¿Por qué Mompox es tan especial para Semana Santa?

Santa Cruz de Mompox se adorna de sus calles empedradas y los balcones amplios de estilo colonial y narra a través del encanto de su historia, el tiempo que se detuvo alguna vez, cada que algún visitante se encuentra con el lugar.
 
¿Por qué Mompox es tan especial para Semana Santa?
/
POR: Óscar Mena

Hay un momento del día de todos los días en la vida de Santa Cruz de Mompox en el que sus habitantes y visitantes se ven abocados a tomar una decisión radical: o salen corriendo a buscar el refugio de las sombras salvadoras de sus patios coloniales, sus habitaciones amplias y sus salones con mecedoras, o se quedan como valientes en las calles empedradas a enfrentar con la única defensa posible de un paraguas de colores o un sombrero de paja, a la despiadada resolana del mediodía.

Así ha sido, nos imaginamos, desde 1540 cuando Juan de Santacruz, al mando de un contingente español que viajaba a caballo desde Cartagena, fue sorprendido por la canícula del mediodía y no tuvo más remedio que enfrentar al cacique Mompoj y a su tribu de aguerridos malibúes con el fin de expropiarles la sombra de sus chozas y fundar así la villa que llegó a ser, muchos años después, Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad.

Santa Cruz de Mompox, el lugar para celebrar Semana Santa

En Mompox optar por cualquiera de las dos alternativas no es una equivocación. Perseverar en la caminata a tales horas del sol mientras la mayoría ha escogido la desbandada.

Justamente es una oportunidad preciosa para disfrutar en el silencio y la soledad de la Calle Real del Medio, la Calle de la Albarrada y la Calle de Atrás, de un recorrido especial por la historia que encierran sus iglesias, sus casas, sus plazas, sus monasterios y su incomparable cementerio.

La visión de monjes dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas deambulando por el entorno, o la certeza de haber visto pasar carruajes tirados por grandes percherones, podrían atribuirse a los efectos demoledores del calor, pero son más bien posibilidades cercanas que brinda la hermosa arquitectura blanca andaluz de los siglos XVI y XVII.

La imitada por los alarifes, esos arquitectos no académicos que contrataban los hacendados y comerciantes de entonces. Igualmente, ver pasar a Simón Bolívar hacia la gloria de su Campaña Admirable, o hacia su muerte en Santa Marta, son probabilidades dispuestas por el ambiente mágico de Mompox.

La bendición de estar en Mompox

Ahora bien, si la decisión fue buscar una sombra protectora, la ciudad ofrece muchas: la de San Francisco, San Juan de Dios, Santo Domingo, la de la Inmaculada Concepción, Santa Bárbara y San Agustín, sus hermosas iglesias, o la de la gastronomía momposina de sus restaurantes.

Allí se puede disfrutar de una deliciosa viuda de pescado salado, un ajiaco de cabeza de cerdo, una sopa de mondongo, un higadote o un queso de capitas que se puede ir consumiendo despacio mientras se espera pacientemente a que el sol rebaje su alocada presencia.

Está la sombra del Hostal Doña Manuela que fuera la casa del Te Deum; la del Museo Cultural del Arte Religioso que recibía siempre al Libertador en sus distintos viajes conspiradores; y está la sombra de los talleres de orfebrería, donde diestros artesanos transforman los rayos del sol y la plata en inigualables joyas de filigrana.

En el fresco del Magdalena

Sin embargo la más fresca y la reconfortante de las sombras es la de la calle y del parque de la Albarrada, a donde se acerca el viejo río de la Magdalena a refrescar el espíritu de propios y extraños con sus aguas plomizas y serenas.

Allí tampoco es extraño divisar al legendario vapor Nueva Fidelidad, subiendo o bajando por el río, con su bandera amarilla del cólera “flotando de júbilo en el asta mayor” y celebrando el amor aplazado de Fermina Daza y Florentino Ariza.

Pero si hay una Mompox inolvidable no es la de la luz o la de las sombras. Es la Mompox de las noches, sobre todo la de las noches de Semana Santa cuando la ciudad entera se vuelve un templo, y un río humano de piadosos nazarenos y devotos parroquianos la inundan con veladoras encendidas y le infunden un espíritu único que vibra solemnemente al ritmo de las marchas fúnebres francesas y momposinas.

¿Por qué ir a Mompox en Semana Santa?

Las procesiones del Jueves y del Viernes Santos, la serenata a los muertos en el cementerio, la presencia de centenares de encapuchados con sus túnicas blancas y moradas, el olor a incienso, sí que son alucinaciones de un mundo sólo posible en la dimensión de la literatura del realismo mágico.

Según Gabriel García Márquez en El general en su laberinto, Simón Bolívar afirmó alguna vez que “Mompox no existe”. Que “a veces soñamos con ella, pero no existe”.

Puede ser verdad lo que dicen ambos. Y por ello, para resolver este asunto de su encanto y de su encantamiento, hay que visitarla alguna vez en la vida. Con sol, con sombra, de noche, en Semana Santa o sin ella.

Solo hay que preguntar por ese lugar de Colombia donde se detuvo el tiempo. Vale la pena ir a soñar allá.

También le puede interesar: Fish & Chips y cinco recetas para Semana Santa

INSCRIBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
abril
15 / 2022