Aruba: para hacer de todo y no hacer nada

La isla de Aruba, turístico por excelencia en las Antillas, acumula atractivos para todo tipo de visitantes. Planee sus vacaciones de fin de año en este paraíso.
 
Aruba: para hacer de todo y no hacer nada
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Revista Diners

Hay quienes dicen que lo mejor que se puede hacer en Aruba es NADA. Dedicarse por entero y sin el más mínimo asomo de culpa al dolce far niente, ojalá en alguna de sus muchas playas de arena blanca y aguas turquesas.

El prestigio de Aruba, que atrae cada año a más de un millón de turistas, está cimentado en una multitud de condiciones favorables: tiene la mayor cantidad de días soleados al año de todo el Caribe; el agua es una de las más potables del mundo gracias a la segunda planta de desalinización más grande del planeta; la mayoría de sus habitantes habla al menos cuatro idiomas (inglés, español, holandés y el nativo papiamento) y los destaca su trato afable y hospitalario.

También se trata de un lugar donde se come muy bien, con una enorme variedad de propuestas culinarias locales e internacionales en más de un centenar de restaurantes de gran nivel; es igualmente un rincón del mundo donde la noche y, si se quiere, la bohemia cuentan con templos en los que se cede con facilidad a los coloridos e insinuantes cocteles tropicales.

Pero la isla también es el punto indicado para quienes buscan otros intereses. Puede reclamársele algo al pasado y a la historia. Los numerosos naufragios permiten a los visitantes sumergirse en testimonios de otro tiempo, al alcance de la vista y de los buceadores. Desde un catamarán o en un submarino se puede avistar, entre otros, al Antilla, un barco hundido durante la Segunda Guerra Mundial y hoy colonizado por corales y peces de colores. Snorkel y buceo, o la opción de practicar windsurf y kitesurf en las tranquilas playas de la parte occidental son un atractivo para quienes prefieren hacer un poco de deporte.

El oriente de la isla, árido y rugoso, es un lugar de contrastes, en el que se pueden encontrar acantilados y rompientes o una piscina de agua natural. También el gran Parque Nacional Arikok, que ocupa un veinte por ciento de los 193 kilómetros del territorio total de Aruba y que protege a especies nativas como la lagartija cola de látigo o la serpiente ojo de gato; a este santuario se accede con visitas guiadas y permite conocer desde cuevas con grandes colonias de murciélagos –atención espeleólogos– hasta un establecimiento donde se crían avestruces o un mariposario. De todo. Y lo mejor, para no hacer nada en las playas más hermosas. Y aquí un apunte que se debe tomar en cuenta: un lugar inmejorable para observar las puestas de sol es el extremo nordeste de la isla, junto a la colina Hudishibana, donde se yergue el faro California, uno de los pocos del mundo que aún funciona y que guía a las embarcaciones que navegan por el Caribe.

Las mejores compras
Muy cerca de las arenas blancas, las excursiones de buceo o del turismo naturalista, Aruba también puede ser un verdadero nirvana para quienes quieran ir de shopping.

Beneficiadas por la exención de impuestos, las tiendas de los numerosos centros comerciales del centro de la capital y de la zona turística tienen precios insospechados y en ellas están presentes casas como Cartier, Louis Vuitton, Carolina Herrera, Rolex o Gucci.

Para más información de la isla: es.aruba.com

         

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noviembre
20 / 2014