Viva Colombia: así nace una aerolínea

Luego de cinco años de negociaciones y sueños frustrados, Viva Colombia despegó en su viaje inaugural y abrió un nuevo capítulo en la aviación del país. ¿Cómo una ilusión de cuatro personas cobró semejante vuelo?
 
Viva Colombia: así nace una aerolínea
Foto: Enrique Patiño
POR: 
Enrique Patiño

El ambiente no parecía el de un avión: faltaba solo la música para que fuera una fiesta a bordo e hiciera honor a su nombreViva Colombia, ahora conocida como Viva Air. A mi lado, en la silla 24F, estaba Sneyder Moreno, tripulante, con una espléndida sonrisa y un buzo amarillo luminoso que rompía el protocolo.

En la fila 25, Natalia Posada, la “japonesita” de la tripulación, estaba exultante de emoción. Cruzando el pasillo, una capitán de vuelo aplaudía a rabiar. Sí, la tripulación estaba sentada entre los empresarios invitados, la prensa y hasta cómicos que rezaban a gritos para que la virgen los protegiera.

Antes de despegar con sus 180 pasajeros a bordo, un carro de bomberos lanzó un chorro de agua que cayó en el Airbus a manera de bautizo. “Comenzamos”, gritó alguien entre la multitud de sillas.

El sueño de Viva Colombia a Viva Air

En realidad, Viva Colombia había comenzado cinco años atrás, cuando Juan Emilio Posada y William Shaw caminaban rumbo a una notaría y Shaw (exdirector general de British Airways) le comentó al expresidente de Avianca que en su posgrado en Stanford le habían pedido elaborar un proyecto de emprendimiento.

Lo primero que se les ocurrió, por supuesto, fue una aerolínea. A ambos les sonó la idea, y lo que sucedió de ahí en adelante no hizo sino confirmarla: Shaw tuvo largas discusiones en su universidad sobre qué modelo y en qué país implementarla, y la respuesta surgió pronto. En Colombia no había modelo de bajo costo.

La oportunidad los unió a los dos y a Gabriel Migowski, consultor de Bain, y Fred Jacobsen, expresidente de Tampa Cargo. Los cuatro se aliaron con la intención de fundar una aerolínea que abaratara las tarifas del mercado y que, además, cumpliera con el secreto sueño de los cuatro: tener una aerolínea propia, y el de miles de colombianos: volar. Era una locura. De principio a fin. Pero era tan irreal que los atraía con obsesión.

Entre reuniones para firmar a Viva Air

Un domingo de mayo de 2008 tuvieron su primera reunión formal en un salón luminoso ubicado en una oficina de Bogotá. Entonces supieron que montar una aerolínea era un proyecto tan demencial y costoso que se verían obligados a dedicarse de tiempo completo al proyecto, aunque la crisis de 2008 los terminaría golpeando de frente, y duro. Tuvieron que bajar el ritmo cuando decidieron apostarle a una aerolínea existente para arrancar, pero no les funcionó la idea. Vuelta atrás. Y de nuevo a arrancar de cero.

Contrataron una banca de inversión que analizó los riesgos y produjo el documento que les permitió iniciar una ronda de más de cien visitas a posibles inversionistas. Un camino largo, de frustraciones antes que de recompensas, de negativas y fondos escasos, que enfrentó a William y a Gabriel a la angustia de no tener ni para comer, y que obligó a Posada a invertir 20 mil dólares iniciales en un proyecto que no daba frutos.

Hasta que un día, tras tres años y medio, todo se dio. Como un avión que tras recorrer una larga pista por fin decola y se eleva: coincidió el interés del Grupo Bolívar colombiano con el de la familia irlandesa Ryan –propietarios de Ryanair, Tiger Airway y Viva Airbus. Cada uno de ellos, al ver el interés del otro, decidió dar el sí sin dilaciones.

De inmediato, y en un mismo día, se sumó el grupo mexicano Lamsa, que trabaja con la familia Ryan en la operación de aerolíneas de bajo costo. Los cuatro empresarios que habían luchado por su idea se unieron para tener el 25 por ciento restante de participación. El 25 de enero de 2011, junto con Miguel Cortés, quien acababa de ser nombrado presidente del Grupo Bolívar, celebraron con champaña el despegue económico del sueño de Viva Colombia.

¿Cómo salió el precio de los tiquetes?

Fred Jacobsen se convirtió en el presidente ejecutivo. Consiguieron tres Airbus A320 en leasing y abrieron un fondo para pagar el arriendo, que asciende a 200 mil dólares mensuales por nave. Cotizaron las horas de vuelo, que se pagan entre mil y tres mil dólares, de acuerdo con el avión.

Ampliaron de 150 a 180 puestos el cupo para aumentar la capacidad de la nave, y definieron trayectos que no se habían colonizado en el país. Montaron su base en Rionegro, Antioquia, porque Bogotá estaba congestionada y era más costosa, mientras que el aeropuerto paisa y Medellín les ofrecía inmejorables condiciones.

Con un equipo que no superaba las cien personas, diseñaron una estrategia de publicidad irreverente que se tomó las redes sociales a cambio de tiquetes gratis; eligieron los colores de las aeronaves en una decisión de minutos porque la real preocupación era el volumen y no el alarde publicitario; igualmente, escogieron los destinos según el costo por silla, y al nombre Viva Colombia tras una decisión de dos minutos por correo electrónico.

Viva Colombia, una alternativa en el aire

Buscaban vender por la tarifa, no por marca. Calcularon distancias y rutas, y en todas sus decisiones primó el costo, incluidos los uniformes del equipo o decisiones simples como cobrar por maleta o vender a bordo un Chocoramo al mismo precio que una tienda de barrio. Contrataron a los auxiliares de vuelo con la condición de que no les pagarían el transporte ni la comida, pero si un sueldo variable por productividad, y les ofrecieron estabilidad a los pilotos cansados de viajar sin dormir nunca en casa.

Observaron el mercado y analizaron que su entrada beneficiaría a todos gracias a que la oferta sería más competida. Tramitaron los permisos de seguridad y las licencias ante la Aerocivil. Y así, comenzaron operaciones el 25 de mayo, con tripulación entre los pasajeros, júbilo, copa de champaña, aplausos, bautizo y un sobrevuelo raso sobre Medellín ante el asombro de la ciudad.

En el avión bautizado Dani, en homenaje a la hija del presidente de la aerolínea fallecida una semana antes del despegue. 180 pasajeros vivieron la euforia del sueño cumplido con la alegría de una fiesta. Jacobsen, más mesurado, dijo que su ángel del cielo los acompañaría ahora en sus vuelos y los protegería siempre.

Media hora después, Orlando, un antioqueño de 50 años, se subió por primera vez en su vida a un avión en el primer vuelo comercial de Viva Colombia, el mismo HK 4818 que había celebrado la fiesta de inauguración oficial. El sueño completo se le cumple en ese instante al presidente de Viva Colombia:

Que un colombiano promedio vuele por primera vez en su vida y que lo haga en su propia aerolínea. Orlando, a bordo, no hace sino mirar por la ventanilla. Sonríe. El mundo ahora le parece más al alcance de su bolsillo.

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El artículo Viva Colombia: así nace una aerolínea se publicó originalmente en Revista Diners de mayo de 2012

         

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junio
2 / 2021