Viajes

Guatemala, los encantos de la tierra del pueblo Maya

Mientras se camina por la avenida Reforma, que se extiende de norte a sur en Ciudad de Guatemala, la brisa mañanera encargada de paliar los rayos de sol que anuncian un día caluroso, estremece el follaje de la arboleda que custodia ambos lados de la vía. La componen centenarias ceibas, palmeros, hormigos y manzanotes, cuyas sombras se prolongan en las anchuras de esta populosa arteria. 

Los emblemas patrios, en la mayoría de las convulsas repúblicas de Latinoamérica, son representaciones solemnes alejadas de la idiosincrasia raizal. El gorjeo de las aves y el despliegue de unas alas tornasoladas que cruzan el cielo de la capital guatemalteca me recuerdan que, en este país, el dinero celebra la riqueza faunística del territorio.

Son quetzales –nombre de la moneda local y ave nacional– que vuelan ajenos a los vaivenes y fluctuaciones que su denominación homónima protagoniza en los mercados y la economía. Obligado a la observación cenital, para contemplar su vuelo ceremonioso, presencio el primer ritual que me confirma que he llegado a Guatemala. 

Territorio fascinante

Ubicada en una zona volcánica del istmo centroamericano que sirvió de bastión al pueblo maya, Guatemala retornó a la democracia en 1990. Ese año unas elecciones libres y democráticas cerraron un periodo de inestabilidad política y aletargamiento institucional. También en esta región del continente se tejieron leyendas de todo tipo por las satrapías que sucesivamente expoliaban el país y que lo hacían un terreno fértil para la proliferación de tiranos tropicales. 

Por estas coordenadas, y cuando apenas era un osado viajero, Ernesto “Che” Guevara, atraído por el aura mítica del gobierno progresista del militar Jacobo Árbenz, arribó para conocer ese malogrado experimento que terminó encegueciéndolo. De aquí partió a Cuba a enfilarse junto a los demás barbudos en Sierra Maestra.

El volcán San Pedro forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, que concentra algunas de las regiones sísmicas y volcánicas más activas. Foto Maria Palacios / Shutterstock

Guatemala fue también el primer país que padeció la ambición depredadora de la United Fruit Company. Esta fue la multinacional dedicada al cultivo de frutas que dejó una estela sangrienta en toda la región. Fascinado en husmear estas historias que durante años avivaron mi avidez reporteril, aterricé un domingo a las 10:30 de la noche en el aeropuerto internacional La Aurora. 

Fusión ancestral e indígena

Ciudad de Guatemala posee unas particularidades urbanísticas originadas, en buena parte, por la mixtura cultural de su población. La fusión del mundo ancestral indígena con una noción vanguardista y contemporánea de su población mestiza –o ladina, si se quiere emplear la voz castiza de mayor uso en el país que designa esta franja–, la torna una urbe que ha sabido armonizar dos cosmovisiones de la vida y dos perspectivas del desarrollo. Los 25 idiomas nativos que hablan 7 millones de habitantes pertenecientes a pueblos originarios han desafiado hasta la estructura gubernamental.

Yaxha, sitio arqueológico mesoamericano que alguna vez fue un centro ceremonial de la civilización maya. Foto Seth Berry Photography / Shutterstock

Ningún otro país del mundo cuenta con un viceministerio de educación bilingüe e intercultural y una academia de lenguas mayas. O una editorial como Maya Wuj, especializada en estudios indigenistas y textos didácticos para la enseñanza de las lenguas aborígenes. Este audaz proyecto cultural que dirige Raxche Rodríguez edita 25 títulos al año, de connotados intelectuales de habla hispana. Una iniciativa que ha merecido la atención de universidades del primer mundo. Sin embargo, esta fusión simbólica se expone con claridad en la representación arquitectónica y en la organización espacial. 

Capital verde

En muchas guías de turismo que circulan por el mundo se promociona a Ciudad de Guatemala como la capital verde de América Latina. Una observación panorámica que hice desde el piso 15 de un edificio situado en el centro de la ciudad, lo confirma.

Lo que los chapines llaman barrancos, son zonas boscosas tupidas que entreveradamente se explayan en el entorno urbano. El concreto, tan venerado en otras latitudes, aquí enfrenta una barrera de contención. Este cordón umbilical con la naturaleza confronta el ritmo avasallante del caos urbano.

La iglesia Yurrita forma parte de las construcciones que llegaron después de la erupción del volcán Santa María en 1902. Foto Byron Ortiz / Shutterstock

Los iconos arquitectónicos desperdigados en las 25 zonas que dividen la capital apropian desde características foráneas que enaltecen el mundo colonial, hasta la recreación muralística de las acrópolis mayas que sacralizan el arte amerindio. Es una sociedad que soterradamente alberga la pugnacidad étnica que legó la conquista. Pero que con desenfado y altivez se reconoce en un eclecticismo vívido que no cesa de rehacerse.

La música urbana que conjuga las sonoridades aborígenes y los ritmos juveniles modernos, junto a las alegorías de resistencia y provocación del arte popular, confirman este amigable antagonismo. 

Resistencia y renovación

El vigor arquitectónico y la perdurabilidad de las obras ha tenido como pruebas la resistencia a los temblores. Estos fenómenos, sumados a los sobresaltos de la historia, han modificado la fisionomía de la ciudad. En 1917 y 1935, el país padeció movimientos sísmicos que afectaron obras relevantes en el paisaje urbano de la ciudad. Algunas de estas fueron la Casa Mozárabe, la Catedral Metropolitana de Ciudad de Guatemala y el edificio Llerena – Sirión.

La Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santiago de Guatemala ha resistido numerosos terremotos, aunque ha sufrido daños considerables. Foto Diego Grandi / Shutterstock

Las corrientes renovadoras del diseño citadino llegaron a la par con la consolidación empresarial de la capital en la segunda mitad del siglo XX. Ejemplos de este periodo son la iglesia Yurrita y The Grand Tikal Futura Hotel. La primera condensa manifestaciones gráficas y artísticas de los pueblos mayas, y la segunda sintetiza la arqueología primigenia con una dosis de futurismo e inventiva. 

Vea también: Cuatro hoteles lujosos que antes fueron cárceles

Amalgama de sabores y aromas

Ahora me encuentro en el cafetín que, según los testimonios y los epistolarios, el Che Guevara frecuentaba en compañía de su novia Hilda Gadea. El médico argentino, que para sortear las penurias económicas vendía efigies del Cristo Negro Guatemalteco, trataba en vano de emplearse en un centro para el tratamiento de la lepra en la lejana selva de El Petén.

Al terminar la taza de café siento el ramalazo de luz que se descarga por entre las rejillas de la claraboya. El barullo de los vendedores se confunde con los pregones de un cantante aficionado, que ha encontrado en una prolongada disonancia el refugio para su escasez de talento vocal. 

Estas mismas calles las recorrió el poeta Porfirio Barba Jacob, quien en la primera década del siglo XX malvivía en pensiones desvencijadas con el escaso dinero que ganaba escribiendo notas para los periódicos. Perdido en la bohemia y los excesos, huyó de Guatemala sin ver impresa su obra Tierras de Canaán. Su aura de creador maldito se hizo un espectro. Y su voz se esfumó para siempre de las tabernas en las que resonaba su estentórea carcajada.

Tradición colonial y esencia maya

He llegado al mercado central, plazoleta de cocineras populares, buhoneros, hierbateros y vendedores de toda clase de víveres y granos. Esta amalgama de sabores y aromas es una síntesis de la sociedad guatemalteca. Las mujeres, ataviadas en sus huipiles –blusas tejidas de uso tradicional en las mujeres indígenas–, cuidan a niños que juegan con muñecos que representan algún héroe del cine comercial. 

El huipil es una blusa tejida de uso tradicional de las mujeres indígenas. Foto Julyo Reinaldo / Unplash

Antes del viaje a Antigua deseo probar el revolcado. En libros de gastronomía chapina he leído que este plato es fruto de la fusión de la tradición colonial y la esencia culinaria de los mayas. El cocimiento de la cabeza del cerdo, animal traído a América por los españoles, con salsa de chile, pimientos y tomates, deriva en una sopa espesa que es consumida con avidez por los amantes de la cocina vernácula. Este plato, al lado de las hilachas, el chirmol, el gallo en chicha, el pepián, el jocón y el subanik, forma parte de los recetarios autóctonos que, en comedores populares o restaurantes de lujo, se sirven como las viandas más apetecidas. 

Antigua, la capital artesanal indígena

Acompañado de Milton José Barascout Ramírez, internacionalista y exdiplomático que lidera proyectos de turismo ambiental en el país, emprendí la ruta a Antigua. Esta ciudad, desde la colonia, ha sido una referencia insoslayable cuando se mencionan las construcciones más hermosas de América. Al llegar a ella, mi sospecha se mutó en certidumbre: en Guatemala las promesas se vierten a la realidad con desconcertante satisfacción

Aquí la belleza no rivaliza con nada, simplemente cohabita en las vivencias de los lugareños y arropa con su halo a los visitantes. La parsimonia con que la bruma descubre los picos de los ocho volcanes que vigilan cualquier trasieg. Es un artificio de la naturaleza que se replica en todos los parajes de Guatemala. En un tenue cortejo entre el paisaje y el hombre, todo se revela con lentitud. 

Las ruinas de la catedral de Santiago, en Antigua, Guatemala, dan una idea de la que fue la más lujosa de Centroamérica. Foto Igna Locmele / Shutterstock

Cruzar el arco amarillo del viejo convento, coronado de un minarete con reloj que se sostiene sobre los capiteles adosados a las casas, y saber que a mis espaldas un volcán guarda en sus entrañas lava hirviente es una experiencia que solo depara esta ciudad de calles empedradas.

Para algunos turistas curtidos, es la capital artesanal de la América indígena. Esto equivale a decir que las manos laboriosas de tejedores, alfareros, músicos y ceramistas se encuentran en este crisol que es también un cruce de caminos entre la sierra y la selva, la ciudad y la provincia, la historia y el progreso. 

Una reverencia al pasado

Hace más de 400 años, el anuncio de una visita del rey a la población que se erigía como capital de capitanía y ostentaba el nada modesto nombre de Santiago de los Caballeros, causó un remezón. Las huestes al servicio del imperio español se volcaron a preparar la primera vista de un monarca a estas tierras del virreinato de Nueva España. Merecedora por parte de Felipe II del título de Muy noble y muy leal, el cataclismo de 1773 fue una de las tantas adversidades que de forma recurrente malograban cualquier plan de reorganización en el ornato de la ciudad.

Antigua es otro ejemplo de la concordancia nominativa con lo real. Un ambiente evocativo y una reverencia al pasado se asoma en cada una de sus calles. Los muros cubiertos de buganvilias en las casonas solariegas y las macetas y pérgolas con rosas y orquídeas florecidas, matizan ese respeto al pasado con los colores de la naturaleza.

El volcán de Fuego, al centro- sur del país, es el más activo de Centroamérica. Foto Alain Bonnardeaux / Unsplash

La simetría de sus alamedas y la obsolescencia rediviva de los ventanales y portones con sus herrumbrosas aldabas encarnan una glorificación de la reminiscencia que anima a huir del tiempo presente y revivir por instantes las expresiones coloniales de esa remota sociedad.

Un orden social construido sobre la obediencia y la fe, que por siglos sojuzgó el pensamiento y sofocó la razón. Pero que soterradamente estimuló la transgresión y los deseos de libertad. Desde el mirador de la Cruz se contempla el volcán de Agua. Desde aquí percibo un equilibrio simbólico entre el poder de la naturaleza y la protección providencial. 

Cultura y gastronomía

Con centros artesanales en los que se pueden admirar las geometrías precisas que se estampan en toda clase de brocados, textiles y piezas decorativas, en Antigua se puede saborear uno de los mejores cacaos finos de aroma del mundo. La tierra volcánica que nutre los cultivos irriga con su esencia telúrica los granos que se cosechan y que tienen por destino los paladares de los mejores restaurantes de Europa y Estados Unidos.

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Tiraditos de pescado de Mercado 24, restaurante que propone una cocina de mercado contemporánea. Foto cortesía Mercado 24.

La gama de sabores excepcionales se extiende a los licores. En barricas de roble se añeja el que miles de sibaritas consideran el más logrado ron. Zacapa es su nombre y desfila por las licoreras más exigentes, que encuentran en él una alquimia maderada. Lo anterior es resultado de las temperaturas del páramo, los vientos cálidos de la selva y los efluvios legendarios de los dioses mayas. 

Lago Atitlán

Sobre el mapa he marcado al poblado de Panajachel, en el altiplano de Guatemala, como mi siguiente destino. Me espera el lago Atitlán, cuna de enigmas y lugar de peregrinación de místicos que buscan auxilio en sus aguas redentoras y colinas circundantes. Asomada entre matorrales, a medida que se desciende por una carretera sinuosa, la mancha de agua con un oleaje marcado por los vientos se apodera del firmamento. Todos los municipios que rodean el lago tienen nombres apostólicos. 

El lago de Atitlán con el volcán San Pedro de fondo, en la zona montañosa del suroeste del país. Foto Lucy Brown / Shutterstock

En el muelle de madera me espera Sergio Guzmán, afable ingeniero de minas que me guiará hasta su hotel, enclavado en una escarpada pendiente de San Marcos La Laguna, un municipio del departamento de Sololá. Entre arbustos y senderos de piedra, este refugio me servirá por tres días para librarme de las presiones del tiempo e invocar las fuerzas necesarias que emanan del agua de este antiguo cráter volcánico. Desde picos rocosos, clavadistas que en distintos idiomas gritan de emoción, se lanzan a las profundidades que pueden llegar hasta los 340 metros.

Ciudadela Tikal

Proveído de la fuerza necesaria para la etapa final del itinerario, un viaje de diez horas por tierra me llevará hasta el tercer pulmón verde del planeta. En los pliegues selváticos de la región de El Petén se encuentra la ciudadela Tikal. Los vestigios precolombinos que en el primer siglo de nuestra era sirvieron como epicentro de rituales y ceremonias del pueblo maya, son frecuentados por los exploradores. Estos se empeñan en descifrar la pirámide ceremonial del Mundo Perdido y el Templo del Gran Jaguar.

Las predicciones de los eclipses y los solsticios, la comprensión de los fenómenos naturales y el diálogo cósmico con las deidades era posible al amparo de estas fortificaciones. En estas rocas se esculpieron los lenguajes de la vida y la creación. Un trueno, la noche y la lluvia poseían tanta significación, que ellos mismos explicaban los avatares de la agricultura, la fertilidad de las cosechas y los infortunios de las pestes. 

La Gran Plaza con la Acrópolis Norte y el Templo I (Gran Templo Jaguar) en Tikal, una antigua ciudadela maya. Foto Jimmy Baum / Unsplash

Cuando escucho los sonidos que provienen de la selva, sospecho que los guardianes del saber ancestral hoy se han mimetizado en los miles de especies animales y vegetales que se salvaguardan de la depredación en este punto de la Tierra. Esos colonos, guiados por la ambición de la minería, la caza y el tráfico de especies, protagonistas de las novelas del escritor Rodrigo Rey Rosa, se ahuyentan con la furia de las tempestades y las fauces del jaguar. Al llegar al último escalón del Templo de la Serpiente Bicéfala, doy media vuelta y respiro un viento que arrastra milenios de historia y huele a selva virgen.  

¿Dónde quedarse en Guatemala?

Estos son cuatro hoteles imperdibles para disfrutar lo mejor del país centroamericano. 

1. Casa Palopó

Era una antigua casa privada convertida en un hotel boutique rodeado por tres volcanes: Tolimán, San Pedro y Atitlán. También ofrece una villa privada independiente.

Foto cortesía Casa Palopó Guatemala

2. Casa Santo Domingo

Ubicada en Antigua, era uno de los conventos más grandes de América Latina en el siglo XVII.  Ahora es lujoso hotel de 132 habitaciones decorado con lo mejor del arte local.

Foto cortesía Hotel Casa Santo Domingo

3. Villa Bokeh

Esta hacienda que refleja la influencia colonial española, cuenta con un espacioso jardín. Actualmente pertenece al grupo hotelero Relaix  & Chateaux. 

Foto cortesía Villa Bokeh

4. Las Lagunas

A pocos minutos de las ruinas de Tikal, podrá vivir  la riqueza de la selva con las comodidades del mundo moderno.

Foto cortesía Las Lagunas

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Adrian Osorio

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