá ir a la fija para escuchar bolero y son. Sin embargo, también hay salas alternativas como el auditorio Bertolt Brecht, la sala El Sauce o Don Cangrejo, donde suena algo de lo más reciente y contemporáneo del pop, rock y jazz cubano. Kelvis Ochoa, Raúl Paz o el jazzista Roberto Fonseca son nombres quizá poco conocidos en el campo internacional, pero a los que se considera auténticos y actuales baluartes de la movida musical cubana.

Más allá de La Habana

Si además de la capital cubana, la idea es adentrarse en el resto del país, no hay que dudar en alquilar un carro y perderse por las carreteras cubanas, que lo llevarán a descubrir pueblos y parajes donde el tiempo nunca pasó y donde también hay lugares claves de la historia del país como Playa Girón o la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, fundada por nuestro premio nobel Gabriel García Márquez. En cuanto a las poblaciones más pequeñas, Gibara y Baracoa son destinos costeros en el oriente cubano que vale la pena conocer por sus inmediaciones y playas, por su arquitectura colonial y su situación geográfica. En el otro extremo de la isla se encuentra el Hotel María la Gorda, lugar perfecto para bucear y descansar del bullicio. Igualmente, Matanzas, Cienfuegos o Santiago, ciudades que cuentan cuenta con un amplio repertorio de atractivos, como la Botica Francesa de Matanzas, un local antiguo con miles de botellas y frascos, donde cualquier amante del pasado podrá divertirse durante horas.

Cuba cambia diariamente. Se abren y cierran restaurantes y bares con la velocidad con que la gente elige. Se siente el paso de sus visitantes, de sus ocupantes y es posible hacerse un lugar allí si se cuenta con tiempo y disposición para hablar con sus gentes. Hace poco apareció el primer restaurante de sushi habanero, fundado por un marinero que por fin dejó la mar y se asentó en la ciudad.

¿Qué pasará con la isla tras la normalización de las relaciones con Estados Unidos? Eso nadie lo sabe. Pero esa tarde del 17 de diciembre, tras escuchar los discursos, en la calle se respiraba un comentario sereno y distante, con media sonrisa en la cara y un futuro por venir, la gente en la calle decía “ganamos y ahora vamos a ver qué pasa”.

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agosto
27 / 2015