Palermo en boca de todos: los imperdibles de esta ciudad italiana

En Palermo confluyen varias culturas, el helado se venera y la hospitalidad abraza a los turistas. Diners la recorrió y le cuenta varios datos para que la primera visita no sea la última.
 
Palermo en boca de todos: los imperdibles de esta ciudad italiana
Foto: La Catedral de Palermo aún conserva los rasgos árabe-normandos de sus orígenes. Foto Efrem Efre / Pexels /
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Paola Miglio IG @paola.miglio

Dicen que en Palermo se hacen los mejores panetones y los mejores helados. Dicen también que la pastelería es clásica y diversa, y que en campos cercanos crecen pistachos de campeonato. Acá los días son luminosos, el sol pega duro cerca del mediodía, y luego, el mar regala brisas tenues al caer la tarde. Quizás una pashmina delgada le ayude a cubrirse, o tal vez prefiera dejarse golpear por el aroma del mar.

Y es que Palermo lo absorbe; es un remolino con orden confuso, pero orden al fin. Gente, tiendas, comida callejera que arranca a las cinco de la tarde ofreciendo stigghiola (tripa) y pane con milza (pulmón de ternera picado y bazo en manteca de cerdo) en parrillas al aire libre, mercados bullangueros y fritti con cerveza; los más ricos, los mejor ejecutados: arancini (bolitas de arroz fritas, rellenas de queso o carne, por ejemplo), crocchè o croquetas y panelle de garbanzos. 

En Palermo confluyen todos los que vienen de afuera por algún motivo y deciden quedarse. Así pasó por años, y la adaptación parece haber sido bien aceptada (africanos, griegos, romanos, árabes, normandos, españoles), al menos con el tiempo, y en la gastronomía, donde el cuscús es uno de los platos más tradicionales.

La caponata palermo
La caponata es un guiso clásico de Sicilia, con berenjenas, apio, tomates y olivas. Foto Elena Veselova / Shutterstock

También están la caponata (suerte de cazuela de verduras con la berenjena y el tomate como protagonistas), los bucatini con sarde (sardinas), spaghetti rici de mare (frutos de mar) y la pasta con tenerumi. Pero también la cassata, martorana (mazapanes) y el inmortalizado cannolo, porque es uno, y ya si le cambian la o final por la i (cannoli) son varios, pero con uno basta. Este dulce típico de la región de Sicilia, relleno de ricota fresca envuelto en masa crujiente, lo hacen hoy hasta de pasta de pistacho. 

Las iglesias cuentan la historia

Una iglesia en cada esquina, un convento, un oratorio. Casas que evocan tiempos mejores y que tejen relatos con divina decadencia. Palermo cuenta su historia en los muros de edificaciones imponentes que se entrelazan con arte y comida. Sí, nuevamente comida.

Su catedral, consagrada a la asunción de la Virgen en 1185, ocupa varias manzanas; vale la pena darse una vuelta por allí, ya que el jardín es grande y permite un rato de paz y contemplación. Nació como basílica paleocristiana, fue mezquita y hoy es iglesia católica.

Si empieza aquí, continúe la ruta de la calle Vittorio Emanuele —peatonal y con trampas artísticas que evitarán que siga en línea recta—, la cual desemboca en el puerto (otro paseo obligado). 

Santa Caterina
d’Alessandria
Santa Caterina d’Alessandria es una iglesia católica romana, ubicada en la Piazza Bellini y construida entre los años 1566 y 1596. Foto Renata Sedmakova / Shutterstock

En Palermo hay buenos sitios para comer, pero lo mejor es que primero compare precios, pues los ojos a veces se enrollan en el color y nos traicionan. Pero también están los atrapaturistas, y de esos hay que cuidarse. 

Si sigue por esa ruta, llegará a uno de los monasterios e iglesias más impresionantes: Santa Caterina d’Alessandria. Erigido a principios del siglo XIII, tiene una arquitectura espectacular, en la que se entremezclan azulejos, mármoles, imágenes, todo (o mucho) construido con el dinero de las dotes de las familias de aquellas niñas que ingresaban como novicias, porque antaño la familia le debía una hija a la iglesia y esa allí se quedaba.

Además de un mirador que permite la vista completa de la ciudad, está el patio: entre árboles de Agrumi siciliani (cítricos) floridos o ya frutados, podrá ocultarse del sol un rato y entregarse a las delicias que preparan las monjas en I Segreti del Chiostro, pastelería de dulces de convento de donde sale gran parte del recetario repostero palermitano.

Perderse entre estas calles le va a permitir no solo entrar en el ritmo de la ciudad (si es temprano, mejor, porque siempre apostamos por evitar multitudes), sino también tener a la mano espacios como La Martorana (concatedral de Santa María del Almirante); el Palacio de los Normandos, considerado como la residencia real más antigua de Europa; la capilla Palatina, forrada en mosaicos dorados; la fuente Pretoria, ubicada en la plaza de la municipalidad y habitada por los más imponentes y mitológicos personajes de la historia, y la iglesia de Jesús, una de las más queridas por los palermitanos, barroca, con mármol y colores; sencillamente, arrebatadora. 

La capilla Palatina
La capilla Palatina es la capilla real del Palacio Normando, una mezcla de estilos arquitectónicos bizantino, normando y fátimo. Foto Tikec / Shutterstock

Y claro, la calle más hermosa y uno de los puntos de encuentro más famosos en la ciudad: calle Maqueda y el Cassaro (plaza Vilena), “I quattro canti” o las cuatro fachadas. Allí están cuatro reyes (Carlo V, Filippo II, III y IV), cuatro estaciones y cuatro santas (Cristina, Ninfa, Oliva y Ágata). Cuando llegamos había boda, concierto y alboroto, una suerte de escenario compartido y vivido.

Dese varias vueltas, cómprese un helado (si encuentra el de pistacho de Bronte, atesórelo) y deléitese después con una granita de cítricos locales, una receta que si bien no es estrictamente palermitana, sí es siciliana, la hacen bien y es ideal para refrescarse en medio del paseo. 

Entre Massimo y San Benito 

El teatro Massimo no es solo motivo de orgullo para los locales, sino que además es el más grande de la ciudad, el tercer teatro lírico más grande de Europa, luego de la Ópera de París y la de Viena, y el escenario de momentos históricos que ayudaron a construir leyendas. Está activo, se puede visitar y recorrer en las mañanas, y si le gusta la música puede disfrutar uno de los conciertos que se organizan cada semana. 

De arte al rezo,  San Benedetto il Moro o San Benito de Palermo fue uno de los motivos por los que esta vez nos dimos tiempo en esta ciudad. Lo inesperado nos tocó el hombro: hace unos meses los calores del verano hicieron arder el convento de Santa María de Jesús, donde se encontraban sus restos custodiados. Quedó poco, que ahora se guarda celosamente en otro convento hasta que se le haga un sitio de cuidado en la catedral. 

Fachada del teatro
Massimo de Palermo
Fachada del teatro Massimo de Palermo, el mayor de los teatros de ópera de Italia y el tercero más grande de Europa. Foto Zigres / Shutterstock

Mientras recorremos el convento y la iglesia destruida por el fuego, y paseamos por sus jardines y sus habitaciones, sentimos esa calma que la ciudad no te da, pero que se encuentra en los espacios con energía única. Nos cuentan que san Benito fue un gran cocinero, y nos muestran el árbol de la colina donde solía esconderse y meditar, cuando las multitudes lo abrumaban. Nos dicen que es necesario reconstruir el lugar y que falta apoyo para conservar la historia. Su historia. Parte de la vida palermitana y latinoamericana. Así, sentados cerca de una pared de agradecimiento, leemos mensajes al santo desde Perú, Venezuela, Colombia, Ecuador… Santo ajeno que hicimos propio. Ciudad lejana que parece tan nuestra: en sus sabores, gente, caos, mestizaje constante, vivir compartido. 

 ¿Cómo llegar a Palermo? 

Hay vuelos desde muchas partes de Italia. El viaje tarda cerca de una hora, dependiendo del lugar, y un poco más si sale de Milán. Otra opción es ir en tren: viaje lento, paseo largo. Desde Roma se demora casi diez horas, pero hay cabinas con cama por si desea echarse un sueñito. El estrecho de Messina se cruza en ferry y luego el tren se acomoda en las vías de Sicilia, la isla. En el camino puede bajar, tomar aire y sentirse más cerca del mar.

 ¿Dónde quedarse? 

Una buena opción es el Grand Hotel Wagner: palaciego, recuperado, cómodo y con desayuno indulgente. Además, la zona es perfecta para dar una vuelta e irse de cafeterías o compras. Separe el cuarto con anticipación para evitar contratiempos de última hora

Compras en Palermo

Hay de todo: desde artesanías al paso hasta las casas de diseño más exclusivas, incluso una sede de Rinascente dedicada a perfumería, ropa y cuidado de la piel, con marcas italianas. Ojo a las piedras que venden, varias de ellas con sentido y sentimiento, como para escoger las preferidas en accesorios.

Un día en Mondello

¿Playa? En Palermo está la playa Mondello, a la que se puede llegar hasta en bus.

Los mercados

Los mercado palermitanos son una revolución de color, sabor, aromas y bullanguería. Aparte de una buena variedad de comidas, al paso va a encontrar la más intensa diversidad, incluso en ajíes o pepperoncini.

Hay pequeños, gordos, largos, y todos pican distinto. Verduras, frutas, carnes, una gozadera para el ojo y el lente de la cámara; vaya temprano y con tiempo para dedicarles una mañana. Están el Vucciria, Ballaró, Capo y Borgo Vecchio. También puede conseguir los mejores mix de especias para las pastas.

Para comer

Ke Palle Palermo
En el restaurante Ke Palle proponen un concepto gastronómico que mezcla street food y arancina, pequeñas bolitas de arroz sicilianas. Foto cortesía Ke Palle

Pasticceria Don Nino (via Vincenzo di Marco, 26B): cocina casera, pastelería notable y helados deliciosos (el de pistacho es una locura). Además, tiene un panetón por temporadas que es impecable, unos mazapanes de ataque y un cannolo de ricotta inolvidable. Como para gozarlos bien. 

I Segreti del Chiostro, pastelería palermitana de convento, famosa por sus cannoli y su delicioso café.

Nni Franco U Vastiddaru, en la calle Vittorio Emanuele 102. Pida un plato de fritti y pruebe de todo, acompañado de una cerveza fría. 

Caffettería del Corso, también en la calle Vittorio Emanuele, célebre por sus granizados, sobre todo el de pistacho y agrumi. 

Ke Palle, en via Maqueda 270. Puede sonar a lugar moderno y todo, pero sus arancini son muy ricos y vienen con rellenos diversos.

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marzo
8 / 2024