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Cinco actividades imprescindibles en Galicia, un destino místico

Esta comunidad autónoma, al noreste de España, tiene mucho que ofrecer. Diners le cuenta cinco actividades para hacer en Galicia: desde recorrer el Camino de Santiago hasta visitar los viñedos de la zona.

Foto: Cortesía Oficina de turismo de Galicia

Esta comunidad autónoma, al noreste de España, tiene mucho que ofrecer. Diners le cuenta cinco actividades para hacer en Galicia: desde recorrer el Camino de Santiago hasta visitar los viñedos de la zona.

Bosques espesos, montañas de un verde intenso, cascadas cristalinas. Esa es, quizás, la primera imagen que viene a la mente cuando se piensa en Galicia, una tierra llena de leyendas, gastronomía exquisita y un misticismo difícil de explicar y fácil de sentir cuando se experimenta en carne propia. 

Así lo decía Pilar Gómez, la guía turística que nos acompañó a lo largo del viaje, una y otra vez. “Ya verán, lo sentirán, aquí pasan cosas especiales”. Y así es. Resulta complejo no conmoverse con los contrastes de colores de los pinos, castaños y eucaliptos; con las fortalezas y monasterios que narran a través de sus paredes siglos de historia, o con el simple hecho de caminar por “el fin de la tierra”, nombrado así por los romanos por ser uno de los puntos más occidentales de la Europa continental y desde donde se aprecia un horizonte infinito. 

Galicia, al noreste de España, es una comunidad autónoma que comparte muchas costumbres con su vecina Portugal. Las mujeres son aguerridas y tienen un carácter fuerte, porque muchos hombres migraron hacia América en tiempos de la guerra civil, y ellas debieron hacerse cargo de sus familias; cuentan con una gastronomía exquisita por su proximidad marítima. “Nos encanta comer bien, muy abundante, ya lo verán” –sentenciaba Gómez de nuevo con ese acento melodioso–, y sus paisajes son conmovedores.

De manera que si decide conocer esta tierra, vaya con tiempo, sin afán, para aprovechar cada momento. Estas son cinco propuestas de Diners

Encontrar su camino

La colombiana Inés Elvira Ramírez es delgada, de pelo plateado y luce unas gafas color granate. Tiene 63 años y vive en Francia desde hace cuarenta años. Hace varios meses tomó la decisión de hacer el Camino de Santiago sola. 

Es una caminante asidua y jamás dudó en hacerlo sin compañía. “Así lo vive uno más intensamente, está más abierto a escuchar la naturaleza y a hacer intercambios con la gente”, dice con franqueza. En total, caminó durante 37 días, porque una alergia por un pesticida le afectó las piernas y, al final, tuvo que andar con bastón. 

La Coruña Galicia
La Torre de Hércules, en la ciudad de La Coruña, Galicia, es el faro romano en funcionamiento más antiguo. Foto Javitouh / Shutterstock

Ramírez es atea y asegura que fue una experiencia hermosa, “con dolor y alegría, como la vida misma”. Además, en todo el recorrido tuvo muy presente a su padre fallecido que, coincidencialmente, poseía en Colombia una finca llamada La Galicia. 

Como ella, miles de personas deciden emprender cada año el Camino de Santiago, una ruta de la que seguramente alguna vez en la vida habrá escuchado nombrar y que se refiere a la peregrinación que hacen los cristianos para visitar la tumba del apóstol Santiago El Mayor, supuestamente yace en la catedral de Santiago de Compostela, la capital de Galicia. Es la tercera ruta de las grandes peregrinaciones cristianas; Tierra Santa y Roma son las otras dos. 

Una tradición milenaria

La tradición cristiana narra que Santiago recorrió Hispania, lo que hoy se conoce como España y Portugal, para hacer su evangelización. Al regresar a Jerusalén fue decapitado por Herodes Agripa, pero sus discípulos Atanasio y Teodoro decidieron trasladar su cuerpo a Galicia. 

En el siglo IX, el rey Alfonso II viaja desde Oviedo hasta Galicia para comprobar el hallazgo de un pastor llamado Pelayo, que asegura que ha encontrado la tumba del apóstol. Al verificar el hallazgo, manda construir una pequeña iglesia y, de esta manera, se convierte en el primer peregrino de este camino, que en 1993 fue declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. 

Catedral De Santiago de Compostela
Fachada de la catedral de Santiago de Compostela en la plaza del Obradoiro. Foto cortesía Oficina de turismo de Galicia.

Actualmente, muchas rutas salen de diversos destinos: la inglesa, la portuguesa, la del norte, la primitiva –la más popular es la francesa–, pero todas confluyen en la plaza de Obradoiro, donde está la catedral de Santiago. 

Por lo general, los peregrinos se levantan muy temprano a caminar, en promedio, veinte kilómetros diarios; llegan a las 3 de la tarde a su destino para comer, descansar y continuar al día siguiente. Si realizan al menos cien kilómetros a pie o a caballo, y 200 kilómetros en bicicleta, obtienen la Compostela, un documento que certifica la peregrinación por motivos religiosos o espirituales. 

La flecha amarilla, el símbolo

Uno de los puntos más visitados en el camino francés es O Cebreiro, una pequeña aldea de origen prerromano, puerta de entrada de este camino en Galicia. Situada a 1300 metros de altitud, tiene una panorámica privilegiada y una pequeña capilla, el santuario de Santa María Real, donde decenas de peregrinos van en la búsqueda del Santo Grial, la copa de la última cena de Cristo, seguramente inspirados en los poemas del gallego Ramón Cabanillas que lo describió en uno de sus textos, pero solo es una ficción. 

Al que sí se puede ver aquí es a un padre franciscano, llamado fray Paco Castro, que hasta un pódcast tiene, y con gran entusiasmo les cuenta a todos los visitantes la historia del lugar y de cómo a diario ve gente que no para de llorar por lo que siente aquí. “Somos pura energía, este lugar tiene muchos siglos de historia, ¿qué te puedo decir?”, exclama con una sonrisa.

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Flecha amarilla Camino De Santiago
En las flechas amarillas algunos viajeros dejan montículos de piedra como símbolos de peregrinación. Foto Bepsy / Shutterstock

Este espacio también es reconocido mundialmente porque en la década de los ochenta, el párroco Elías Valiño decidió señalizar la ruta francesa con flechas amarillas y, desde entonces, el camino retomó la fuerza que había perdido y la flecha se convirtió en uno de sus símbolos principales. 

Obradoiro

Sin duda, uno de los momentos más impactantes es ver a los peregrinos, provenientes de todas partes del mundo, cuando llegan a la plaza de Obradoiro, extenuados y, la gran mayoría, con lágrimas. Ahí está Johann Díaz Marín, psicólogo de la Universidad de los Andes, quien asegura emocionado “que sí pasan cosas inexplicables en el camino. Es algo muy hermoso, y creo que nos da la oportunidad de reflexionar sobre muchos asuntos de la vida”. 

Antes, un último consejo que no muchos saben: si llega entre los diez primeros peregrinos a la plaza de Obradoiro, tiene derecho a pedir un almuerzo gratuito en el parador de Santiago, un hotel cinco estrellas, que antes era un hospital, y que es considerado uno de los más antiguos del mundo.

Así que revise las opciones, encuentre el camino que más le interese y anímese a vivir una experiencia de introspección y contacto con la naturaleza. Sin duda, cada uno tiene algo que aprender del camino que elija.

Conocer la capital gallega

Ya en Santiago de Compostela, y después de recorrer la hermosa catedral de estilo románico, que reúne en su interior una variedad de estilos artísticos (ahora es posible subir a los tejados, ascender al campanario y tener una perspectiva inusual de este espacio) hay que conocer la ciudad. 

En junio la temperatura es mucho más fresca que en el resto de España y sus callecitas empedradas se pueden recorrer a pie tranquilamente para ver todo el casco histórico, lleno de plazas, iglesias y conventos. Aproveche para tomarse un vermut blanco en uno de los bares, comprar una joya con un azabache, una piedra muy popular en Galicia y que se considera un amuleto protector; y pruebe en algún cafecito la tradicional torta de Santiago, esponjosa, suave y hecha con almendras, azúcar y huevos. 

Torta De Santiago
La torta de Santiago, que desde 1924 lleva la Cruz de Santiago en su superficie, tiene indicación geográfica protegida. Foto cortesía Oficina de turismo de Galicia.

Hablando de comida, el mercado de Abastos también es un recorrido recomendado porque puede encontrar una gran variedad de frutas, verduras y quesos, así como pulpos, langostas, camarones y ostras que preparan a la minuta. 

Si tiene tiempo, vaya hasta la Ciudad de la Cultura, un complejo arquitectónico que se eleva sobre el monte Gaiás, diseñado por el arquitecto estadounidense Peter Eisenman, y donde se puede apreciar un museo, una biblioteca, un centro de innovación cultural y varios parques. 

Caminar hasta ‘el fin del mundo’

Al llegar a Santiago de Compostela, muchos de los peregrinos deciden caminar alrededor de unos 90 kilómetros más para ir hasta lo que los romanos denominaron como “el fin del mundo”, porque en ese entonces creían que la tierra era plana y que más allá no había absolutamente nada. 

El cabo Fisterra es, sin duda, un recorrido que vale la pena. No solo se encuentra marcado el kilómetro cero del Camino de Santiago, sino que el paisaje agreste de los acantilados y el fuerte oleaje del océano Atlántico lo convierten en un lugar sobrecogedor. Hay también un potente faro (su luz puede alcanzar hasta 65 kilómetros de longitud) que cuida a los navegantes de estas costas peligrosas. Ver el atardecer en este lugar resulta muy especial, no en vano los fenicios erigieron aquí un altar dedicado al astro rey, el Ara Solis.

Fisterra Galicia
A 30 minutos de Fisterra está el santuario de Nuestra Señora de la Barca, en donde, según la leyenda, la Virgen María animó a Santiago en una barca de piedra. Foto cortesía Oficina de turismo de Galicia.

No muy lejos de Fisterra hay pueblos pesqueros como Muros o Muxía, lindos para recorrer y también playas para descansar, como la de Carnota, que tiene siete kilómetros de longitud y fue elegida este año por el diario británico The Guardian como una de las mejores playas de Europa.

Recorrer los viñedos y disfrutar de la gastronomía

España es sinónimo de buenos vinos y Galicia, por supuesto, no es la excepción. Cuenta con cinco denominaciones de origen: Rías Baixas, O Ribeiro, Ribeira Sacra, Valdeorras y Monterrei, un gran universo por explorar, probar y conocer. 

En el viaje fuimos a varias bodegas de Rías Baixas, que es la mayor denominación de origen de Galicia y se extiende por 33 ayuntamientos. Sus vinos están elaborados con uvas blancas, principalmente de la variedad albariño, que se caracteriza por su acidez y potencial aromático. 

Viñedos Galicia
Viñedo de albariño, variedad de uva con la que se elabora el Rías Baixas, la denominación de origen de Galicia con mayor producción. Foto cortesía Oficina de turismo de Galicia.

Así que ir a Pazo de Rubianes, por ejemplo, un palacio que evoca más a un chateau francés, en la comarca del Val do Salnés, es una grata experiencia. Su vino fue reconocido como uno de los mejores blancos de Galicia con el Acio de Prata 2022. Y, además, tiene un precioso jardín de 4500 camelias, con las que prepararan cosméticos y aceites, que también venden al público. 

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Otra alternativa es ir a las bodegas del Gran Bazán, en el valle de Salnés, donde podrá dar una vuelta por el viñedo y la bodega y luego degustar tres tipos de vinos con un maridaje que reúne platos típicos de la zona, como quesos y mariscos. Finalmente, no deje de ir a la bodega Terras Gauda, en la comarca del Bajo Miño, con unos paisajes impresionantes y unos vinos de primer nivel. 

Galicia a la mesa

La gastronomía gallega es una de las mejores del país ibérico. Los gallegos, además, son muy hospitalarios y sirven porciones generosas, les gusta sentarse a la mesa y compartir con la gente. Una de sus ventajas es la gran despensa que tienen, porque sus productos marítimos y de montaña son frescos, de excelente calidad, y ahí está la diferencia. Quizás por eso varios gallegos concuerdan en decir que no conocen muchos restaurantes de su región que triunfen en el extranjero. “El punto clave de esta cocina se encuentra en los ingredientes”, me recalcó un joven cocinero. 

Por eso, el pulpo a la gallega, uno de los platos más famosos de la región, es tan exquisito, además de las vieras, los calamares, las ostras y todo lo que tiene que ver con el mar. También las tradicionales empanadas, con diversos rellenos como atún, bacalao o cerdo; o los quesos, con denominación de origen, como el de O Cebeiro, San Simón, Tetilla y Arzúa-Ullóa, que marinados con una copa de albariño no tienen pierde. 

Pulpo a la gallega
El pulpo a la gallega se caracteriza por servirse caliente y no demasiado tierno, sino con un punto de dureza. Foto cortesía Oficina de turismo de Galicia.

Dos restaurantes para tener en cuenta son Mamá Peixe, en Santiago de Compostela, una taberna marítima, sencilla, pero que utiliza pescados y verduras frescas con técnicas contemporáneas de cocción, y Rocamar, con vista a la Ría de Vigo, en Baiona. Su especialidad son los mariscos y los pescados, y el plato recomendado es el rape a la plancha, un pescado blanco, de agua salada y con un sabor muy equilibrado. 

Dormir en múltiples lugares

Hay algo que me pareció muy especial y es la diversidad de espacios para pasar la noche: albergues del gobierno, que cobran solo 8 euros la noche para los peregrinos; casas de campo, lejos de las grandes ciudades, sin ningún ruido alrededor; paradores con vistas a acantilados; faros adaptados a hoteles-boutiques o palacios que conservan la magia de la antigüedad. Cada uno tiene una particularidad y la experiencia es muy distinta. Así que una buena idea podría ser explorar diferentes opciones durante los días que se encuentre en esta comunidad autónoma. Estos son algunos de los recomendados: 

En Madrid

Lo primero que se debe tener en cuenta es que no hay vuelos directos de Bogotá a Santiago de Compostela. Así que lo mejor, después de diez horas de trayecto, es pernoctar una noche en Madrid para salir con calma al día siguiente y tomar otro vuelo que dura una hora y quince minutos hacia la capital gallega. 

Hotel Villa Magna Madrid
En Flor y Nata, uno de los restaurantes de Villa Magna, puede disfrutar una tarde de té con tradicionales scons. Foto cortesía Rosewood Villa Magna.

En la capital española, el legendario hotel Villa Magna acaba de abrir sus puertas, completamente renovado y bajo la marca Rosewood. Allí, en pleno corazón del barrio Salamanca, este hotel lo sorprenderá por su servicio cuidadoso desde la puerta de entrada, y por sus restaurantes, como Las Brasas de Castellana o Amós, del chef navarro Jesús Sánchez. 

En Galicia

Ya en Galicia, puede hacer un recorrido variado. 

Casa rural Os ARreiros

Esta casa del siglo XVII, ubicada entre Vigo y Pontevedra, está rodeada de una naturaleza increíble. Tiene ocho habitaciones y es atendida por la generación más reciente de los propietarios, la familia Martínez Pinto. Esto hace que el servicio sea muy cálido y que uno se sienta como en casa. Tienen, además, una piscina y un viñedo de albariño. 

Hotel Faro de Lariño

Hotel Faro de lariño
El hotel Faro de Lariño, en primera línea frente al Atlántico, tiene un concepto minimalista de confort infinito. Foto cortesía hotel.

Dormir en un faro, al frente del Atlántico, suena raro, pero este espacio es íntimo, minimalista y contemporáneo. Adaptaron la casa ocupada hasta finales de los ochenta por los fareros y sus familias, con nueve habitaciones que presentan una impresionante vista del mar y que llevan nombres como Bruma, Tormenta o Mar Picado. Además, tienen en su cocina conservas, patés y mieles de la zona. 

Pazo de Sedor

Es un edificio del siglo XVII, fundado por Francisco González do Vilar, ubicado en Arzúa, una comarca de La Coruña reconocida por sus quesos. Este pazo tiene una pequeña escalera hecha entre muro y una antigua cocina con una enorme chimenea. Lo mejor de todo es la vista que uno tiene al abrir la ventana del cuarto: un valle rodeado de montañas y aire puro. 

Parador Costa da Morte

Parador Costa Da Morte
El parador Costa da Morte tiene una vista privilegiada de la bella playa Lourido, en Muxía. Foto cortesía hotel.

Este hotel cinco estrellas está recién inaugurado y se encuentra emplazado en la playa de Lourido. De arquitectura contemporánea, el edificio de 15.000 metros cuadrados se integra al paisaje gracias a terrazas escalonadas con cubiertas vegetales. Tiene una piscina de borde infinito y una gran colección de arte gallego. Los cuartos ofrecen lo último en tecnología.

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*Sandra Martínez, editora de la revista Diners, con más de veinte años de experiencia en medios nacionales e internacionales. Le encanta escribir historias de viajes, gastronomía y bienestar.

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Septiembre
08 / 2022

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